sábado, 8 de septiembre de 2012



DOMINGO, día 9

 Isaías 35, 4-7a


“… Decid a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará…”

 CLAVES para la LECTURA

- Al juicio de Dios sobre los pueblos enemigos de Israel (Is 34) le sirve de contrapaso la gloria del pueblo elegido (Is 35). La prosperidad y la fecundidad de Israel, fruto de la radical transformación llevada a cabo por la intervención divina, celebran la magnificencia y el poder de Yahvé. Los que han sufrido las atrocidades de la opresión enemiga reciben el anuncio de una palabra de consuelo, una palabra que les invita a tener ánimo porque Dios intervendrá en su ayuda. La venida de Dios castiga a los culpables y premia a los inocentes, según la ley del talión.

- La salvación divina aparece descrita, sobre la base de la doctrina de la retribución temporal, como una curación completa de las enfermedades físicas: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos brincan, los mudos cantan (vv. 5-6a). También la naturaleza recibe una nueva vitalidad: el desierto y la estepa reciben un riego abundante, la tierra árida se vuelve rica en manantiales (vv. 6b-7a).

- Los profetas contemplan esa perspectiva ideal para expresar el cumplimiento de la expectativa mesiánica. El Mesías que ha de venir inaugurará unos tiempos en los que no habrá más sufrimiento y hasta la muerte será destruida (Is 25, 7ss). Jesús asumirá los signos de la curación radical del hombre, para introducir a sus oyentes en la comprensión de la verdad de su persona y de su misión (Mt 11, 2-6).

 CLAVES para la VIDA

- El corazón creyente siempre ha “soñado” con ese proyecto original y esas promesas de Dios que se han producido a través de los tiempos. El profeta, aquél que lee el corazón de Dios, ahora manifiesta que ve cercano el tiempo en el que esas promesas se van a hacer realidad y entonces TODO, absolutamente todo, será transformado para manifestar plenamente la realización de esas promesas.

- Y es que la fidelidad del Señor no tiene ningún límite; Él lo hará realidad. Así, todas las situaciones de enfermedad y de limitación quedarán superadas. La misma naturaleza se prepara para este acontecimiento; por lo tanto, la vitalidad será un hecho, incluso en aquellas situaciones límite y donde todo parece estar abocado al fracaso y a la esterilidad. Y es la presencia nueva y definitiva de Dios la que hace NUEVAS todas las cosas.

- “No temáis”: éste es el mensaje que “sueña” el profeta y que, hoy, suena para mí, yo que participo ya plenamente de la NUEVA realidad que se nos ha dado en la persona de Jesús y en el proyecto que Él pone en marcha. Volver a escuchar y meditarlo en lo más profundo del corazón… es una llamada, hoy y aquí, para mí, para toda la comunidad que es portadora de esa Buena Noticia. Nada menos. ¿Se notará, hermano/a, que somos portadores de esa Buena Nueva? Acaso…
  

Santiago 2, 1-5


“... No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción de personas... Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que le aman?...”


CLAVES para la LECTURA


- Santiago pide a los cristianos que no contradigan la fe profesada con un comportamiento incoherente. Interpelando directamente a los destinatarios de la carta, les invita a no caer en la práctica de favoritismos basándose en la riqueza: atenciones con los ricos, ninguna consideración con los pobres (v. 3). Quien muestra semejante actitud demuestra no creer en Jesucristo, Señor de la gloria (v. 1); son otros sus «señores»: el primero de todos la riqueza. Ésta es la primera asechanza, contra la cual no se cansaron de lanzar invectivas los profetas (Am 6, 1-7; Is 5, 8-12; Miq 2, lss), sintetizadas por Jesús en esta advertencia categórica: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6, 24).

- A Jesús se le llama aquí «Señor de la gloria» porque su cuerpo, después de la resurrección, es un cuerpo glorificado y también porque es la revelación de la gloria del Padre. La gloria, signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo, se ha hecho carne en Jesús, se ha hecho visible (Jn 1, 14). Practicar discriminaciones significa no reconocer esta manifestación de Dios y no acoger la consiguiente revelación de que todos los hombres, criaturas suyas, son iguales. Esto es algo particularmente grave, dado que tiene lugar con ocasión de las celebraciones litúrgicas (v. 2), o sea, precisamente cuando más evidente tenía que ser la identidad cristiana de la comunidad, en su unidad con Dios y entre los miembros que la componen. Los cristianos que practican el favoritismo demuestran que siguen teniendo una mentalidad mundana, alejada de la que se configura con el modo de obrar de Dios, y por eso no es auténtico el culto que le tributan (Sant 1, 27).

- Dios escoge a los pobres y le da la vuelta a su condición, enriqueciéndoles con la fe en este mundo y dándoles después la vida eterna (v. 5). A lo largo de toda la revelación, aparece de manera constante la preferencia de Dios por los pobres, o sea, por esos que, sin buscar la seguridad en el poder o en los bienes terrenos, cuentan sólo con él; por esos que, indefensos y despreciados, «le aman» (v. 5b), es decir, viven con él en un clima de confianza, de confidencia, de agradecimiento.

 CLAVES para la VIDA

- Otra página para que el seguidor vaya “configurándose” con ese estilo propio y adecuado. De ahí que nada de “acepción de personas” o mostrar preferencias en razón de su simpatía o de sus riquezas. Y es que llevar el “nombre”, supone adecuar los sentimientos y acciones precisamente a ese nombre de Jesús, y que el seguidor ha asumido desde el mismo bautismo.

- La razón de fondo es que Dios mismo ha elegido a los pobres para hacerlos ricos y herederos del Reino (v. 5). Así se recoge el núcleo del Evangelio y que en ese intento de adoptar el “estilo” del seguidor, no puede faltar. Las preferencias de Dios y Jesús mismo no dejan lugar a dudas. Aquí se encontrará aquel seguidor que quiera hacer buena la propuesta evangélica.

- ¡Cuántas aplicaciones concretas en nuestra vida de creyentes y seguidores de este Jesús! Porque... ¡cuánta discriminación (a veces, hasta “involuntaria”) hemos creado y producido en nuestra vida, en nuestras comunidades cristianas!.. “Queridos hermanos, escuchad” (v. 5) es la invitación que el apóstol me dirige, hoy, aquí. “Escuchad” para descubrir “los caminos de Dios” y no dejarme engañar por la falacia. ¿Vale?..

 Evangelio: Marcos 7, 31-37

“… Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad…”

 CLAVES para la LECTURA

- La sección del evangelio en la que se encuentra el fragmento litúrgico de hoy está atravesada por el tema de la incomprensión de que es objeto la persona de Jesús. El sordomudo que recobra el pleno uso de sus facultades sensoriales, que le permitirán escuchar la Palabra reveladora y comunicarla a su vez, se convierte en signo de aquel que se abre a la acogida del misterio de Jesús. El hombre que recibe el milagro es un pagano que ha sido llevado a Jesús mientras este último atravesaba el territorio de la Decápolis (v. 31), situado al este del lago de Tiberíades, hasta donde había llegado la fama del Maestro como taumaturgo.

- El relato de esta curación es propio del evangelio de Marcos. No se alude a la fe del que recibe el milagro ni del que le acompaña (v. 32): es la totalidad de la persona del hombre la que se abre a la fe y al reconocimiento de quien le cura. Jesús obra el milagro apartándolo de la gente (v. 33) y ordenándole guardar silencio sobre lo ocurrido (v. 36): la consigna del «secreto mesiánico» recibe aquí un énfasis particular. El anuncio del Evangelio y la adhesión de fe deben ser los únicos «signos» inequívocos de la inauguración de los tiempos mesiánicos.

- El milagro va acompañado de una gran riqueza de gestos: la introducción de los dedos en los oídos, el contacto con la saliva (elemento considerado como medicamentoso en la antigüedad), el suspiro, la palabra transmitida por el evangelista en arameo (vv. 33ss). Algunos de estos gestos se han conservado en el rito del bautismo.

- En virtud de la enorme admiración provocada por el milagro (v. 37), la muchedumbre no guarda la consigna del silencio (v. 36). La admiración está expresada con una afirmación que recuerda los relatos de la creación y de la liberación de la esclavitud. «Todo lo ha hecho bien» (v. 37a) remite a la expresión del libro del Génesis según la cual Dios vio que eran buenas todas las cosas creadas (Gn 1). «Hace oír a los sordos y hablar a los mudos» (v. 37b) y, por consiguiente, cumple la promesa del rescate de la esclavitud de Babilonia y del retorno a la patria anunciado por el profeta Isaías (Is 35, 1-10). Jesús, por tanto, lleva a cabo una nueva creación y la salvación definitiva.

 CLAVES para la VIDA

- Lo que el profeta mostraba como “sueño” en la primera lectura de este domingo, aquí ya se hace realidad y se vuelve efectivo. Incluso sobre una persona “pagana”, esto es, que no pertenece al pueblo de la promesa, pero es que las promesas de Dios no entienden de límites, ni de exclusiones (por otra parte, muy propias de las mentalidades humanas; también del pueblo escogido).

- Ahora sí, aquel pobre hombre es capaz de abrirse plenamente al proyecto salvador de Dios que se le ofrece en Jesús. Él se convierte en todo un símbolo del que se abre al misterio y a la Buena Noticia que se ofrece en Jesús. Tanto es así que los que los que se encuentran con esa novedad, desconcertados proclaman: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos” (v. 37) Ahora sí, todo ha sido recreado para acoger sin límites el don de Dios que se ofrece en Jesús.

- Muy sugerente el relato evangélico y la serie de detalles que nos ofrece. Ahora sí, aquel “pagano” (esto es, excluido) está en condiciones de abrirse al don pleno de Dios. A esto mismo soy invitado: ABRIRME para que todo quede transformado en mí. Ese “Ábrete” es un algo entre mezcla de mandato y de necesidad para que la situación se vuelva completamente nueva y distinta. Hoy se pronuncia sobre mí, sobre mi vida, la misma palabra liberadora de Jesús. Hermano/a, ¿acogeremos, con corazón abierto, el don salvador de Jesús?

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