lunes, 24 de diciembre de 2012


MARTES, día 25: LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

 

Isaías 52, 7-10

“… ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: Tu Dios es Rey!...”


CLAVES para la LECTURA

- El profeta Isaías expone el contenido salvífico del mensaje comenzando con la presentación de los centinelas de la ciudad santa, que divisan a Dios volviendo a Jerusalén para salvarla. Estos centinelas anuncian «alegres noticias» de paz y salvación al pueblo, diciendo que el Señor ha vuelto y ha retomado su puesto sobre la colina de Sión, estableciendo su morada definitiva entre los suyos (vv. 7-8; Rom 10, 15; Ez 43, 1-5).

- Pero el Señor no sólo vive con el pueblo; también, como un esposo atento y solícito obra y actúa por su esposa. De hecho, Isaías expone la actividad salvífica de Dios utilizando tres verbos significativos: «Consuela, rescata, manifiesta su poder» (vv. 9-10). Estos tres verbos iluminan la acción amorosa, providente y vigilante en defensa del pueblo, especialmente contra los enemigos que lo hostigan.

- El anuncio profético concluye con la constatación de que todos los pueblos de la tierra han podido ver que el Señor no abandona a su pueblo, sino que está siempre dispuesto para salvarlo (v. 10; Mt 28, 28). La Iglesia, utilizando este texto estalla de alegría porque ve que el Señor ha cumplido la espera del nacimiento del Mesías, anunciada en los siglos precedentes.


CLAVES para la VIDA

- Es necesario no olvidar que este anuncio del profeta se realiza cuando el pueblo de Israel se encuentra en el destierro, por lo que está lamentando su suerte. Y a la petición angustiosa del pueblo, responde el Señor por boca del profeta, anunciando al pueblo la buena noticia de la liberación. Y así es visto, en un precioso “sueño” poético: las caravanas de los desterrados se acercan a Jerusalén y los vigías lo anuncian a gritos. Es como un segundo Éxodo y es motivo de fiesta, de celebración y de alabanza. Nadie debe quedar indiferente ante este inmenso acontecimiento; y es que la proeza alcanza hasta los confines de la tierra.

- Dios se vuelve a mostrar con las notas más especiales y cualificadas: “consuela”, “rescata” y así cumple todas las promesas. No sólo no abandona a este pueblo, al que ama de forma entrañable, sino que va a realizar maravillas en su favor, de modo que todos los pueblos lo contemplen y alaben a este Dios liberador y salvador. Su fidelidad (la de Dios) está asegurada y va a llevar a cabo cuanto el corazón creyente ha soñado a través de los tiempos y en circunstancias tan complicadas. Así es Dios.

- ¡Cuántas veces podemos vivir una experiencia similar a la del pueblo de Israel…! Podemos sentirnos, también, como abandonados de Dios, dejados de su mano y no entendiendo su silencio ante tanto sufrimiento como hay en el mundo. Pero entrando hasta dentro, a menudo, descubrimos que no es Dios quien queda indiferente ante el dolor y el sufrimiento de los hombres, sino que somos nosotros mismos quienes quedamos indiferentes, para así no implicarnos en el tema. ¿Qué mensaje proclamamos en su nombre? Hoy celebramos al que se hace UNO DE NOSOTROS, que comparte nuestra historia y nuestro caminar… ¿cómo podemos pensar o decir que nos ha abandonado, que no nos hace caso? ¿Qué más podemos pedirle…? Hermano/a, Dios está CON NOSOTROS. No lo olvidemos, por favor.


Hebreos 1, 1-6

“... En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo... Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado...?”


CLAVES para la LECTURA

- Esta carta a los Hebreos, de autor desconocido, pero, sin duda, inspirada en la doctrina de San Pablo, escrita hacia el año 67 después de Cristo, está dirigida a los cristianos que provienen del judaísmo, -por eso lo de “hebreos”-, y que aparecen cansados o afectados de una cierta añoranza por lo que han dejado: el templo, el sacerdocio, los sacrificios, el culto, la ley de Moisés. Su fe se ve que es débil y superficial, y “sueñan” con un pasado, sin duda más glorioso, según ellos.

- De ahí que este pasaje de hoy nos introduce directamente, sin demasiados preámbulos, al misterio más profundo de Cristo, el Señor glorificado: “el Hijo”, “heredero de todo”, el que nos revela quién es Dios (“reflejo de la gloria del Padre”), el que “sostiene el universo con su palabra poderosa”, “supera a los ángeles”, el que “habiendo realizado la purificación de los pecados” con su muerte y resurrección, está ahora “sentado a la derecha de Dios”.

- En estos versículos iniciales, encontramos todo un resumen de la carta. En esta primera página se compara a Jesús con los profetas del Antiguo Testamento, para decirnos que si Dios nos había hablado entonces por medio de esas personas, ahora, en la plenitud del tiempo, nos ha hablado enviándonos a su propio hijo, Cristo, el Maestro, el Profeta.


CLAVES para la VIDA

- Estamos en la “plenitud de los tiempos”, en la Navidad, y en la liturgia de hoy se nos vuelve a insistir en el mismo mensaje: Dios nos ha dirigido su Palabra definitiva. No es un Dios mudo. Es cercano. Sale de sí y nos habla. Antes lo hacía por medio de los profetas; ahora, en Cristo Jesús, ha pronunciado su Palabra final. Éste es el dato. Es la Buena Noticia.

- Nosotros conocemos a Cristo: hemos tenido esta gran suerte. La Carta a los Hebreos nos ayuda a profundizar en ese misterio grande y hermoso de la obra magnífica de Cristo, la Palabra definitiva de Dios para nuestra humanidad, para nosotros. Y es que es el “Hijo amado”, el que viene a presentarnos el proyecto de Dios-Padre. ¡Nada menos!

- ¿Qué respuesta estamos dispuestos a dar a este don que es Cristo, el Señor? ¿Asumo su presencia como Palabra definitiva? ¿Seguimos cada día aprendiendo de su estilo, de su mentalidad? ¿Hago mía su escala de valores? O... ¿me dejo guiar por otros “maestrillos”? ¡Cuántas preguntas (y más) en este marco inmenso de la Navidad. ¡Menos mal que tenemos unos cuantos días para gustar y profundizar en todo esto que se nos anuncia!


Evangelio: Juan 1, 1-18

“... En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho y por él todos vinieran a la fe... La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios... Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad...”


CLAVES para la LECTURA

- El prólogo de Juan es una síntesis meditativa de todo el misterio de Navidad, porque el Niño de Belén es la revelación de Dios, la verdad de Dios y del hombre, y reflexionando sobre este evento nos ponemos en tesitura de comprender quién es el que ha nacido y quiénes somos nosotros.

- El núcleo del prólogo está en el v. 14: «Y la Palabra se hizo carne», que contiene el hecho de la encarnación y, por tanto, de Navidad: el Hijo de Dios se ha hecho hombre con la fragilidad e impotencia de toda criatura. Para comprenderlo Juan se remonta al misterio trinitario y luego vuelve a descender hasta el hombre.

- El inicio, pues, es la afirmación que nos sitúa fuera del tiempo en el misterio de Dios: «En el principio era la Palabra» (v. 1a) y nos habla de una existencia sin comienzo ni devenir. Después en la frase: «La Palabra estaba junto al Padre» (v. 1b), el evangelista precisa la situación del Logos (= la Palabra), que existe desde siempre, en parangón con Dios: el Verbo, en su ser más profundo, está en actitud de escucha y obediencia, completamente vuelto hacia el Padre.

- Jesús, la Palabra encarnada, hace a Dios visible y cercano al hombre, siendo su reflejo. Así pues, toda la historia y la realidad humana tienen vida por la Palabra: «En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres» (v. 4), porque en Jesús todo encuentra consistencia, significado, fin y especialmente la salvación de todo hombre. Todas estas afirmaciones de Juan son importantes para comprender el papel de Jesús como revelador y testigo veraz de Dios. Por esto «de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia» (v. 16), es decir, de su vida filial todos podemos recibir abundantemente.


CLAVES para la VIDA

- Es realmente interesante iniciar este tiempo navideño con esta profunda reflexión y confesión de nuestra fe, porque este texto evangélico lo es en forma hermosa y poética. Y es que la Navidad es luz y gracia para quienes como don, puro don, hemos aceptado y acogido este inmenso regalo de Dios, que es su Hijo encarnado, hecho cercano y caminando en mi propia historia.

- La gran oferta que siento y descubro en el “discípulo amado” y en esta profesión de cuanto él mismo ha descubierto y experimentado, es que toda la historia y el camino entero queda iluminado por la luz de la PALABRA, del Verbo del Padre. Y que cuantos le acogen están llamados a vivir y participar de la luz de Dios, y jamás estarán dominados por la oscuridad.

- Una oportunidad especial para pararme y contemplar su “tienda” plantada junto a la mía; y Él, con un interés especial, por cuanto me afecta y me “puede”; Él que me ofrece su gloria y la posibilidad de compartir la condición de ser de la familia misma de Dios. ¡Todo es nuevo! ¡Todo es ADMIRABLE! Así lo siente el “discípulo amado”; así me lo ofrece, para que también yo lo pueda seguir ofreciendo. ¡Feliz caminar, hermano/a!

sábado, 22 de diciembre de 2012


DOMINGO, día 23

 

Miqueas 5, 1-4a

“... Así dice el Señor: Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel...”


CLAVES para la LECTURA

- Miqueas, contemporáneo de Isaías, vive en un período dramático para el reino de Judá, amenazado por el poder asirio y gobernado por descendientes de David, dedicados más a sus propios intereses que a los de sus súbditos. En este contexto aparece el presente oráculo de renacimiento. Para el profeta hay que volver a comenzar desde el principio. Dios hará renacer a su pueblo por medio de un rey justo, pero provendrá no de Jerusalén, sino del pequeño Belén (v. 1), patria chica de David. Es necesario recuperar la humildad de los orígenes, de «los días remotos», cuando David fue elegido el último, después de pasar sus siete hermanos, que -a los ojos de los hombres- parecían más adecuados que él; no habrá nuevo nacimiento si no se comienza desde abajo, desde los últimos.

- De momento es necesario un tiempo de purificación (v. 2), un tiempo en el que Israel será sometido a otras potencias y terminará con el nacimiento del nuevo rey. El profeta no da el nombre pero enumera las características esenciales (v. 3): gobernará con firmeza y a la vez con el cariño con que un pastor sigue a su propio rebaño; sobre todo actuará en nombre del «Señor, su Dios». El “nombre” (Yahvé) nos recuerda el relato de la revelación en el Sinaí a Moisés; así pues, el rey actuará con el espíritu de la alianza de Dios con su pueblo; de este modo el pueblo recobrará la paz (v. 4).

- Esta profecía se ha conservado en Israel pero nunca se ha realizado en ninguno de los reyes que se sucedieron en el trono de Jerusalén. En el Nuevo Testamento, Mateo la ve realizada en Jesús, nacido en Belén (Mt 2, 6), verdadero pastor que se preocupa por su rebaño disperso y agotado.


CLAVES para la VIDA

- En la historia de Israel, como pueblo, hay momentos duros y dramáticos. Pero algo está muy claro: la humillación no es definitiva; Dios hará renacer a este pueblo y le dará un rey justo. Éste es el contexto que nos presenta el pasaje profético de hoy. Y Dios hará realidad esta promesa de salvación, porque Israel es el pueblo escogido y amado por este Dios, desde los orígenes. Siempre el mensaje central se hace presente y renueva la esperanza de este pueblo.

- Eso sí: la lógica de Dios será diferente de los cálculos humanos. Por eso, lo humilde y lo que no cuenta será el punto de partida de esta nueva realidad. “Belén” es una insignificancia en esa historia, pero de ahí “arranca” -según el profeta- la nueva situación de la presencia salvadora de Dios. Así en el Nuevo Testamento, el evangelista Mateo lo leerá desde esta óptica y ese “rey justo” y su profecía la ve realizada en Jesús.

- Contemplar esa historia, descubrir sus entrañas es una tarea constante en mi caminar de creyente, hoy y aquí. Y gustar de esa “lógica” de Dios y disfrutar de ella, es una necesidad vital. También yo (nosotros) necesitamos renovar constantemente lo esencial de las raíces de nuestra fe, fe que se hace historia y vida en Israel y que, hoy, se realiza en nosotros. ¡Profundízala, gústala, vívela...!


Hebreos 10, 5-10

“... Por eso, cuando Cristo entró en el mundo, dijo: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad...”


CLAVES para la LECTURA

- Como consecuencia de la caída original, la naturaleza del hombre está inclinada al mal y, de hecho, la inclinación se convierte en pecado realizado, que, a su vez, hace todavía más fácil el hundimiento. De ahí deriva un estado de esclavitud permanente. Por eso, la ley antigua prescribía complicados ritos de purificación, exigía la ofrenda repetida de víctimas sacrificiales: sangre de toros y de machos cabríos. Éstos conseguían mantener viva la conciencia del pecado, pero eran absolutamente insuficientes para extirparlo de raíz y devolver la auténtica libertad.

- Un rito exterior no puede poner remedio de manera automática a una herida interior que tiene su origen en un acto de desobediencia a Dios, en una soberbia rebelión contra su voluntad. El verdadero antídoto está, pues, en la humilde obediencia al designio divino de salvación. Jesús vino al mundo a construir, por vez primera, este camino de retorno, abriendo así a los hombres la única vía que puede conducir a la salvación. Aunque era Hijo de Dios, se rebajó a la condición humana y se hizo obediente hasta morir en la cruz.

- Toda su vida terrena encuentra una síntesis perfecta en esta afirmación: “Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado” (Jn 4, 34). En esta obediencia consiste el culto perfecto en espíritu y en verdad, el que no se agota en prácticas exteriores, sino que se convierte en comunión con Dios y en salvación para todos.


CLAVES para la VIDA

- Somos muy conscientes, y las ciencias humanas nos lo recuerdan, de que las “heridas” de nuestro ser más profundo son muy complicadas de curar, porque la “raíz” permanece intacta. Esto mismo nos viene a recordar el autor de la carta a los Hebreos, y todos los sacrificios y ritos de purificación no hacen más que mantener viva la conciencia de herida, de pecado, que anida en nosotros. Nada de todo eso puede devolvernos la auténtica libertad, la que deseamos y anhelamos.

- Hoy se nos vuelve a recordar que el verdadero antídoto está en la humilde obediencia de Jesús al designio salvador de Dios. Así, Él reconstruye nuestra naturaleza herida y nos libera de las diversas esclavitudes que anidan en nuestro ser. Pero, además, posibilita el camino de retorno al Padre, restableciendo la comunicación que aporta vida en plenitud.

- He aquí la mediación que ejerce Jesús, la que se nos invita a compartir a nosotros, sus seguidores. Siendo conscientes de que el culto en espíritu y verdad es aquel que no se agota en lo externo, aunque sea solemne y hermoso, sino el que realiza la comunión con Dios en favor de los hermanos, como Jesús. ¡Aquí me encuentro! ¡Ojalá!


Evangelio: Lucas 1, 39-45

“Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!... ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá...”


CLAVES para la LECTURA

- Uno de los temas principales de la página de Lucas sobre la visitación es la alegría del encuentro entre las dos madres y la del Bautista al oír la voz de la «madre del Señor» que lleva en su seno al Hijo. En la alegría del Bautista se percibe una alusión a la alegría de David bailando por la llegada del arca de la alianza, signo de la presencia de Dios (2 Sm 6). El Bautista goza -incluso «da saltos» (v. 41)- porque María, como arca santa, lleva en su seno al Señor.

- En el Bautista, que goza por la presencia de María y Jesús, está representado el Antiguo Testamento que espera y acoge la manifestación del Nuevo. Isabel, por su parte, es la mujer anciana y estéril que ve las maravillas de Dios, el cual acoge los sufrimientos y deseos de la humanidad. En esta escena está retratada la humanidad entera que espera a Cristo y saluda su llegada porque, encontrándolo, comprende que era él al que esperaba sin saberlo. El Hijo de Dios que se hace carne es la fuente de la alegría porque dice la verdad a la que todo humano está llamado: ser hijo como él.

- En cuanto a María, ella recibe el saludo de Isabel que la proclama «bendita» (v. 42) y el elogio que la declara «dichosa» (v. 45) por haber creído en la promesa de Dios. Mientras da a la humanidad al Hijo de Dios, María nos enseña también a responder con fe a la oferta divina. Fe y humildad: «Ha mirado la humillación de su esclava» (v. 48). En María se ejecuta el programa de Dios (anunciado por Miqueas) que comienza por los últimos.


CLAVES para la VIDA

- El encuentro de estas dos madres y del Mesías con su Precursor constituyen la expresión de un único cántico de alabanza y acción de gracias a Dios por su presencia salvadora en medio de los hombres. Ahora nos toca a nosotros, siguiendo el ejemplo de María y de Isabel, abrirnos a la acción gozosa y fecunda del Espíritu y responder al don de Dios. La Navidad es tiempo de gozo porque Dios se hace uno de nosotros, dándonos a su Hijo y porque nos hemos convertido todos en hermanos e hijos del mismo Padre. ¡Hermoso misterio capaz de llenar el corazón humano!

- María es el modelo de apertura de corazón a la acción del Espíritu. Ella con el don de la maternidad no se aisló en una autocomplacencia, sino que, cual verdadera “arca de la alianza”, que encierra en sí la fuente de la vida, se pone en marcha para servir a los demás en una caridad traducida en humilde servicio. ¡Inmensa lección para los creyentes de hoy, para nosotros!

- Y éste es el pórtico de la Navidad a la que la liturgia nos ha conducido una vez más, y es que Dios se “disfraza” en gestos de amor hacia los hermanos, especialmente en aquellos que carecen de motivos para el gozo y la alegría. Y aquí nos encontramos nosotros dispuestos a festejar y celebrar al Dios-con-nosotros. ¿Sabremos descubrirle? ¡Ojalá!

sábado, 15 de diciembre de 2012


DOMINGO, día 16


Sofonías 3, 14-18a


“… Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel, alégrate y gózate de todo corazón Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos…”


CLAVES para la LECTURA


- El profeta Sofonías, que precede algunos años al profeta Jeremías, interpreta con estas palabras el deseo de renacer de la ciudad de Jerusalén tras el período del rey Manasés, idólatra y violento. Se trata de un renacer a la vez espiritual y civil. La destinataria de las palabras es la «hija de Sión» o «hija de Jerusalén», que de ambos modos se designa a la misma ciudad de Jerusalén, pero que tal vez aluden también a algo nuevo que va a hacer el Señor.

- En el texto profético se cruzan diversos temas, todos se repiten al menos dos veces, y es que la repetición subraya la urgencia de la exhortación a fiarse de esta palabra de esperanza. La invitación a la alegría da el tono fundamental. El profeta recurre a todos los vocablos posibles para manifestarlo: gozo, alegría, regocijo, fiesta, danza... es ese gozo interior que se manifiesta exteriormente con la participación de toda la comunidad. Pero el aspecto más interesante de este sentimiento es que no sólo se trata de un gozo humano, sino también del de Dios (v. 17 «Él se goza y se complace en ti»). El fragmento se abre con el gozo del pueblo y se cierra con el gozo de Dios.

- El motivo del gozo es la venida de Dios, que, cancelada toda condena, habita ahora en medio de la ciudad como salvador: «El Señor tu Dios en medio de ti» (vv. 15. 17). La salvación a su vez se realiza como una renovación en el amor («su amor te renovará»: v. 17). Para Sofonías la salvación está en el reafirmar el amor originario de Dios, en volver a encontrar el amor perdido. Es un amor que expulsa al temor, porque ya no hay motivo para temer cuando Dios manifiesta su amor. Precisamente en este texto se inspirará la escena de la anunciación en Lucas: «Alégrate... El Señor está contigo... No temas…».


CLAVES para la VIDA


- En la mejor línea de la espiritualidad bíblica se mueve este anuncio del profeta Sofonías. Y es que el Señor “ha cancelado tu condena” (v. 15): ésa es la noticia que quiere transmitir el vocero de Dios en nombre del mismo Dios. La fidelidad del Señor está por encima de todos los condicionantes e infidelidades del pueblo. De ahí que “alegría”, “gozo”, “regocijo”, “fiesta”… son las “notas” que destacan en este anuncio de salvación, porque el proyecto de Dios continúa invariable: Él salva a su pueblo en razón de su compromiso, sellado en alianza eterna.

- “Él se goza y se complace en ti”: ésta es la síntesis de todo el anuncio profético. Dios ama hasta ese extremo a su pueblo y no puede menos de llenarse de complacencia en ese amor incondicional. Por eso mismo, Dios quiere renovar ese amor y desea que Israel también lo renueve, ya que eso será fuente de vida y de felicidad para todo el pueblo. Será necesario que Israel reconozca que ha perdido el primer amor, pero a Dios le importa mucho más la actitud que quiere vivir desde la invitación que le es dirigida en este anuncio de esperanza. Ojalá el pueblo escuche y acoja esta invitación.

- En este clima del Adviento, donde se comienza a revivir toda la historia de salvación, es bueno escuchar y gustar estos anuncios, estos mensajes de esperanza, sin duda alguna con mucha más perspectiva que la inmediata de la situación concreta o de la vuelta del destierro. La mirada va más allá, vislumbrando un poco la salvación definitiva que alcanzará su plenitud en Cristo Jesús. Él volverá a recordarnos y… ¡de qué manera!, que el Padre “se goza y se complace en ti”. Ésta será la Buena Noticia, repetida de las formas más diversas, tanto con los signos como con las palabras. ¿A qué te suenan estos mensajes, hermano/? ¿A “música celestial” o a algo concreto y tangible? ¡Buen ánimo!


Filipenses 4, 4-7


“… Hermanos: Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres… Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús…”


CLAVES para la LECTURA


- La invitación a la alegría, como la recomendación a no temer («Que nada os angustie»; v. 6), encuentran, para Pablo, su fundamento en el hecho de que: «El Señor está cerca». “Señor” indica aquí no sólo a Dios, sino a Jesús, porque en él Dios se acerca a la humanidad. La carta a los Filipenses muestra cómo la esperanza del cristiano es diferente de la esperanza del que quiere ser optimista a toda costa. Ésta no se basa en un sentimiento de voluntad personal, en una disposición interior al optimismo, sino en la persona de Jesús, que es garantía de la espera para el futuro.

-Tres palabras resumen los aspectos personales y comunitarios de la esperanza: gozo, confianza, paz. El gozo: brota del hecho de vivir en comunión con Jesús y los demás. El que afirma esto no es un vividor, sino un apóstol que sufre, prisionero, que invita reiteradamente a los fílipenses al gozo.

- La confianza: «Que nada os angustie; al contrario, en cualquier situación presentad vuestros deseos a Dios orando, suplicando y dando gracias» (v 6). Abandonarse en Dios no es indigno del hombre, no es un refugiarse en un mundo irreal, sino que forma parte de la verdadera sabiduría, porque «el Señor protege el camino de los justos» (1 Sm 2, 9).

- La paz: resultado de cuanto precede. De las escasas palabras de Pablo se deduce que la paz no es ausencia de preocupaciones, sino fruto del poder de Dios, que guarda el corazón y pensamientos de los creyentes en Cristo Jesús (v. 7), lo cual es muy distinto del simple “no tener pensamientos”. La verdadera paz no es superficial, sino que se afianza en el hombre ahí donde decide por sí mismo, en la mente y el corazón, y, de este modo, también sus acciones y relaciones serán acciones y relaciones de paz.


CLAVES para la VIDA


- De nuevo sorprende este gran seguidor de Jesús, que es Pablo, el apóstol prisionero por ser fiel al Evangelio, pero, con todo, capaz de proclamar que su Señor “está cerca”, lo sigue sintiendo presente en esa misma realidad que ahora mismo está viviendo. Y es que es la persona de Jesús la que ha cambiado su vida y, por eso, sin ningún tipo de miedo, lo proclama abiertamente: él no ha sido engañado por este Señor, sino, al contrario, Él es el que ha llenado de sentido y de contenido su vida, y por eso le siente cerca.

- Desde ahí es como propone un estilo de vida, dominado por el gozo, dada la comunión que vive con su Señor y que le posibilita también la comunión con los demás miembros de la comunidad; la confianza que le supone un fiarse total y pleno en las manos de Dios porque ésa es la sabiduría que conduce a la vida; desde ahí nace la paz, como un don de Dios mismo y no como fruto del esfuerzo personal, hasta llegar a que toda la vida sea reflejo de esa paz que proviene de Dios.

- ¡Vaya planteamiento la que nos propone el apóstol como ESTILO de VIDA! ¡Casi nada! Es realmente sugerente, tanto lo que piensa como lo que vive Pablo, el inmenso seguidor de Jesús. Y… ¡vaya propuesta para mi vida de hoy, caminante y seguidor del mismo Señor! ¡Cuántas preguntas se agolpan en mi pobre ante la propuesta de vida! Porque aquí no se trata de planteamientos teóricos, sino de todo un ESTILO determinado, que ilumina toda la existencia. Hermano/a, ¿cómo te sientes ante las palabras y reflexiones del apóstol? ¿Podemos decir tú y yo que mi “estilo de vida” se parece a lo que plantea? ¡Enhorabuena…!


Lucas 3, 10-18


“… Él contestó: El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene y el que tenga comida haga lo mismo… Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego…”


CLAVES para la LECTURA


- Después del acontecimiento de la Palabra sobre el Bautista que anuncia la salvación (Lc 3, 2), Lucas relata los temas éticos de la predicación de Juan en los que precisa los caminos que hay que enderezar y ajustar según los caminos de Dios.

- Se presentan al Bautista diversas categorías de personas. Por tres veces (vv. 10. 12. 14) la gente pregunta al Bautista: «¿Qué debemos hacer?». En la respuesta no pide cosas desorbitadas, sino que recomienda modos de atención con el otro, respeto a todos en la justicia. El Bautista, hombre del desierto, a quien le pregunta sobre qué debe hacer no le pide imitarle en la vida eremítica o ascética del desierto. Les da unas respuestas para que las realice cada uno en su vida normal, ya que es precisamente en ese ámbito donde todos debemos enderezar los caminos de Dios.

- A algunos interlocutores les sugiere el compromiso del compartir: «El que tenga dos túnicas, que le dé una al que no tiene ninguna» (v. 11). Luego se acercan los publicanos y los soldados, dos categorías «sospechosas». Pero también pueden abrirse a la salvación viviendo una vida honesta y renunciando a algunos fraudes. Cuando venga Jesús, precisamente los publicanos y los soldados (el centurión) serán los testigos de una salvación que se les ofrece sin condiciones previas, salvación recibida gratuitamente, capaz de cambiar la vida.

- Finalmente el evangelista indica que «el pueblo estaba a la expectativa» (v. 15), y se preguntaban si no sería Juan el Cristo. De la pregunta del «hacer» se pasa a la del «Mesías», es decir, a la pregunta de «¿Quién nos puede salvar?». El Bautista remite -más allá de sí mismo- a «aquel que viene», el único que podrá cambiar la vida vieja, quemando la paja y regalando el Espíritu.


CLAVES para la VIDA


- En el Bautista todo está con vistas a preparar la presencia salvadora del Mesías: “Yo bautizo con agua... Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Su invitación es clara y válida, si se le quiere escuchar. Aquí nos encontramos, HOY. Necesitamos los creyentes prepararnos a este acontecimiento central de nuestra fe; de ahí que la voz del profeta Juan resuena con fuerza. Él no se conforma con “sacar ruido”, sino que plantea y exige cambiar las CLAVES de la vida, asumiendo el estilo del mismo Dios.

- Esa llamada a la CONVERSIÓN, a vaciar de palabras falsas o vacías y de hechos engañosos la vida, para así poder ABRIRNOS a esa PRESENCIA NUEVA, es la gran invitación de Juan, “la voz que clama en el desierto” de nuestro mundo y de nuestras vidas. “¿Qué tenemos que hacer?” (pregunta que le hacían a Juan), es la actitud válida, hoy y en nuestras vidas.

- En este caminar del Adviento, pues, este personaje tan singular, Juan al Bautista, es una enorme invitación para nosotros. Él, después de escuchar la “Palabra”, que se le dirige en el “desierto” (como nos decía el evangelista el domingo pasado), ahora aplica lo escuchado a la vida. No se anda por las ramas, sino que busca el cambio de vida. Hermano/a, ¿cómo andamos de “escucha” de la Palabra? ¿Es el “desierto” (la soledad y el silencio) el lugar que escojo para esa escucha y acogida? Es la invitación de Juan, el Bautista. Y por lo que parece, debe ser urgente, según él.

sábado, 8 de diciembre de 2012


DOMINGO, día 9


Baruc 5, 1-9

“… Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados, a todas las colinas encumbradas, ha mandado que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios…”


CLAVES para la LECTURA

- El canto de Baruc forma parte de un poema más amplio y tiene como tema el fin del destierro y la reconstrucción de la capital, Jerusalén. Probablemente se trata de una composición posterior, en la que la situación de la ciudad se convierte en paradigma, en ejemplo aplicable a diversas situaciones. El fragmento se subdivide en dos momentos, marcados por los imperativos.

- «Jerusalén, despójate de tu vestido de luto, y vístete de gala» (vv. 1-4): se dará un cambio radical en la ciudad pasando del luto al gozo, y asumirá nombres nuevos, signo de su nueva situación («paz en la justicia, gloria en la piedad»). Para Baruc la promesa divina conlleva una vida de justicia; ésta traerá la paz y la piedad, es decir, el respeto a Dios, y será motivo de gloria para la ciudad (v. 4). «Levántate, Jerusalén, y mira hacia oriente» (vv. 5-9): el renacer de la ciudad consiste en concreto en la vuelta de sus hijos, bajo la guía de Dios que los conduce.

- En el v. 2 notamos en particular que a Dios se le llama «El Eterno». Se trata de un apelativo importante porque invita a los oyentes a tener una perspectiva amplia de las circunstancias históricas; el triunfo del mal es pasajero, aunque a veces cause trastornos al hombre. El autor inspirado enseña que Dios es Señor de la historia y puede resolver a favor del hombre los tiempos de prueba. Es él quien allana el camino de regreso: «Porque Dios ha mandado que todo monte elevado y toda colina secular se abajen; que los valles se rellenen» (v. 7). Para ello somete, a favor de su pueblo, los elementos de la naturaleza (v. 8).

- En la página profética aparecen con insistencia algunos términos -como gozo, gloria, justicia- para significar que el encuentro con Dios que viene es gloria para los suyos, para el atribulado que confía en él.


CLAVES para la VIDA

- Éste es el mensaje reiterado de los profetas: Dios vuelve a salvar a su pueblo. En este caso, con la vuelta del destierro y la reconstrucción de Jerusalén, donde -de nuevo- el pueblo vivirá días de gloria y de fidelidad, porque renovará su alianza con el Dios que salva. Por eso, el luto y el llanto dejarán paso a la justicia y a la paz. Así ve el corazón del profeta el proyecto de Dios, que está a punto de llevarse a cabo.

- “Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia” (v. 19): éste es el motivo fundamental y la razón de ser de todo el caminar de Israel. Su Dios es alguien que ama la justicia y Dios es misericordioso. A partir de ahí es posible seguir creyendo y esperando en este Dios, e Israel lo ha experimentado con creces, tanto en el gran acontecimiento de la liberación de Egipto, como luego a través de la historia. Y si en algún momento Dios ha permitido que el pueblo de Israel sufriera alguna desgracia, siempre ha sido con el fin de que tomara conciencia de su infidelidad a la alianza, la que les une a ambos.

- El mensaje profético llega también a nuestra vida como Buena Noticia, especialmente desde que Jesús de Nazaret lo ha acreditado con su enseñanza y con los signos obrados. Dios siempre es más grande que nuestras visiones y comprensiones acerca de Él. Ésta es la clave de la lectura. De ahí que hacer que resuene en mí ese mensaje; asumirlo como clave en mi vida y caminar creyente… es absolutamente necesario. Este texto profético me ayuda a aceptar y acoger al Dios-Padre, Abbá, que nos propone Jesús. ¿Cuál es tu visión de Dios, hermano/a? ¿Cuáles son sus “notas” peculiares? Tema para un buen examen de conciencia.


Filipenses 1, 4-6. 8-11

“... Testigo me es Dios de lo entrañablemente que os quiero, en Cristo Jesús. Y ésta es mi oración: que vuestra comunidad de amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios...”


CLAVES para la LECTURA

- La carta que Pablo escribe a los filipenses -durante uno de los períodos que pasó en la cárcel (v. 7c; v. 14a), pero cuya datación es insegura- figura entre las más afectuosas del epistolario paulino, según el testimonio de sus óptimas relaciones con la primera comunidad cristiana de Europa.

- Aquí se trata de la página de apertura de la carta a los Filipenses. Nos choca el tono afectivo de Pablo, manifestación de su solicitud pastoral. El tema dominante es el del progreso de los cristianos de Filipos. Dos veces menciona el «día de Cristo Jesús» (vv. 6 y 10), prueba clara de que esta espera era muy viva en las primeras comunidades. Esta espera es un estímulo al compromiso, porque el tiempo presente es el tiempo en el que el cristiano puede «crecer», esperando el encuentro definitivo con el Señor.

- En cuanto al crecimiento, Pablo recuerda ante todo que Dios mismo lo posibilitará y lo llevará a buen término (v. 6). Se trata sobre todo de un crecimiento en el «amor», que a su vez nos hace profundizar en el «conocimiento», mayor agudeza en el discernimiento, la tensión constante hacia lo mejor, la transparencia e integridad de costumbres: «ruego que vuestro amor siga creciendo más y más en conocimiento y en sensibilidad» (v. 9).

- El fin último de toda esta gran tensión espiritual del cristiano es para Pablo «la gloria y alabanza de Dios» (v. 11).


CLAVES para la VIDA

- El apóstol conservaba un recuerdo muy cariñoso de aquella comunidad que él mismo había fundado y que tanto colaboró y ayudó a Pablo en todo momento. Un Pablo que se considera a sí mismo “servidor de Cristo Jesús” (v. 1) porque él así siente su vida entera, dedicada a la causa del Reino, como su Maestro. Por eso, “os llevo dentro”, como corresponde al padre y pastor de aquella comunidad; la vinculación del apóstol con su comunidad es estrecha y se siente comprometido con su causa.

- Por eso está convencido “que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena la llevará adelante hasta el día de Cristo Jesús” (v. 6). El secreto está en que aquella comunidad siga creciendo más y más en el amor, como corresponde a los seguidores de Jesús, asumiendo y viviendo los valores de Reino que marcan su vida. Y esto sí que es motivo de alegría y de alabanza para el apóstol, a pesar de encontrarse detenido.

- Sigue siendo un ejemplo a imitar la actitud y la vida de este apóstol Pablo, capaz de valorar a su comunidad y de reconocerlo públicamente, pero también de pedirle y exigirle que no se estanque, sino que siga creciendo en profundidad y en calidad en el seguimiento al proyecto de Jesús. Una propuesta, hoy, válida para mí (para nosotros), y también la muestra de una actitud valiente de pastor la que ofrece Pablo, para cuantos desean ser comunidad viva de Jesús, invitada a crecer en calidad de vida. ¡Toda una invitación para nuestras comunidades, hoy y aquí!


Lucas 3, 1-6

“… Vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto… Y recorrió toda la comarca del Jordán… Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos…Y todos verán la salvación de Dios…”


CLAVES apara la LECTURA

- Lucas tiene algunos aspectos originales al presentar la predicación del Bautista que permiten captar mejor su mensaje. Pone de manifiesto en primer lugar el acontecimiento de gracia de la «palabra» que viene a él: «vino la Palabra de Dios sobre Juan en el desierto». El desierto de Marcos aparece aquí como el lugar donde la Palabra divina llega al hombre convirtiéndolo en profeta (la expresión es similar a la de Jer 1, 4).

- Al “acontecimiento” de la Palabra Lucas antepone un cuadro histórico con tono muy solemne: «El año quince del emperador Tiberio César...» (vv. 1-2). Esta página no sólo es importante por sí misma, sino también porque enmarca la efusión de la Palabra sobre el Bautista, y cuando sobreviene la Palabra de Dios, la historia humana se convierte en historia de salvación.

- Lucas distingue a continuación los dos lugares en los que actúa el Bautista: el «desierto» y el «Jordán». El desierto es el lugar donde “recibe” la Palabra; el Jordán es el lugar donde proclama esta Palabra a los demás invitándolos a la conversión. Habiendo escuchado la Palabra de Dios en el desierto, Juan puede hacer resonar su invitación como oferta de salvación a todos.

- La palabra del Bautista se inspira en la magnífica predicación de Isaías (40, 3ss): «En el desierto preparad el camino al Señor», pero a Lucas le gusta proseguir con la cita de Isaías hasta el texto en que proclama: «todos verán la salvación de Dios» (Lc 3, 6) porque Dios desea verdaderamente llegar a todos.


CLAVES para la VIDA

- Juan el Bautista será el “señalador” que nos presenta la liturgia en este domingo y el siguiente, ofreciéndonos una imagen clara y definida de este profeta que nos ABRE a la Buena Nueva de Jesús. Puede ayudarnos, pues, a vivir este momento tan significativo como un acontecimiento real y vivo y que hoy quiere repetirse para nosotros. El Bautista, un hombre que no pertenece a ninguna jerarquía, y que no posee poder, ni dinero, ni autoridad alguna, es aquél sobre el que “vino la Palabra de Dios” (v. 2), palabra que debía oír todo el pueblo.

- El “lugar” donde escucha esa Palabra es el “desierto”, indicándonos, una vez más, que el desierto es el lugar del silencio, de la escucha, del encuentro con el Dios de la Alianza (como aparece tantas veces en el Antiguo Testamento). La escucha de la Palabra le lleva a la MISIÓN, a vivir su propio camino con la “fuerza” que le caracteriza a este gran profeta. Su Misión es ANUNCIAR, gritar que es necesario preparar el CAMINO al Señor que llega.

- No está nada mal que, en este segundo domingo del Adviento, resuene esta voz ruda y fuerte del profeta Juan. Él es el “intuitivo”, como el que “olfatea” la presencia nueva y definitiva del Salvador. De ahí que se pueda aprender mucho de él. “Busca” con ahínco y luego “señala” a aquel que durante tanto tiempo ha sido el esperado. Interesante, muy sugerente este personaje del Bautista; será necesario estar junto a él (así nos lo ofrece la liturgia) y aprender a estar atento a percibir el “paso” del Esperado. ¿Cómo le sientes tú, hermano/a? ¿No te parece sugerente la persona de Juan, el Bautista?