sábado, 28 de diciembre de 2013


 Domingo  29 de Diciembre: Sagrada Familia


  

Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

“... El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor le escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones, mientras viva; aunque flaquee su mente, ten indulgencia, no lo abochornes, mientras vivas...”

 
CLAVES par la LECTURA

- Este fragmento del Eclesiástico es sapiencial y presenta una escena llena de fe y de simple humanidad acerca de las relaciones familiares, camino seguro también a la observancia del amor a Dios. El mensaje es una invitación a los hijos adultos para que amen de corazón a sus padres ancianos con un comportamiento verdaderamente filial. El pasaje, además, comenta el cuarto mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre; así prolongarás tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar» (Ex 20, 12), precepto bastante practicado en el judaísmo antiguo (Prov 19, 26; Rut 1, 16-17; Tob 4, 3-4). 

- El texto, pues, pone de relieve la estrecha relación entre el honrar a Dios y el honrar a los padres: respetarlos y cuidarlos es obedecer a Dios; no apiadarse de ellos y abandonarlos en el momento de la prueba es despreciar al Señor (vv. 6. 14). El honor que el hijo debe a sus padres contiene toda una gama de actitudes y de sensibilidad, que se traduce no sólo en respeto, sino en la ayuda concreta, en las muestras de afecto, obediencia, estima y atención, porque todo esto es hacer la voluntad de Dios. 

- Otro aspecto, sin embargo, considera también el texto: la práctica de tal mandamiento es fuente de recompensa y acarrea dones extraordinarios del Señor, como una vida larga (v. 69), la remisión de los pecados (vv. 3. 14), la alegría y la satisfacción de parte de los propios hijos (v. 5a), ser escuchados en la oración (v. 5b), y la seguridad de la acogida en el futuro por parte de Dios. 

 CLAVES para la VIDA

- El sabio reflexiona sobre las realidades concretas de la vida, a las que ofrece una carga enorme de humanidad, en algo tan profundo y vital como son las relaciones familiares. El cuarto de los mandamientos había sido muy importante en toda la historia de Israel; también ahora. De ahí que recoge todo lo vivido en esa espiritualidad a través de los tiempos y que ahora mismo (en tiempos del autor sagrado) tienen una validez plena.

- Y es que existe una relación estrecha entre el honrar a los padres y el honrar a Dios. Aquí está la vinculación que le da sentido y valor a esa actitud del hijo respecto de sus padres; al contrario, el abandonarlos en los momentos de dificultad supone una actitud de desprecio hacia el mismo Dios. El vivir una actitud filial, de atención y de estima, es fuente de las bendiciones del mismo Dios y de acogida por su parte. Aquí tiene sus raíces un tipo de espiritualidad que alcanzará su madurez en la plenitud de los tiempos en la persona de Jesús de Nazaret y en su planteamiento.

 - Reflexiones muy vitales y que, además de recoger todo un estilo de ser y vivir (esto es, una espiritualidad), siguen teniendo una plena validez, también para hoy, a pesar de la distancia del tiempo y aunque nos encontremos enclavados en otro contexto cultural. Además, estas reflexiones nos ayudan a entender y profundizar las claves que la familia de Nazaret -cuya fiesta celebramos-, vivió y hoy se nos ofrece como modelo. Es necesario que yo (nosotros) al menos hagamos una reflexión seria sobre esta propuesta que se nos pone delante. 

 Colosenses 3, 12-21

 “... Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada... y celebrad la Acción de Gracias: la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente...”

  CLAVES para la LECTURA

- Estamos ante un código familiar que Pablo presenta a la comunidad cristiana de Colosas para responder a problemas concretos de la vida cotidiana (Ef 5, 22 - 6, 9; Tit 2, 1-10; 1 Pe 3, 1-7).

 - El Apóstol, después de haber enumerado los vicios del hombre viejo, presenta las virtudes que deben adornar la vida de los creyentes «elegidos de Dios, pueblo suyo y objeto de su amor» (v. 12), como la misericordia, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia, la comprensión y el perdón (vv. 12-13); pero, entre éstas, el principal medio de unión es la caridad «que es el vínculo de la perfección» (v. 14), es decir, el amor de la comunidad a Dios y a los hermanos (Mt 18, 21-35; Rom 12; Ef 5, 19-33). Para vivir este proyecto evangélico es necesario, sin embargo, construir la comunidad cristiana en torno a la Eucaristía y a la Palabra de Dios (v. 16). 

- Después Pablo recomienda a las esposas que respeten a sus maridos «como corresponde a cristianas» (v. 18), a los maridos amar a sus mujeres y no exasperar a sus hijos; a los hijos obedecer a los padres porque «eso agrada al Señor» (v. 20). Por estas exhortaciones se puede constatar que el Apóstol permanece ligado a las leyes de su tiempo, pero por otra parte las supera perfeccionándolas con un criterio evangélico nuevo: hacedlo todo «en el Señor» (vv. 18-20). 

- Así pues, los valores familiares fundamentales, como la obediencia, el respeto, el amor en el núcleo familiar y la educación de los hijos, son salvaguardados, pero se releen a la luz de un constante punto de referencia: el modo de vida del Señor, libre y obediente al Padre. Jesús es el verdadero lazo de unión de toda familia cristiana. 

 CLAVES para la VIDA

- La lectura de la carta a los Colosenses nos sorprende con un hermoso programa de vida cristiana que el apóstol nos presenta y nos propone. El “uniforme” es muy específico y con unas particularidades determinadas: misericordia, bondad, humildad, dulzura, amor, paz... ¡Casi nada! No sólo el ser del creyente cambia, sino que las mismas relaciones quedan profundamente afectadas y trastocadas. Todo es diferente y nuevo, puede ser la conclusión a la que el apóstol nos quiere conducir. 

- “Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús” (v. 17): es la referencia total y plena; hemos alcanzado la plenitud; todas las promesas han alcanzado la meta; ya no es necesario esperar más. Ahora es cuestión de desarrollar toda la existencia, guiada por la Palabra y animado por el Espíritu del mismo Jesús. ¡Ésta es la NUEVA situación y desde ella somos animados a vivir! 

- Ésta es la situación del creyente y seguidor de Jesús. ¡Cuántas veces lo olvidamos, Dios mío! ¡Cuántos de nuestros hermanos ni lo han “olido” siquiera...! De ahí que la TAREA sigue siendo inmensa. Con todos los “medios” a nuestro alcance; con todas nuestras “fuerzas” (muchas o pocas) somos enviados, también hoy, a que conozcan y vivan esa nueva realidad y esa nueva VIDA que se nos brinda en Cristo Jesús. “¡Es verdad y... yo la quiero vivir, Señor!”. ¿Y tú, hermano/a?

 
EVANGELIO: Mateo 2, 13-15. 19-23

 
“Coge al niño y a su madre y huye a Egipto”

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

- «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta:

- «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

- «Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel.

Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.

 
ACERCARNOS AL TEXTO

~       No olvidemos que, de nuevo, nos encontramos con uno de los “Relatos de la Infancia”, con sus notas específicas y que es necesario tenerlos en cuenta para una comprensión adecuado del texto evangélico. Anotamos algunos datos que nos ayuden a profundizar en el mensaje, fundamentalmente teológico, del relato de hoy.

~       La crueldad de Herodes, particularmente al final de su vida, se hizo proverbial hasta en Roma. En sus últimos años mandó matar a tres de sus hijos y dio un decreto para que fuesen eliminados los principales de entre los judíos (decreto que no fue ejecutado por haber muerto el tirano). Las medidas tomadas en relación «con el recién nacido, rey de los judíos» intentaban no tanto eliminar un pretendiente al trono cuanto evitar posibles disensiones en Judea. Desde este punto de vista la perícopa encaja dentro de la verosimilitud histórica. Pero, junto a los detalles históricos, es necesario acentuar que el relato contiene también rasgos teológicos y apologéticos, que son los primarios en la intención del narrador, y un tenor narrativo bastante legendarizado.

~       Nuestro texto refleja no sólo lo ocurrido en el momento del nacimiento de Jesús, sino también la situación que vivía la Iglesia cuando fue puesto por escrito el evangelio de Mateo. Una de las acusaciones judías contra los cristianos consistió en afirmar que Jesús había practicado la magia que aprendiera en Egipto. Nuestro relato niega rotundamente esta acusación reconociendo que Jesús había estado en Egipto, pero cuando esto ocurrió era recién nacido. La acusación carecía, por tanto, de valor. Estamos ante un motivo apologético.

~       De los grandes hombres de la antigüedad se afirmaban historias parecidas de cruel persecución para ser eliminados. Así ocurrió con Rómulo y Remo, Augusto, Sargón, Ciro... Aquí encontraríamos el tenor legendario de nuestra historia. Pero por encima de él se levanta nuestro autor recordando el eco no de héroes paganos sino de Moisés, el fundador del antiguo pueblo de Dios. También un faraón impío quiso eliminarlo. Así cumple Maleo su propósito de presentar a Jesús como un nuevo Moisés, cosa que tendrá muy presente en otras ocasiones de su evangelio. Hemos entrado en el fin teológico de nuestra perícopa.

~       Jesús es el nuevo Moisés y corre su misma suerte: es perseguido y tiene que huir (Ex 4, 19). Pero el contenido teológico no se agota aquí. En el regreso a Palestina se cumple la Escritura que dice «de Egipto llamé a mi hijo». La cita está tomada del profeta Oseas (Os 11, 1) y originariamente se refería al Éxodo de Israel de Egipto: «Israel es mi hijo, mi primogénito» (Ex 4, 22). Mateo aplica la cita a Jesús porque, según la creencia generalizada en el judaísmo, el tiempo del Mesías reactualizaría el tiempo de Moisés. El evangelista, por tanto, está afirmando que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios por excelencia, que corre la misma suerte que el PUEBLO al que viene a salvar.

~       La intervención divina ordena a José que se establezca en Nazaret. A la muerte de Herodes su reino quedó dividido entre sus tres hijos: Arquelao heredó Judea, Samaría e Idumea; a Herodes Antipas le correspondió Galilea y Perea y Felipe quedó al frente de la parte oriental y del norte de Galilea. El más cruel entre ellos fue Arquelao. Esta situación se halla perfectamente reflejada en el relato de Mateo. José, por razones de seguridad, va a vivir a Nazaret.

~       Al establecerse en Nazaret se cumple, así lo anota el evangelista, otra profecía: «sería llamado nazareno». Efectivamente, así fue llamado Jesús y así fueron llamados también los cristianos (Hch 24, 5). Pero el Antiguo Testamento no contiene ninguna profecía en este sentido. Lo más probable es que Mateo identifica la palabra nossri, nazareno, con nesser, que significa el brote o vástago de una planta. Según esto, la Escritura cumplida sería la de Isaías (Is 11, 1: “un renuevo... un vástago sale del tronco de Jesé”). También del siervo de Yahvé se dice «como un retoño creció ante nosotros...» (Is 53, 2). Esta referencia a la Escritura sería un argumento más a favor de la mesianidad de Jesús.

~       Llama la atención la frase «para que se cumpliese la Escritura» repetida tantas veces en este capítulo segundo. En otras ocasiones, en lugar de citar expresamente la Escritura, se alude a la mentalidad y esperanzas de la época. Al hacerlo así, Mateo pretende afirmar que, en Jesús, se cumplen todas las esperanzas: él es el nuevo Moisés, el libertador, fundador del nuevo pueblo de Dios, el Mesías oculto y perseguido, y a través de él se cumplen las promesas de Dios y las esperanzas de los hombres. 

REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

En esta fiesta de hoy, queremos plantear esta reflexión cristiana con un “aire” distinto (de otras ocasiones) y para ello pueden ayudarnos el centrar nuestra mirada en TRES HECHOS que están ahí, aunque -desde nuestra posición y situación- no les demos la importancia ni la urgencia que se merecen y necesitan. En el marco de la Navidad, os proponemos profundizar, un poco siquiera, en estas tres realidades de nuestro mundo: en qué medida me afectan y qué aportación puedo ofrecer.


Å «Herodes, viéndose burlado por los magos, montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo en Belén y sus alrededores» (v. 16). En nuestra sociedad cada vez son más las voces que se levantan para defender los derechos de las personas y las reivindicaciones de los diferentes grupos, pero siguen siendo infinidad los NIÑOS y NIÑAS maltratados; apenas nadie defiende sus derechos. Con mucha frecuencia se toleran violencias físicas y psíquicas contra ellos. No se persiguen las agresiones que sufren en el seno de la familia, a no ser que alcancen grados extremos. Se acepta socialmente que los hijos son propiedad privada de los padres y, en consecuencia, se olvidan los derechos que tienen como personas que son

Pero no se trata sólo de malos tratos y violencia física. El número de padres que rechaza y veja a hijos no deseados, y que no les ofrece la ternura, la seguridad, la atención y el cuidado que necesitan para crecer dignamente, es muy elevado. Otras veces son madres y padres agobiados por la soledad, el trabajo, la depresión, los que descargan su inestabilidad emocional en sus pequeños. Y no son raros los que proyectan en sus hijos sus propias frustraciones y les exigen violentamente ser según sus propios deseos, para castigarlos cuando no responden a sus expectativas. Son muchos, más de los que pensamos, los niños maltratados en su familia.

Y luego está todo ese otro mundo que nos cae tan lejano, que sólo a veces lo vislumbramos como una ráfaga, pero que no deja de ser real: los niños de la calle, el tráfico de órganos infantiles, las redes de prostitución infantil, los niños que piden limosna envueltos en roña y cubiertos de costras, los niños abandonados, las celdas de la muerte para niñas en China, los cuarenta mil que mueren de hambre cada día, los cuerpos esqueléticos cubiertos de moscas que muestran algunos medios de comunicación, etc., etc.

¿Es como para pensar que hoy ya no existen «herodes»? ¿Es como para pensar que hoy no es necesario protegerse? ¿Es como para pensar que nuestra dignidad, libertad y paz están al alcance de todos? ¿Es como para pensar que el derecho a ser niño es algo ya alcanzado en nuestra sociedad? ¿Es como para pensar que las narraciones evangélicas se han vuelto arcaicas...? 

Å «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto» (v. 13). También a Jesús le tocó vivir en un país extranjero, como emigrante, con todas las penalidades de los que emigran o se exilian. Este dato evangélico toma hoy especial relevancia, cuando los DESPLAZADOS y REFUGIADOS -una de las mayores tragedias humanas de nuestro tiempo- amenazan con convertirse en uno de los problemas más explosivos de las próximas décadas. Siempre ha habido migraciones y desplazamientos, pero hoy en día, cuando el mundo se ha convertido en una aldea global, los flujos migratorios se han agigantado.

Nadie puede hacer un recuento preciso del número de refugiados, pues se ve continuamente afectado por entradas y salidas. En los últimos años, sin embargo, la lista de refugiados no ha dejado de incrementarse. Se calcula que hay actualmente 100 millones de personas desarraigadas. De ellas, 20 millones se consideran refugiadas por haber tenido que cruzar la frontera de su país para escapar de la persecución, la violencia o la muerte. Otros 24 millones viven desplazados en el interior de sus propios países. El resto son víctimas de la pobreza o de la destrucción del medio ambiente, y son llamados emigrantes.

Quizá nos ayude a comprender mejor este problema si pensamos que, cada día, unas 10.000 personas pasan a aumentar la lista de refugiados; o que uno de cada cinco africanos está refugiado, o que Irán cuenta con el mayor número de refugiados del mundo, más de cuatro millones; o que Malawi, con 10,3 millones de habitantes, acoge a más de un millón de refugiados. Pero para intentar comprender este drama humano hemos de mirar los rostros de esos ancianos que fijan sus ojos semicerrados en un horizonte que ya no existe; esas madres que protegen con su regazo exánime a sus hijos dormidos en un gesto de infinita tristeza; esos hombres cargados con cuatro cachivaches rescatados de una huida hacia ninguna parte; esos adolescentes que han visto truncado su futuro; esos niños de ojos asustados y abiertos...

El reportaje televisivo, con el impacto de las imágenes, nos permite captar el desolador paisaje de un campo de refugiados en tiendas de campaña, o protegidos con plásticos, o hacinados en galerones, o viviendo en chabolas sin agua potable, sin luz, sin letrinas, casi sin comida. Pero el paisaje interior de las personas es todavía más desolador. Sólo podemos acercamos a él, con temblor y respeto, de la mano de quienes lo sufren. Son millones todavía los niños y niñas que tienen cicatrices escondidas y miran el mundo a través de una alambrada. Recordarlos hoy, al proclamar el pasaje evangélico de la huida a Egipto, es una llamada de atención. Es creer y recordar que Él sigue siendo Dios-con-nosotros. Es asumir que Jesús se hace presente en los desplazados, en los refugiados, en los emigrantes actuales.

En una sociedad cuya opinión pública, con un discurso civilizadamente correcto, cada día es más adversa a la aceptación de extranjeros en su seno y se muestra más racista y xenófoba, al cristiano no le queda otro remedio que anunciar su fe en un Dios solidario, Padre de todos, creer en un Dios Hijo, refugiado en Egipto, y dejarse llevar por el Espíritu hacia los marginados, desplazados y emigrantes, donde Dios sigue encarnándose hoy.

Å «Cogió al niño y a su madre y volvió a Israel» (v. 21). Jesús fue educado, creció, recibió y dio amor, aprendió, trabajó, adquirió unos valores en una FAMILIA. Los años vividos en Egipto y Nazaret no son simplemente preparatorios de lo que habría de realizar después. La casa de Nazaret no es, simplemente, la sala de espera antes de la partida decisiva. Y no es tampoco el laboratorio secreto en donde se prepara la sorpresa clamorosa. La familia de Nazaret es ya hogar de revelación, es encuentro con los hombres, es experiencia de vida y ternura, es proyecto salvador, es signo luminoso de Dios con nosotros.

Estamos asistiendo a cambios hondos dentro de la familia; algunos piensan que a su desintegración y destrucción. Pero lo que las personas comienzan a reclamar no es el poder deshacerse de todo tipo de vínculos familiares y la posibilidad de divorciarse, sino el poder conocer una verdadera familia y disfrutar de un hogar. Si queremos hacer presente la fuerza humanizadora del Evangelio en nuestra sociedad, hemos de contribuir a hacer de la familia un lugar cálido de experiencia humana y humanizadora. Los hombres y mujeres siempre necesitaremos de un hogar en donde podamos crecer como personas. El mismo Hijo de Dios nació y creció en saber y madurez, en el favor de Dios y de los hombres, en el seno de una familia.

 COMPROMISO DE VIDA

 
En este día de la SAGRADA FAMILIA, puedo centrarme (¡si quieres!) en las tres realidades que se nos han presentado como elementos de reflexión. Así el Evangelio irá formando parte de mi vida.

1.- ¿Cuál es mi actitud CONCRETA y REAL respecto de la INFANCIA, de los niños y niñas, de su dignidad como personas, de sus derechos? ¿Estoy comprometido con su causa? ¿Cómo expreso y vivo ese compromiso?

2.- ¿Cuál es, también, mi actitud CONCRETA y REAL respecto de los REFU-GIADOS y que en muchos casos viven muy cerca de nosotros? ¿Me he implicado en su defensa, en la reivindicación de sus derechos, o....?

3.- La FAMILIA es muy posible que esté hoy muy cuestionada en nuestra cultura: ¿Cuál es mi actitud CONCRETA y REAL respecto de la Familia? ¿Intento, de veras, crear un HOGAR, un lugar cálido de experiencia humanizadora para los míos, donde yo mismo/a me realice como persona y como creyente?

4.- Utilizaré la oración “Marginación” como elemento de reflexión durante estos días.

 

 

ORACIÓN para estos DÍAS


 MARGINACIÓN

 

Tu escritura es latina. Tus cifras, árabes.

Tu coche, alemán. Tu ordenador, americano.

Tu pizza, italiana. Tu democracia, griega.

Tu café, brasileño. Tus vacaciones, turcas.

Tus alfombras, persas. Tu té, ceilandés.

Tu cámara, japonesa. Tu perfume, francés.

Tus electrodomésticos, europeos. Tus refrescos, caribeños.

Tus safaris, africanos. Tu güisqui, escocés.

Tu oro, sudafricano. Tu cacao, senegalés.

Tu cuero, argentino. Tus modales, ingleses.

Tus manteles, portugueses. Tu incienso, hindú.

Tus puros, cubanos. Tu porcelana, china.

Tu gato, siamés. Tu perro, siberiano.

Tu acuario, tropical. Tu petróleo, kuwaití.

Tu reloj, suizo. Tu marfil, congoleño.

Tu sauna, finlandesa. Tu sol, mediterráneo.

Tu ropa importada, tus útiles, made in...

 Tu Cristo, judío. Y tu vecino...

¿un despreciable extranjero?

 

Ulibarri, Fl.

No hay comentarios:

Publicar un comentario