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sábado, 19 de octubre de 2013


DOMINGO, día 20 de Octubre     

 

Éxodo 17, 8-13

 

“… Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía bajada, vencía Amalec… Aarón y Jur le sostenían los brazos uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada…”

 
 CLAVES para la LECTURA

 
- Lances de guerra son también tema típico de la etapa de Israel por el desierto. Son una nota más de la dureza de ese camino, carente de todo bien natural, lleno de necesidades y peligros. Es el lugar de la prueba de Israel y también de la prueba de Dios. El encuentro con enemigos da lugar, en este contexto, a la proclamación de la guerra santa. En ella aparece Dios como guerrero que lucha por su pueblo. Los episodios bélicos en esta etapa de la historia se orientan ya hacia la siguiente, la etapa de la conquista. Según la versión que leemos, los amalecitas toman la iniciativa de atacar; Moisés ordena a Josué una acción de represalia, con un puñado de hombres de guerra, mientras él suplica desde lo alto de una colina, con el bastón taumatúrgico en la mano; la suerte de la batalla se ve depender de su gesto; mientras Aarón y Jur mantienen en alto el brazo de Moisés, Josué remata la victoria.

 - Josué es introducido por vez primera aquí, en su faceta de hombre valiente y guerrero. Se le verá aparecer de nuevo en otros episodios relacionados con intentos de entrada en la tierra, como la hazaña de los exploradores (Núm 13s). Son rasgos que anuncian al que ha de ser la gran figura de la conquista según el libro de su nombre. El que será sucesor de Moisés para la obra de la conquista aparece aquí como su servidor en acciones que preludian la conquista.

 - Moisés no es pintado con rasgos de guerrero, ni siquiera en estos episodios bélicos en que él está presente. No es un caudillo militar, sino un intercesor y un taumaturgo. Lleva en la mano el bastón de los prodigios, que tantas veces da la impresión de ser una vara mágica. Los historiadores no cayeron en la cuenta de que podrían ser malentendidos, al acudir a ese recurso para hablar de la acción salvadora de Dios. Pero una lectura mágica del gesto está fuera de lugar. La victoria no se atribuye ni a la vara, ni al gesto, ni siquiera al Moisés orante, sino a Dios, de cuya obra sólo se puede hablar por esos signos u otros semejantes. La actitud de Moisés orante no es la del mago que controla el poder divino, sino la del que súplica al Dios indisponible, que responde libremente a la súplica. Por la relación que se atribuye a la victoria con el gesto suplicante, la contienda tiene carácter de guerra santa.

 - El artífice de una victoria es, en el plano histórico, un caudillo militar. Aquí no se dice que sea Josué el autor de la victoria, aunque sea él quien empuña la espada. El resultado no es visto exactamente como una victoria militar, sino como un acontecimiento de salvación, pues es Dios quien da la victoria. Tiene más parte en ella el Moisés suplicante que el Josué guerrero. En el relato se lee una intención deliberada de afirmar la obra salvadora del éxodo; pone a Dios en el primer plano sin rodeos. Es un testimonio de la fe de Israel sobre Dios y sobre su autocompresión como pueblo de Dios.

 
CLAVES para la VIDA

- El autor sagrado sigue mostrándonos el caminar de Israel, con momentos de dificultad, pero, al mismo tiempo, sintiendo la presencia salvadora de Dios en los acontecimientos de la vida. Y destaca, de manera singular, el papel de intercesión de su gran animador que es Moisés, implicado hasta el fondo con la causa de Dios y con la causa de este pueblo. De ahí su inmenso papel de intercesor y de mediador en beneficio de dicha causa.

 - En este caminar de Israel, con todo, el gran artífice es Dios, aquel que ha escogido a este pueblo como su preferido, que le ha liberado de la esclavitud de Egipto y que ahora le acompaña en su marcha hasta la instalación en la tierra prometida. Por lo tanto, las victorias que se dan en ese caminar son obra de la voluntad salvífica de Dios. El mismo relato de hoy no es más que el testimonio de la fe de Israel acerca de Dios, que sirviéndose de las mediaciones humanas, le ayuda en esa misión, lenta y difícil, de la posesión y de la instalación en la tierra prometida.

 - Estos relatos nos recuerdan el caminar del pueblo de Israel y la percepción de esa historia como historia salvífica. Y esto nos viene bien a todos nosotros, que tenemos las raíces de nuestra fe en esa historia concreta. Descubrir ahí, una vez más, el proyecto salvador de Dios para con la humanidad y para con nosotros; gustar de la fuerza y del valor de la intercesión de Moisés y descubrir su significación también para nuestra vida… son las grandes “lecciones” que se nos sugieren y proponen en este día. Hermano/a, no podemos dejar de lado estas enseñanzas; son vitales para nosotros.

 

2 Timoteo 3, 14 – 4, 2

 
“… Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender para corregir, para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda comprensión y pedagogía…”

 
CLAVES para la LECTURA

 
- En las cartas dirigidas a Timoteo, la custodia y la transmisión del depósito de la fe -es decir, de la tradición recibida de los apóstoles- es una especie de contraseña. Ese testimonio de fe debe ser mantenido intacto para ser restituido y transmitido después a través de la predicación y la vida de la Iglesia.

 - El fundamento de esta tradición lo proporcionan las Sagradas Escrituras, de cuyo papel salvífíco y eficaz se habla en los vv. 14-16: afirmación fundamental, junto con 2 Pe 1, 19-21, sobre el carácter inspirado de la Escritura. «Toda Escritura, por el hecho de haber sido inspirada por Dios...», otra posible traducción del v. 16a, es sumamente útil para la vida del creyente, mientras que las charlatanerías de los «falsos doctores» son inútiles (Tit 3, 9); más aún, perjudiciales.

 - El capítulo 4 se abre con una exhortación acongojada e intensa («Ante Dios y ante Jesucristo, que manifestándose como rey ha de venir a juzgar a vivos y muertos, te ruego encarecidamente») que llega a convertirse en un auténtico testamento espiritual en los vv. 6-8, en los que Pablo se siente cercano al martirio. El apóstol invita a su amado Timoteo a anunciar la Palabra de manera incansable (la fórmula usada tiene sabor proverbial y equivale a «siempre»). De su escucha y de su obediencia, en efecto, procede la salvación (Rom 10, 17).

 
CLAVES para la VIDA

 
- El infatigable apóstol, a pesar de su situación límite de cautiverio y de prisión, con todo lo que ello supone, sigue animando a su fiel discípulo a mantener el “depósito de la fe” que ha recibido. Y es que las dificultades se van a presentar y los enemigos están al acecho. De ahí la necesidad de un empeño especial en estos momentos de dificultad. El testimonio recibido de los apóstoles es elemento esencial de esa transmisión de la fe.

 - “Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, exhorta…” (4, 2): éste es el programa de vida que le presenta a Timoteo. Empeñándose en esa tarea, será fiel a la misión que ha recibido. Y la misión requiere esfuerzo y constancia. La Escritura será la base de ese trabajo, porque ahí se encuentra el núcleo del mensaje ofrecido por Dios mismo a través de los tiempos y que es necesario conocerlo. Y esto, en todo momento, “a tiempo y destiempo”.

 - El cansado apóstol no desiste en su quehacer de animación y es que la tarea sigue siendo necesaria. Y en este su “testamento espiritual”, nos deja las claves para la instrucción a realizar. Proclamar la Palabra de manera incansable, “a tiempo y a destiempo”... forma parte de esa misión. Por lo tanto, el “deseo de instruir” es un elemento de la tarea recibida. Hermano/a, también para nosotros están dichas estas palabras; también nosotros somos animados a ser instruidos y a instruir, a tiempo y a destiempo; no es posible desistir en el empeño. ¿De acuerdo?

 
Evangelio: Lucas 18, 1-8

 
“… En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: Hazme justicia frente a mi adversario; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara. Y el Señor respondió… Pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?…”

 
CLAVES para la LECTURA

 
- El evangelista Lucas se muestra muy atento a subrayar en su evangelio los aspectos referentes a la oración, sus modalidades, sus características. Y lo hace mostrando antes que nada a Jesús como el gran orante, pero revelándonos también a aquel a quien se dirige la oración de Cristo. La parábola que nos propone revela, en efecto, las disposiciones del corazón de Dios hacia «sus elegidos, que claman a él día y noche». La enseñanza de Jesús -expresada por medio de una parábola- es una invitación a perseverar en la oración sin detenerse, advertencia recogida también por Pablo y propuesta por él repetidamente (Rom 12, 12; 2 Tes 1, 11; Col 1, 3).

 - Dos son los personajes del relato. Un juez que no respeta a nadie y una viuda pobre e indefensa, figura típica de los marginados e indigentes en el mundo bíblico. El que debería administrar justicia es un ser inicuo, y es posible que espere obtener, demorando el asunto, algún regalo de la mujer. Si al final cede es sólo para alejar a una importuna que se le vuelve insoportable. Paradójica enseñanza de Jesús: él, como los rabinos de su tiempo, usa adrede argumentos capaces de llamar la atención de sus oyentes. Esta vez se trata de un razonamiento a fortiori. Si este juez inicuo atiende la causa de la viuda, mucho más escuchará Dios las oraciones de los fieles que se encuentran en necesidad. ¿Acaso no dice de él la Escritura que «las lágrimas de la viuda caen por sus mejillas»? ¿No dice también que el Altísimo dará «satisfacción a los justos» restableciendo la equidad? (Eclo 35, 15. 8).

 - A diferencia del juez, que demora los asuntos, Dios interviene a buen seguro y de inmediato respecto a los que claman a él día y noche. Lo importante es que cada creyente esté preparado: nadie debe ser encontrado sin esa fe obstinada, que se convierte en oración e invocación incesante, cuando vuelva el Hijo del hombre.

 
CLAVES para la VIDA

 
- En ese “caminar hacia Jerusalén”, el evangelista vuelve a insistirnos en otra de las grandes enseñanzas de Jesús, tanto con su vida como con su palabra: la necesidad de “orar siempre” (v. 1). Y lo ilustra con una parábola gráfica y de la vida: la viuda (alguien que no cuenta en aquella sociedad y cultura) con su insistencia y perseverancia es capaz de lograr que se le escuche y se le haga justicia. Jesús la propone como modelo de oración: “para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse” (v. 1).

 - La convicción que el evangelista nos presenta es que, según Jesús, Dios siempre escucha nuestra oración. Él quiere nuestro bien y nuestra salvación más que nosotros mismos. De ahí que nuestra oración es una respuesta, no es la primera palabra; nuestra oración se encuentra con la voluntad de Dios, que deseaba lo mejor para nosotros. Desde esta convicción, tiene sentido el “orar siempre” para encontrarse con ese querer de Dios que quiere nuestro bien, y así vivir la comunión plena.

 - Hasta aquí nos ha traído la Palabra de Dios: ORAR incesantemente para encontrarme con su voluntad salvífica, que es firme y sin condiciones. Adecuar mi vida, dejarme iluminar, experimentar su fuerza en mí y en mi caminar, compartirla con otros hermanos/as, y… desde ahí, ser TESTIGOS de ese proyecto de vida y salvación en medio de nuestra humanidad es la MISIÓN, la TAREA que se me plantea. ¿Nos animaremos, hermano/a?

viernes, 29 de junio de 2012


SÁBADO, día 30

Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19

“... El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá, derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes. Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza... Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia; derrama con agua tu corazón en presencia del Señor, levanta hacia él las manos por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas...”


CLAVES para la LECTURA
 - Jerusalén fue tomada el año 587. Históricamente era el fin de un pueblo. Teológicamente parecía el fin de una religión. La palabra de Yahvé a través de su profeta Jeremías se había cumplido. En verdad, Yahvé había hablado. Jeremías había sido su verdadero profeta. Esta constatación histórica y teológica fue origen de dos situaciones antagónicas. La de quienes todo lo daban por perdido y la de unos pocos que seguían viendo en ello la mano de Yahvé. Eran los verdaderos creyentes contra toda esperanza humana. Entre ellos, el autor de este cántico eclesiástico entresacado de las llamadas Lamentaciones de Jeremías.
- El libro de las Lamentaciones está compuesto de cinco cánticos, obra de una misma pluma. La tradición judía y la cristiana junto con la versión alejandrina pensaron en Jeremías como autor. Algunos argumentos internos corroboran esta tradición común. Otros más decisivos de fondo y forma han confirmado la opinión contraria nacida en el s. XVIII. Hoy es opinión común atribuir estos cantos a un contemporáneo de Jeremías.
- Escritas en verso, según el metro elegíaco, cada una de sus estrofas comienza por una letra del alefato. El sistema es, sin duda, artificial y adolece de falta de espontaneidad. Su autor era consciente de ello, pero no hemos de buscar la explicación en una posible decadencia literaria. Todo lo contrario. Con un mérito literario y poético excepcional, el poeta inspirado, teólogo de los acontecimientos, ha pretendido servirse de una forma mnemotécnica que permitiera a sus oyentes aprender y repetir con facilidad aquello que se les ofrecía. Por rebuscado que pueda parecernos, es lo suficientemente íntimo, fuerte, expresivo y directo como para reflejar el testimonio espontáneo de un testigo presencial.
- El contenido doctrinal de los cinco cánticos está en línea con toda la predicación profética, especialmente jeremiana, de la que se presenta como su culminación. La ruina de Jerusalén y la suerte de sus moradores no es fruto casual de una fracasada política humana sino la culminación religiosa de todo un proceso de alejamiento humano-divino, que ha conducido al pueblo escogido a ese otro alejamiento simbólico del destierro. La lejanía de Dios les ha llevado a la lejanía del trono de Dios, de Jerusalén. Dios busca que esta experiencia física de soledad y distanciamiento divino les haga comprender la malicia afectiva y efectiva de su ruptura con Dios. En la selección de que está compuesta la presente lectura se comienza presentando a Yahvé como el realizador de la catástrofe que padecen. Lo hecho por el ejército de Nabucodonosor ha sido obra exclusiva de Yahvé. Es la teología de la historia, que no es una historia falsificada sino una historia objetiva y verdadera contemplada desde la fe.

CLAVES para la VIDA
- Nos encontramos con una sufrida meditación sobre el exilio que soporta el pueblo elegido, consecuencia de sus prácticas idolátricas y por haber seguido las indicaciones de los falsos profetas. Este conjunto de acontecimientos conduce, al autor sagrado, al arrepentimiento y a la súplica. De hecho, la lejanía de la patria es la imagen palpable de la lejanía de Dios. La única respuesta válida es la oración por parte del pueblo y sus manos alzadas al cielo.
- Es la reflexión sobre la propia historia como pueblo y las consecuencias que ha acarreado esa forma de vivir de Israel, sin hacer caso al compromiso que supone la mutua Alianza. Pero ahí mismo, el autor sigue descubriendo motivos para la esperanza, ya que la actitud de Dios es de acogida y de perdón. Sólo una actitud humilde y confiada por parte del pueblo alza tus manos hacia él...” (v. 19), atraerá de nuevo la acción salvadora de Dios.
- Una lectura de fe la que nos invita a realizar este texto bíblico, al final de este recorrido por la  historia del pueblo elegido y que hemos seguido estas semanas. Ahí hemos descubierto también nuestro caminar, con sus grandes o pequeños altibajos. Abrirnos a este Dios que SIEMPRE salva; reconocer nuestra situación, tantas veces confusa y complicada... es el CAMINO del encuentro y de la nueva liberación. ¡Estamos en disposición...! ¡Buen ánimo!

Evangelio: Mateo 8, 5-17

“... Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho. Él le contestó: Voy yo a curarlo. Pero el centurión le replicó: Señor, ¿quién soy yo para que entres bajo mi techo? Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano... Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe...”


CLAVES para la LECTURA
- El evangelista Mateo, tras la curación de un leproso, presenta como segundo milagro de Jesús la curación de un pagano. En esta narración se pone de manifiesto, en particular, la condición necesaria para que Dios obre respecto a nosotros: la fe. El centurión presentado por Mateo es un oficial subalterno que manda sobre la guarnición del presidio de Cafarnaún, una pequeña ciudad de cierta importancia en aquellos tiempos. Jesús -al ser interpelado- responde probablemente con una frase interrogativa: «¿Tengo que ir a curarlo?». Sin embargo, la fe del centurión es firme, y, frente a una posible resistencia de Jesús, dado que él era pagano, considera que el Señor, con una sola palabra, puede llevar a cabo el milagro. En efecto, como oficial, sabe lo que significa obedecer a una palabra y cree que Jesús tiene autoridad para sanar también a distancia.
- «Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero di una sola palabra...»: maravillosa afirmación que, desde entonces, continúa resonando en la boca de los creyentes, llamados a acoger como huésped al Señor en el misterio eucarístico. Jesús exalta esta actitud de humildad y de fe, y acepta llevar a cabo lo que se le ha pedido, afirmando de manera abierta que la fe anula toda distinción entre judíos y paganos. Añade incluso que serán excluidos del Reino todos aquellos que, aún perteneciendo a la raza de Abrahán, no crean en el Hijo del hombre.
- Viene, a continuación, el episodio relacionado con la suegra de Pedro. Se trata de una mujer y, por consiguiente, de la tercera categoría de personas excluidas de la plena participación en el culto de Israel. En el relato de Mateo no están presentes los personajes secundarios que dan vivacidad a la narración de Marcos (1, 29-31). Aquí es Jesús quien parece entrar por sí solo en la casa de Pedro, ve a la suegra, se acerca y le coge la mano. Es sorprendente, sobre todo, el hecho de que la mujer, tras levantarse del lecho, se ponga a servirle de inmediato. Según algunos exégetas, esa precisión nos ayuda a comprender que, con Jesús, ha cambiado el culto: también la mujer puede ofrecer un servicio personal y directo a su Señor. Ha sido curada, en efecto, para servir a los hermanos.
- El pasaje se cierra observando que le llevaron muchos endemoniados a Jesús y que éste los curó a «todos». La suya es una autoridad absoluta, que está dotada del poder de curar con una palabra, con un simple contacto, y hace al hombre -a todo hombre- idóneo para servir al Señor, algo que es consecuencia del hecho de que Jesús se hizo cargo de nuestros males en la cruz. En efecto, quien ama, carga con el mal del amado.

CLAVES para la VIDA
- Si los días pasados era el Maestro el que nos enseñaba su nuevo estilo de ser y de vivir, hoy se nos presenta a ese Maestro actuando y su actuar es para crear vida, especialmente donde hay marginación, ya sea con un leproso, con un pagano y del poder ocupante, o con una pobre mujer, la suegra de Pedro. Donde se da la fe y la humildad, se hace presente la fuerza liberadora y curativa de Jesús para realizar el proyecto de Dios.
- Y es que ese proyecto no se detiene ante las barreras religiosas, culturales o sociales que se presentan. La salvación está abierta a TODOS y la actuación de Jesús es un buen exponente de este acontecimiento. El final del evangelio de hoy Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades (v. 17) es el resumen que mejor recoge la tarea y la actividad de Jesús, con un objetivo claro: ofrece la vida de Dios a los hombres y así puede alcanzar la humanidad la plena felicidad.
- Si ésta es la oferta que se me hace, soy llamado a ACOGERLA, hacerla mía, y gustarla. Y desde ahí, hacerla llegar a cada rincón y a cada situación de mi pequeña historia. Así participaré en la acción liberadora de Jesús. ¿Estoy dispuesto/a a ello? ¿Me siento ilusionado/a? ¡Es una hermosa oportunidad!

sábado, 5 de mayo de 2012


SÁBADO, día 5


Hechos de los Apóstoles 13, 44-52
“... El sábado siguiente casi toda la ciudad acudió a oír la Palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones: teníamos que anunciaros primero a vosotros la Palabra de Dios, pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor...”

CLAVES para la LECTURA
- Se presenta aquí una problemática muy sentida por la comunidad cristiana primitiva: el rechazo del Evangelio por parte de los judíos y la consiguiente predicación a los paganos. En nuestros días estamos menos interesados en este tipo de problemas relacionados con el derecho de precedencia de Israel a la salvación. Sin embargo, en aquella época estos problemas se consideraban con una gran seriedad y están presentados con frecuencia en los Hechos de los Apóstoles (13, 46s; 18, 6; 28, 28) y en tres capítulos (9-11) de la Carta a los Romanos. Eran problemas que planteaban interrogantes y producían angustia en la conciencia de los discípulos: ¿cómo es posible que el pueblo de las promesas no las haya reconocido una vez cumplidas?
- Aquí se subraya la alegría de los nuevos destinatarios, los efectos positivos de la persecución, el clima de optimismo que invadía a los discípulos -«estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo»- en medio de unos acontecimientos que no se presentaban ciertamente demasiado tranquilos. La Palabra, rechazada por los judíos, es acogida con entusiasmo por los paganos. Los apóstoles, rechazados en un lugar, se sacuden el polvo de los pies y difunden la Palabra en otros lugares. La persecución les llena de la alegría que viene del Espíritu y da la seguridad de seguir los pasos de Cristo, el justo rechazado por los hombres y exaltado por Dios.
- El libro de los Hechos de los Apóstoles rebosa de optimismo, de ese optimismo que no procede de la carne, sino del Espíritu. La alegría no brota de los éxitos, sino de las tribulaciones; no procede de las realizaciones humanas, sino de sentirse configurados con Cristo, de sentirse encauzados por el camino hacia Dios.

CLAVES para la VIDA
- Es curioso contemplar a aquellos primeros evangelizadores que a pesar de las persecuciones, estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo (v. 25). Está claro que aquel gozo y aquella alegría no radica en los éxitos, sino en su configuración con Cristo; es el “parecerse a Él” lo que da fuerza y vigor a Pablo y Bernabé. Ésta es la lección que aquellos evangelizadores nos muestran a los seguidores de todos los tiempos. ¡Gran lección y tan difícil de aprender!
- Impresiona la actitud de Pablo y Bernabé: están llenos de una convicción y de una fe que nada ni nadie les hará callar. Si no les dejan en las sinagogas, evangelizarán a los paganos; si no pueden en la escuela, lo harán en estructuras extraescolares. Todo depende de lo que tienen que comunicar y ellos se sienten portadores de una gran noticia. Ni persecuciones, ni el hecho de ser expulsados harán que desistan en su empeño.
- ¡Todo un camino y una actitud para la Iglesia de hoy, para nuestra comunidad! Seguir anunciando a Cristo, a pesar de las cortapisas que surjan desde el ámbito que fuere; ABRIRME a nuevos caminos, modos y métodos de evangelización: es todo un desafío, hoy, para nosotros. ¿Cómo me siento ante este desafío? ¿Con buen “temple” o...?


Evangelio: Juan 14, 7-14
“... Dijo Jesús a sus discípulos. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Desde ahora lo conocéis, pues ya lo habéis visto. Entonces Felipe le dijo: muéstranos al Padre; eso nos basta… El que me ve a mí, ve al Padre. ¿Cómo me pides que os muestre al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que os digo no son palabras mías. Es el Padre, que vive en mí, el que está realizando su obra. Debéis creerme cuando afirmo que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí...”


CLAVES para la LECTURA
- El tema fundamental del pasaje es la relación entre Jesús y el Padre. El evangelista, a la pregunta de por qué Jesús es el único mediador para llegar al Padre, responde que sólo Cristo puede conducir a los hombres a la comunión con Dios. Jesús es el camino al Padre porque conduce a él a través de su persona: Él está en el Padre y el Padre en Él. A partir de esta mutua inmanencia entre Jesús y el Padre se hace comprensible que el conocimiento de Jesús lleve al conocimiento del Padre (v. 7).
- El lenguaje del Maestro resulta oscuro para los discípulos, y por eso, Felipe pide ver la gloria del Padre. No ha comprendido que se trata de ir al Padre a través de la persona de Jesús. Los discípulos no han sabido reconocer en la presencia visible de su rabí las palabras y las obras del Padre (v. 9). Para ver al Padre en el Hijo es preciso creer en la unión recíproca entre el Padre y el Hijo.
- Sólo mediante la fe es posible comprender la copresencia entre Jesús y el Padre. De ahí que lo único que pueda pedir el hombre sea la fe y esperar con confianza ese don. El Señor, en su llamada a la fe, fundamenta la verdad de su enseñanza en una doble razón: su autoridad personal, que los discípulos han experimentado en otras ocasiones al vivir con Jesús, y el testimonio de las obras que hago (v. 11).
- La obra que Jesús ha inaugurado con su misión de revelador es sólo un comienzo. Los discípulos proseguirán su misión de salvación. Más aún: harán obras semejantes a las suyas e incluso mayores. Por último, el Maestro se ocupa de animar a los suyos y a todos los que crean en Él a participar en la obra de la evangelización y en su misma misión.

CLAVES para la VIDA
- Una vez más, como en tantas, el “discípulo amado” vuelve a destacarnos ese mundo de relación entre el Padre y el Hijo como la fuente de donde mana una situación NUEVA y DISTINTA: desde Jesús y por Jesús es posible la comunión plena con Dios-Padre y es que Jesús es el rostro y el espejo del Padre. De ahí que “conocer” a Jesús (algo experiencial) es conocer al Padre, sus proyectos, su vida en plenitud. Es la insistencia del evangelista, éste que constantemente nos empuja hacia esa experiencia, tan vital como profunda.
- Es el Padre, que vive en mí, el que está realizando su obra: es el núcleo; es lo que permanece; es lo que da consistencia. Desde ahora ya no es posible decir que no sabemos nada de Dios; sería falso. Todo cuanto Jesús dice y hace nos muestra al Padre. Los mismos discípulos proseguirán esta misión de vida y de salvación, compartiendo con Jesús el proyecto del Padre.
- Ésta es también mi tarea, hoy y aquí: compartir con el mismo Jesús el proyecto del Padre. Aquí nace el APÓSTOL; y sin esto no hay ENVÍO que valga, ni MISIÓN que cumplir. Si me falta este encuentro y experiencia, no me distingo del charlatán que vende “productos de higiene”, o algo parecido. ESTAR con Jesús; ENAMORARME de su misión; COMPARTIR desde la amistad su quehacer… ¡he ahí la razón de ser del testimonio! ¡Todo un camino y proceso a vivir, hermano/a!