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domingo, 13 de mayo de 2012


LUNES, día 14:  San Matías, apóstol


Hechos de los Apóstoles 1, 15-17. 20-26
“Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo: Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús... Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús... Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles...”
 CLAVES para la LECTURA
- En correspondencia con la presentación de los grandes personajes centrales del Evangelio, Juan bautista y Jesús (Lc 1-2), Lucas consagra la primera parte de los Hechos de los Apóstoles a la presentación de las dos grandes comunidades, la iglesia de Jerusalén, de origen arameo y tradición judía (en paralelo con Juan Bautista), y la iglesia de Antioquía de origen helenista y tradición “cristiana” (en paralelo con Jesús, el Mesías). La constitución de la comunidad hebrea (Hch 1, 15ss) comprende la elección de Matías, la irrupción del Espíritu y el discurso de Pedro. Aquí nos encontramos.
- Los hermanos, “ciento veinte (múltiplo de doce) personas reunidas con el  mismo propósito” ( v. 15), pretenden completar el número de doce, para dar validez perenne al Israel mesiánico. El “propósito” común no es otro que el erigirse en los verdaderos representantes de Israel. Pedro recurre al libro de los Salmos para justificar la acción que van a llevar a cabo (v. 16. 20). El duodécimo miembro tiene que haber sido testigo presencial de toda la vida pública de Jesús y, en particular, de su resurrección (v. 21s).
- La misión es “compartir el ministerio apostólico”; esto es, un servicio, una responsabilidad con los demás apóstoles y es que ellos son el enlace entre la vida de Jesús y la vida de la Iglesia; por eso tiene que haber compartido con él durante su ministerio y tiene que dar testimonio de su resurrección. Aquí es elegido Matías.
  CLAVES para la VIDA
- La joven Iglesia sigue construyéndose después de la debacle de la muerte de Jesús. Así nos lo presenta Lucas: todavía claramente sobre las bases judías, pero abriéndose -poco a poco- a la nueva realidad que se le presenta. De hecho, la elección de Matías es un signo claro de esta línea de apertura: era un desconocido, no se dice nada de él; el otro candidato, tiene todos los pronunciamientos a favor: nombre arameo, de sobrenombre “Justo”, pero... comienza algo nuevo.
- El criterio que se propone para la elección es muy interesante: haber compartido o sido testigo de la vida pública de Jesús y de su resurrección. Es la CLAVE de todo: el contacto personal, el conocimiento vital de Jesús, de cuanto vivió y del proyecto que ofreció a cuantos se abrían a este don de Dios. Y es que no es cuestión de “doctrinas”, sino de una vida que se contagia y se transmite.
- En este clima Pascual y celebrando la fiesta de un apóstol, también para nosotros, el dilema es el mismo: para ser su apóstol y testigo, para prestar este “servicio”, es necesario haber compartido con Jesús, tener experiencia vital y personal. Esta clave, que se nos repite hasta la saciedad, es fundamental: nadie puede ser testigo si no ha vivido y experimentado. ¿Cómo me encuentro de “experiencia” personal del Señor Jesús? ¿Estoy “preparado” para este “servicio apostólico”?

Evangelio: Juan 15, 9-17
“... Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el da la vida por sus amigos..."
 CLAVES PARA LA VIDA
- La perícopa evangélica prosigue y profundiza en el tema planteado: el del amor. Jesús, prosiguiendo con la analogía de la vid y los sarmientos, añade matices siempre nuevos para hacer comprender cuál es la relación que le une al Padre y a los hombres. La expresión “permanecer en él” (vv. 4-7) se explica ahora en el sentido de “permanecer en su amor”, es decir, en esa circulación de caridad, de pura donación, que es la vida trinitaria en sí misma y en su apertura al hombre (v. 9).
- A Jesús, como bien atestiguan sus parábolas, no le gusta el lenguaje abstracto. Si habla, es para ofrecer palabras que son «espíritu y vida» y, por consiguiente, tienen que poder ser comprendidas y vividas por todos. Permanecer en su amor es así sinónimo de «observar sus mandamientos». Una vez más es la vida trinitaria el modelo que se propone al hombre: Jesús permanece en la caridad del Padre y es una sola cosa con él porque acoge, ama y realiza plenamente su voluntad (v. 10). Como dice el himno cristológico de Flp 2, «se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó...». Esta unión de voluntades, con la seguridad de que el designio del Padre es el verdadero bien, es la alegría del Hijo, y él, al pedir la observación de sus mandamientos, no hace otra cosa que invitar al discípulo a participar de su misma alegría (v. 11).
- Su mandamiento es el amor recíproco, hasta estar dispuesto a ofrecer la vida por los otros (vv. 12s). Ese amor es el que hace caer todas las barreras, hace «prójimo» a todo hombre, hace nacer una amistad que sabe compartir las cosas más importantes. Su realización perfecta se encuentra en Jesús, que, antes de morir, dice a sus discípulos: «Ya no os llamo siervos, sino amigos», aunque sabe que muy pronto le dejarían solo.
 CLAVES para la VIDA
- Nos encontramos en una de estas Catequesis profundas y vitales que el discípulo amado nos ofrece para comprender todo el misterio de la persona de Jesús. Y aquí hallamos, una vez más, la clave maestra de toda la vida de Jesús: es su relación con el Padre, pero no como algo teórico y racional, sino algo profundamente vital. Hasta tal punto es así, que realizar la voluntad del Padre es para Jesús “el alimento”, y es la causa de su alegría, la fuente de todas sus satisfacciones. Ahí llega su comunión con él.
- Por eso “permanecer en él” es la clave para el discípulo porque es en esa unión profunda donde adquirirá el conocimiento, la experiencia que necesita y que moverá su vida. Ahí aprenderá el discípulo que el “amor” y permanecer en ese amor, es lo que  le hará parecerse a Jesús y vivir lo que él mismo vivió: “Ya no os llamo siervos, sino amigos”: he ahí la nueva realidad a la que Jesús invita a sus seguidores.
- Por lo tanto, su invitación es bien concreta: a compartir con él cuanto él mismo ha vivido en su comunión con el Padre; su alegría reside en vivir esa relación filial; el discípulo, hoy, yo/nosotros, somos invitados a gustar y experimentar esa misma relación y a expresarlo en el amor a los hermanos. Es la GRAN invitación ¿Te animas, hermano/a?

viernes, 11 de mayo de 2012


SÁBADO, día 12


Hechos de los Apóstoles 16, 1-10
“... Pablo fue a Derbe y luego a Listra. Había allí un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de un griego y de una judía cristiana... Aquella noche Pablo tuvo una visión: un macedonio le rogaba: Ven a Macedonia y ayúdanos. Apenas tuvo la visión, inmediatamente tratamos de salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio...”
 CLAVES para la LECTURA
- Lucas pasa ahora a narrar los acontecimientos misioneros de Pablo: él será el protagonista de la tercera parte de los Hechos de los Apóstoles. El fragmento de hoy presenta el segundo viaje misionero, ya avanzado. Entre tanto ha tenido lugar la separación de Bernabé, a causa -según Lucas- de una diferente valoración de la persona de Juan Marcos. Pablo elige como nuevo compañero a un discípulo suyo al que siempre le unirá un gran cariño: Timoteo. Haciendo gala de una gran elasticidad pastoral, especialmente en vistas a la acción entre los judíos, Pablo lo hizo circuncidar, aunque no viera para ello ninguna necesidad doctrinal. Pablo se hace en verdad todo para todos por el Evangelio.
- Es significativo el hecho de que el Espíritu hace prácticamente las veces de guía, corrigiendo la ruta de los misioneros. Lucas quiere subrayar que el protagonista y el director de la evangelización es el Espíritu Santo, que tiene sus planes, a menudo diferentes a los de los hombres. Es el Espíritu quien impulsa a Pablo a pasar a Europa, en vez de adentrarse en las regiones de Asia menor.
- Hay un misterio en la llamada a los pueblos y las naciones que escapa por completo a la mirada humana. Baste con una sencilla reflexión: el programador de la evangelización es con toda claridad el Espíritu Santo; no se trata de una acción organizada por los hombres, aunque estén llenos de fe y de celo. En la acción de Pablo no había demasiada organización, sino una gran disponibilidad a la acción del Espíritu. ¿No hace esto hoy actual y digno de atención este dicho, que podría parecer sólo un eslogan: «Menos organización y más Espíritu»?
 CLAVES para la VIDA
- ¡Qué elasticidad la de Pablo, incluso “cediendo” a criterios pastorales y haciendo circuncidar a Timoteo! ¡Qué disponibilidad a la fuerza y a las llamadas del Espíritu la que viven estos apóstoles y evangelizadores! El autor de los Hechos insiste en la presencia significativa del Espíritu en toda esta acción evangelizadora de las primeras Comunidades, más allá de las visiones y previsiones humanas. Posiblemente estamos ante el hecho, real y vivido, de “menos organización y más Espíritu”.
- Aquí se nos ofrece cómo el Espíritu de Jesús es un misterioso pero eficaz agente de vida eclesial, quien inspira a la comunidad cuáles son los lugares y caminos de la evangelización en cada momento. Todo ello vivido en un clima de comunidad y de búsqueda. ¡Ahí es nada!
- La historia de las primeras comunidades nos sigue ofreciendo pautas de acción y de actuación válidas, hoy y aquí: el saber discernir “los signos de los tiempos”; las “llamadas del Espíritu” a asumir acciones y nuevos desafíos; la disponibilidad a afrontar los retos y a hacerlo desde esa conciencia de envío que viven... Todo esto y más se nos sigue ofreciendo, sugiriendo, invitando... ¿Bien? ¡Buen ánimo!

Evangelio: Juan 15, 18-21
“... Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo...”
 CLAVES para la LECTURA
- La perícopa contiene una advertencia de Jesús dirigida a sus discípulos sobre el odio y el rechazo del mundo que tendrán enfrente. Si la nota distintiva de la comunidad cristiana es el amor, ahora el Maestro presenta a los suyos lo que caracteriza al mundo que les rechaza: el odio (v. 18). El Señor advierte y explica ese odio del mundo y emite un juicio sobre el mismo.
- El odio del mundo hacia la comunidad cristiana es consecuencia lógica de una opción de vida: los seguidores del Evangelio no pertenecen al mundo, y éste no puede aceptar a quien se opone a sus principios y opciones. Los creyentes, en virtud de su opción de vida a favor de Cristo, son considerados como extraños y enemigos. Su vida es una continua acusación contra las obras perversas del mundo y un reproche elocuente contra los malvados. Por eso es odiado y rechazado el hombre de fe.
- Pero ¿cómo se manifiesta el odio del mundo contra los discípulos? Mediante las persecuciones que han de padecer los creyentes por el nombre de Cristo. No son en verdad estas pruebas las que deben desanimar a los discípulos ni en su camino de fe ni en su misión de evangelización. También su Señor experimentó la incomprensión y el rechazo hasta la muerte (v. 20). Es más, la persecución y el sufrimiento son una de las condiciones de la gloria que toda la comunidad cristiana debe compartir con su Salvador. La suerte de los discípulos es idéntica a la de Cristo: si éste ha sido perseguido, también lo serán sus discípulos; si éste fue escuchado, también lo serán los suyos (vv. 20s).
 CLAVES para la VIDA
- Dentro de este contexto de comunicación vital de Jesús con los suyos, donde predomina el amor, ahora se nos introduce otra palabra, el odio, y Jesús así les advierte a los suyos, como parte de la historia y del contraste que van a vivir. El origen de este odio es que no comparten ese “ser del mundo” y por lo tanto, ese mundo les va a rechazar, porque no son de los suyos. Y es que las fuerzas que se oponen al Reino están en marcha.
- Pero todo esto no es ninguna novedad respecto a los seguidores, porque ésa misma es la condición que le ha tocado vivir al Maestro: Él ha sido rechazado frontalmente por esa realidad del “mundo”; y él mismo nos ha elegido y sacado del mundo (v. 19) para poder vivir con la dinámica que él ha vivido. Ésta es la nueva condición y situación del discípulo: ha sido “rescatado” por el mismo Señor de las fuerzas del mundo.
- Y aquí nos encontramos nosotros, invitados a participar de esa VIDA que él nos ofrece y que quiero compartir, y con todas las consecuencias. Eso sí: sólo si estoy “unido” a él (como el sarmiento a la vid) tendré vida y me llegará la savia portadora de esa vida. ¡Es la conclusión de este camino Pascual! ¿Estás de acuerdo, hermano/a?

jueves, 10 de mayo de 2012


VIERNES, día 11


Hechos de los Apóstoles 15, 22-31
“… Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsaba y a Sila... Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables…”
 CLAVES para la LECTURA
- La asamblea concluye con la elección de una delegación y el envío de una carta. En ella se desautoriza a los rigoristas -o sea, a los que habían provocado el altercado- y se da vía libre a la apertura a los paganos, sin imponerles demasiadas cargas. Es importante la conciencia que tiene la asamblea de haber tomado una decisión bajo la iluminación del Espíritu Santo: la Iglesia ha experimentado, desde sus orígenes, la presencia del Espíritu y la ha transmitido a lo largo de los siglos. El discernimiento practicado -en el que ha participado toda la Iglesia- ha sido verdaderamente «espiritual», es decir, ha sido guiado por el Espíritu.
- La delegación debe explicar los detalles del contenido del texto, así como las cláusulas de Santiago, presentadas como generosas; esto es, no como cargas pesadas. De hecho, esas limitaciones caerán pronto en desuso frente a la aplastante presencia de los procedentes del paganismo y la disminución del componente judío. El mismo Pablo, por su parte, no hizo nunca alusión a estas cláusulas.
- La línea de Antioquía tiene ahora vía libre para su estilo de evangelización: sus tesis han sido aceptadas y avaladas plenamente. Se comprende que «su lectura les llenara de alegría y les proporcionara un gran consuelo». Este consuelo les animó a seguir por el camino emprendido. Antioquía se convierte ahora en el nuevo centro de irradiación del Evangelio y en el punto de partida de las nuevas empresas de Pablo. Reina un clima de alegría y de serenidad por el avance del Evangelio, que les hace cerciorarse de la importancia vital de la difusión del camino de la salvación a todos los hombres.
 CLAVES para la VIDA
- Seguimos aprendiendo de aquella primera Comunidad Cristiana: tras el discernimiento profundo, intenso y, muy probablemente, tenso, han llegado a una conclusión y la comparten con otras comunidades. Se abre una nueva vía de evangelización y, así, Antioquía, será la nueva plataforma de irradiación del Evangelio; desde ahí partirá Pablo en sus caminatas, tanto para el anuncio como para la implantación de nuevas comunidades y su organización.
- Detrás de este discernimiento y decisión hay una convicción profunda y teológica: la salvación viene de Jesús y no es necesario pasar por el judaísmo para participar en esa plenitud; es la tesis de Pablo y Bernabé; ha triunfado la tesis de la tolerancia; ha quedado claro en dónde radica el núcleo de todo, y éste no es otro que Jesús. ¡Enorme lección, básica pero muy interesante! Si bien muy olvidada a través de la historia.
- Esta afirmación el Espíritu Santo y nosotros hemos decidido...” se convierte en todo un estilo y forma de hacer las cosas. ¡Vaya desafío! Lo malo es que creamos que tenemos “más Espíritu” que los demás. En cualquier campo de mi vida... ¿cómo trabajo la corresponsabilidad? ¿cómo busco el discernimiento y el consenso compartido? ¿soy tolerante y acogedor?...

Evangelio: Juan 15, 12-17
“… Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como Yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos... No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros…”
 CLAVES para la LECTURA
- Las relaciones entre Jesús y los discípulos asumen una intensidad particular en esta breve perícopa, donde se afronta el tema del mandamiento del amor fraterno: Amaos los unos a los otros como yo os he amado (v. 12). Los mandamientos que debe observar la comunidad mesiánica están compendiados en el amor fraterno. Este precepto del Señor glorifica al Padre. Supone vivir como verdaderos discípulos y dar como fruto el testimonio. Ahora bien, la calidad y la norma del amor al hermano son una sola: el amor que Jesús tiene por los suyos, un amor que ha llegado a su cima en la cruz (v. 13).
- La cruz es el ejemplo de la entrega de Jesús hasta el extremo por sus discípulos: ha entregado su propia vida por aquellos a los que ama. Lo que desea de los suyos, a cambio, es la fidelidad al mismo mandamiento siguiendo su ejemplo. La riqueza del amor que une a Jesús con los suyos, y a los discípulos entre ellos es, en consecuencia, total y de una gran calidad.
- El modelo del amor de Jesús por sus discípulos no tiene que ver solamente con el sacrificio de su vida, sino que contiene también otras prerrogativas: es relación de intimidad entre amigos y don gratuito (vv. 14s). El signo mayor de la amistad entre dos amigos consiste en revelarse los secretos de sus corazones. El amor de amistad, del que nos habla Jesús, no se impone; es respuesta de adhesión en el seno de la fidelidad. El Maestro, al hacer partícipes a sus discípulos de los secretos de su vida, ha hecho madurar en ellos el seguimiento, les ha hecho comprender que la amistad es un don gratuito que procede de lo alto.
- La verdadera amistad se sitúa en el orden de la salvación. Jesús ya no es para ellos el señor, sino el Padre y el confidente, y ellos ya no son siervos, sino amigos. Convertirse en discípulo de Jesús es don, gracia, elección y certeza de que nuestras peticiones dirigidas al Padre en nombre de Jesús serán escuchadas (vv. 16s).
 CLAVES para la vida
- La reflexión de Jesús en este contexto de la última Cena progresa en círculos: ya ha insistido en lo de “permanecer en él” y que, en concreto, deben permanecer en su amor, guardando sus mandamientos. Pero ahora añade matices entrañables y significativos: no os llamo siervos, sino amigos (v. 15), no sois vosotros los que me habéis elegido, yo soy quién os ha elegido (v. 16); amaos unos a otros como yo os he amado (v. 17): ahí están las claves de todo cuanto Jesús ha vivido y quiere que vivan sus amigos, sus seguidores, con toda la carga de intimidad y de profundidad.
- El “amor fraterno” que Jesús propone va hasta el extremo de ofrecer la vida; así es el amor concreto y sacrificado que busca el bien del otro, incluso por encima del propio y ello con esfuerzo y renuncia. Y Él se presenta como Modelo y Maestro en esta inmensa tarea.
- Sólo desde la experiencia íntima de relación personal con Él, de sentir y experimentar que soy su “amigo” y no su siervo, podré hacerme cargo de su propuesta-mandato del amor fraterno, como él mismo lo ha vivido. Si quiero hacerle caso a cuanto nos está revelando en esta última Cena, vivir una RELACIÓN íntima y personal es absolutamente imprescindible, es cuestión de vida o... “no vida” (muerte).

miércoles, 9 de mayo de 2012


JUEVES, día 10:   San Juan de Ávila


Hechos de los Apóstoles 15, 7-21
“... Después de una fuerte discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los ancianos: Hermanos, desde los primeros días, como sabéis, Dios me escogió para que los gentiles oyeran de mi boca el mensaje del evangelio y creyeran. Y Dios que penetra los corazones, mostró su aprobación dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros ...”
 CLAVES para la LECTURA
- En la asamblea de Jerusalén están presentes dos preocupaciones: salvaguardar la universalidad del Evangelio y, al mismo tiempo, mantener la unidad de la Iglesia. La apertura al mundo pagano, es decir, la toma de conciencia de la universalidad del Evangelio, no da origen a dos Iglesias, sino a una única Iglesia con connotaciones pluralistas. Corresponde a Pedro la tarea de defender la opción de Antioquía. Y lo hace partiendo de su propia experiencia, apoyando plenamente la línea de Pablo, usando incluso su típico lenguaje teológico: «Creemos que nos salvamos por la gracia» (v. 11). En consecuencia, no se habla de imponer el peso de la circuncisión o cualquier otro fardo insoportable.
- El problema de la convivencia de las dos culturas, formas, mentalidades, tradiciones, fue planteado por Santiago, portador de las instancias de la tradición. No se opone a Pedro, pero sugiere algunas observancias rituales importantes para los judíos, que permitirán una convivencia que no ofenda la sensibilidad de los que proceden del judaísmo. Se trata de normas de pureza legal tomadas del Levítico. Para Santiago, las comunidades de los cristianos judíos y paganos son diferentes, pero deben vivir sin altercados: por eso es preciso dar normas prudentes.
- Entre el discurso de Pedro, el último en Hechos de los Apóstoles, y el de Santiago se ha intercalado el testimonio de los hechos por parte de Bernabé y Pablo, y todo el conjunto viene después de «una larga discusión» (v. 7). Ambos discursos podrían ser considerados como conclusión y resumen de un paciente «proceso de discernimiento comunitario» en el que han sido expuestos, escuchados y discutidos a fondo todos los hechos y todos los argumentos. De este modo, queda salvada la libertad del Evangelio y, también, la unidad de la Iglesia. Es un método que se considera cada vez más como ejemplar y que se presagia como el normal en las distintas decisiones eclesiales.
 CLAVES para la VIDA
- Descubrimos cómo la primera comunidad camina en medio de dificultades, de búsquedas y de discernimiento ante las situaciones que se presentan. Posturas aperturistas que acogen al mundo de la gentilidad, con quien Dios ha obrado maravillas; actitudes de concordia y de profundo respeto mutuo; y desautorización de las tesis radicales que habían creado un peligro real de división y de enfrentamiento. Todo ello animado por ese Espíritu que está inspirando la búsqueda y el discernimiento.
- Impresiona que aquella gente sencilla y sin gran cultura, como era el grupo de los apóstoles, tenga ese talante dialogador y de discernimiento. Está claro que el Espíritu está poniendo en marcha toda aquella experiencia vital que habían compartido con el mismo Jesús; y es que ellos han participado activamente en esa ESCUELA, tan sugerente y vital. ¡Han tenido un gran maestro!
- Hoy, nosotros, la comunidad de Jesús, también con limitaciones humanas y de otras índoles, somos animados a seguir el mismo estilo de actuación, de búsqueda, de discernimiento en base al diálogo, a la acogida, al acuerdo. ¡Cuánto nos queda por aprender de aquella sencilla historia de la primera comunidad! ¿Cómo me siento yo? ¿Con talante dialogador y de búsqueda? O... ¿atascado?, ¿sin ilusión?

Evangelio: Juan 15, 9-11
“... Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud..."
 CLAVES para la LECTURA
- ¿Cuál es el fundamento del amor de Jesús por los suyos? El texto responde a esta pregunta. Todo tiene su origen en el amor que media entre el Padre y el Hijo. A esta comunión hemos de reconducir todas las iniciativas que Dios ha realizado en su designio de salvación para la humanidad: «Como el Padre me ama a mí, así os amo yo a vosotros. Permaneced en mi amor» (v. 9).
- Ahora bien, el amor que Jesús alimenta por los suyos requiere una pronta y generosa respuesta. Ésta se verifica en la observación de los mandamientos de Jesús, en la permanencia en su amor, y tiene como modelo su ejemplo de vida en la obediencia radical al Padre hasta el sacrificio supremo de la misma.
- Las palabras de Jesús siguen una lógica sencilla: el Padre ha amado al Hijo, y éste, al venir a los hombres, ha permanecido unido con él en el amor por medio de la actitud constante de un «sí» generoso y obediente al Padre. Lo mismo ha de tener lugar en la relación entre Jesús y los discípulos. Éstos han sido llamados a practicar, con fidelidad, lo que Jesús ha realizado a lo largo de su vida. Su respuesta debe ser el testimonio sincero del amor de Jesús por los suyos, permaneciendo profundamente unidos en su amor. El Señor pide a los suyos no tanto que le amen como que se dejen amar y acepten el amor que desde el Padre, a través de Jesús, desciende sobre ellos. Les pide que le amen dejándole a él la iniciativa, sin poner obstáculos a su venida. Les pide que acojan su don, que es plenitud de vida. Para permanecer en su amor es preciso cumplir una condición: observar los mandamientos según el modelo que tienen en Jesús.
 CLAVES para la VIDA
- Con la metáfora de la vid y los sarmientos, Jesús invitaba a “permanecer en él” para poder dar fruto. Hoy continúa el mismo tema, pero avanzando y concretando en qué consiste ese “permanecer” en Cristo: se trata de “permanecer en su amor guardando sus mandamientos” (v. 10). Así se restablece una misteriosa y admirable relación triple: la fuente de todo es el Padre; el Padre ama a Jesús y Jesús al Padre; Jesús, a su vez, ama a los discípulos, y éstos deben amar a Jesús y permanecer en su amor, guardando sus mandamientos, lo mismo que Jesús permanece en el amor al Padre, cumpliendo su voluntad.
- Aquí, en esa profunda relación, está la causa de la plena alegría: “que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud”. Es uno de los frutos de la Pascua, esa misma alegría que llena el mismo corazón de Jesús, porque se siente amado por el Padre, cuya voluntad está cumpliendo, aunque no sea nada fácil.
- Y aquí estamos nosotros, siguiendo las huellas de este Jesús, quien se siente fundamentado en el amor del Padre y donde encuentra la alegría para la entrega hasta el final y en favor de sus hermanos. La “paz” y la “alegría” son frutos pascuales, son dones que plenifican, serenan. ¿Cómo me encuentro de PAZ y de ALEGRÍA? ¿Son “notas” reales en mi vida, hoy y aquí?

domingo, 6 de mayo de 2012


LUNES, día 7


Hechos de los Apóstoles 14, 5-18
“... Había en Listra un hombre lisiado y cojo de nacimiento, que nunca había podido andar y estaba siempre sentado. Escuchaba las palabras de Pablo; y Pablo, viendo que tenía una fe capaz de curarlo, le gritó, mirándolo: Levántate, ponte derecho. El hombre dio un salto y echó a andar...”
 CLAVES para la LECTURA
- Estamos de nuevo ante un episodio de curación que continúa el paralelismo entre los hechos de Pedro y los de Pablo (la referencia a la curación del paralítico en la puerta «Hermosa» es evidente); Lucas usa aquí, como en otros lugares, el verbo «salvar» en el sentido de «curar», tal como recoge la traducción que presentamos.
- La reacción del público, en cambio, es nueva. Mientras la reacción normal a un milagro entre los judíos era la de dar gloria a Dios (4, 21), aquí, entre los paganos, se da gloria a los hombres. Había una antigua leyenda, ambientada en un pueblo no alejado de Listra, referente a Filemón y Baucis, dos agricultores que dieron hospitalidad a Zeus y a Hermes. Esta leyenda, recogida por Ovidio, debía de ser muy conocida por los habitantes de la región. Los honores tributados a los dos personajes estaban dictados también por la preocupación de no caer en el duro castigo que propinaron los dioses a los que no los acogieron. Hermes era venerado además como dios de la salud, y Pablo había curado al paralítico. Había, por tanto, más de un motivo para honrar como es debido a los dos extraordinarios personajes.
- El discurso que sigue a continuación refleja una situación de emergencia y desconcierto. Pero es importante, porque se trata del primer discurso dirigido a los paganos. No se citan las Escrituras, pero sí aparece una invitación explícita a que abandonen los ídolos y se conviertan al Dios vivo y verdadero, creador de todas las cosas. Es probable que se trate de la argumentación típica empleada por los evangelizadores respecto a los paganos, una argumentación que ya había hecho muchos prosélitos entre ellos. Estamos ante un ejemplo de inculturación y de adaptación a la situación.
 CLAVES para la VIDA
- Seguimos las huellas de estos protagonistas de la joven Iglesia y realmente es muy sugerente seguir ese camino por cuanto es posible descubrir: las dificultades y las persecuciones no son obstáculo para estos intrépidos testigos. Y de nuevo, descubrimos la capacidad de adaptarse que presenta Pablo, quien es muy consciente del público al que se dirige, ya que argumenta desde una base desde la que le puedan entender y aceptar el mensaje que les dirige. Un desafío real para todas las generaciones que se planteen la evangelización de nuestro mundo.
- Pablo y Bernabé se sienten obligados a escapar del endiosamiento al que quieren llevarles aquellas gentes: peligro constante del apóstol, el buscarse a sí mismo, en lugar de ser claramente un “camino hacia” Cristo, lógicamente. Aquí vemos cómo afrontan esa situación, si bien no les fue fácil (v. 18) nos dice el relato. ¡Interesante su actitud, sin dejarse llevar por el momento y por lo fácil!
- Es hermoso “aprender” a través de estos modelos que nos ofrece la Palabra de Dios, aprender su capacidad de adaptarse a las situaciones más complicadas y, especialmente, a la cultura y a la capacidad de sus oyentes; aprender a superar la tentación del endiosamiento que siempre nos acecha en nuestra vida. Ser “indicadores”, quienes “señalen” y “apunten” hacia Cristo, para que se encuentren con Él.... es la tarea que nos proponen estos testigos y otros. ¿Estoy en “buena línea”? O...

Evangelio: Juan 14, 21-26
“... El que sabe mis mandamientos y los guarda, ése me ama: y al que me ama lo amará mi Padre y lo amaré yo, y me mostraré a él... El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él...”
 CLAVES para la LECTURA
- El centro de interés del fragmento es la auto revelación de Jesús, solicitada por una pregunta ulterior del apóstol Judas de Santiago. El Maestro había anunciado precedentemente a los discípulos que ya se había manifestado a ellos, aunque de un modo espiritual. Sin embargo, esas palabras no habían sido comprendidas por los suyos, que pensaban en una manifestación gloriosa y mesiánica delante de todos.
- Jesús se sirve de la pregunta del apóstol (v. 22) para plantear de nuevo el tema de la presencia de Dios en la vida del creyente (v. 23). Sólo quien ama está en condiciones de observar la Palabra de Jesús y de acoger su manifestación espiritual e interior. Y quien observa esta Palabra (= los mandamientos) será amado por él y por el Padre. Más aún, quien muestre amor a Jesús recibirá en su propia intimidad la presencia del mismo: Jesús habitará en su corazón junto con el Padre y el Espíritu. La inhabitación de la Trinidad en el creyente está, pues, condicionada no tanto por Dios como por nosotros mismos: amar a Jesús y observar su Palabra. En cambio, quien no ama ni practica los mandamientos no puede formar parte de esta vida de Dios (v. 24).
- En este punto del coloquio, Jesús, lanzando una mirada retrospectiva a toda su misión de revelador, establece una distinción entre su enseñanza y la del Espíritu (vv. 25s): el tiempo de Cristo lleva en sí la verdad, porque Jesús es «la verdad» (14, 6); el tiempo del Espíritu la ilumina y la hace penetrar en el corazón de los creyentes, porque «el Espíritu es la verdad» (1 Jn 5, 6).
 CLAVES para la VIDA
- Seguimos escuchando y meditando las reflexiones de la Última Cena. En ocasiones, se nos invita a creer en Jesús. En esta ocasión se nos propone amarle y seguir sus caminos. Cuando él se vaya, ¿cómo se podrá decir que permanecemos en él, que creemos en él y le amamos? El que me ama guardará mi palabra (v. 23), aquí está el test que detecta nuestra capacidad de unión y comunión con Él.
- Y es que las consecuencias son inesperadas, pero admirables, porque crean una intercomunión con Cristo y con el Padre: el que me ama lo amará mi Padre y yo lo amaré (v. 23). Hemos llegado al núcleo de toda la intimidad de Dios con nosotros y de nosotros con Dios, por medio de Jesús. Porque no es posible olvidar que Jesús es el CAMINO al Padre.
- Si cabe, aún más: Jesús nos anuncia al Espíritu como el protagonista de nuestra vida de fe. Lo llama el “Paráclito”, abogado y Defensor; le llama el Maestro (él os enseñará todo) y también “Memoria” (os irá recordando todo lo que os he dicho). Así, ya nos ha manifestado todo el entramado interno, todo el hermoso misterio de la intimidad de Jesús con su seguidor, con cada uno de nosotros. ¿Cómo cuido esta intimidad, cómo la valoro? ¿Qué protagonismo tiene, de hecho, el Espíritu en mi vida, en mi caminar?