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viernes, 27 de abril de 2012

Levantate


SÁBADO, día 28

Hechos de los Apóstoles 9, 31-42
“... Pedro recorría el país. Encontró un paralítico que desde hacía ocho años no se levantaba de la camilla. Pedro le dijo: Eneas, Jesucristo te da la salud: levántate. Se levantó inmediatamente... Al llegar a Jafa, lo llevaron a la sala de arriba... Pedro mandó salir fuera a todos. Se arrodilló, se puso a rezar y dirigiéndose a la muerta dijo: Tabita, levántate. Ella abrió los ojos y al ver a Pedro se incorporó. Él la cogió de la mano, la levantó y llamando a los fieles, se la presentó viva...”

CLAVES para la LECTURA
- El fragmento empieza con una consideración sintética de la situación interna de la Iglesia. La comunidad cristiana “gozaba de paz”, se mantenía en el santo temor de Dios y se extendía con el impulso del Espíritu Santo. Saulo ha sido llevado a Tarso, probablemente porque su presencia -discutida- creaba problemas a causa de su temperamento combativo, semejante al de Esteban.
- A continuación, se presenta a Pedro no tanto como evangelizador, sino como jefe religioso que -durante sus visitas pastorales- sostiene, ayuda y anima a los discípulos: visita algunas comunidades ya evangelizadas (probablemente por Felipe) y, a su paso, se reproduce el clima primaveral, sorprendente, milagroso, del paso de Jesús.
- Pedro contribuye con dos prodigios a la difusión del Evangelio. El apóstol se ha convertido ahora en el pastor taumaturgo que representa en la joven Iglesia no sólo la Palabra, sino el poder de curación de Jesús. Lucas no pierde la ocasión de recordar que Jesús vive y continúa obrando en la Iglesia apostólica como cuando estaba vivo en medio de los suyos.

CLAVES para la VIDA
- ¡Hermosa página de la historia de la primera Comunidad! Ahora, en una época de paz, se nos ofrece esa imagen donde la fuerza curativa de Jesús se ha comunicado a su Iglesia, concretamente a Pedro. Jesús, su Espíritu y la comunidad misma, con sus ministros, son los protagonistas de esta historia que Lucas describe en tono profundamente optimista: la comunidad se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba animada por el Espíritu Santo (v. 31): toda una síntesis para nuestra fe creyente.
- La joven Iglesia, en este caso por medio de Pedro, sigue obrando los mismos signos de Jesús. Así, la palabra (el anuncio) va avalada por las acciones de vida que se siguen produciendo. Y es que, según Lucas, es el mismo Jesús el que vive y continúa obrando en medio de los suyos como cuando estaba entre ellos; es su nueva presencia, tan real y efectiva como la primera.
- Aquí nos encontramos NOSOTROS, seguidores de Jesús, con su causa en nuestras manos y con tarea pendiente. Sanar y dar vida es el objetivo final; anunciar y hacer realidad su Buena Noticia es el quehacer y el empeño de su comunidad, hoy y aquí. Pero sólo cuando estemos llenos de su Espíritu y de su fuerza, la podremos ofrecer y transmitir a los demás. Es fruto de la Pascua LLENARNOS de Él, para así poderlo ANUNCIAR vivamente. ¿Lo intentamos, hermano/a?
  
Evangelio: Juan 6, 60-69
“... Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen... Y dijo: Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede... Entonces Jesús les dijo a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes Palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios...”

CLAVES para la LECTURA
- Tras la extensa revelación de Jesús sobre el pan de vida en la sinagoga de Cafarnaún, sus discípulos le comunican su malestar por las afirmaciones que resultan difíciles de aceptar desde el punto de vista humano. Frente al escándalo y la murmuración de los discípulos, Jesús precisa que no se debe creer en él sólo después de la visión de una subida de él al cielo, como en Elías y Henoc, porque eso significaría la no aceptación de su origen divino. Es algo que no tendría sentido, dado que él, el “Preexistente”, viene precisamente del cielo (Jn 3, 13-15).
- La incredulidad de los discípulos con respecto a Jesús, sin embargo, se pone de manifiesto por el hecho de que el Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida (v. 63). Juan afirma que tan real como la carne de Jesús es la verdad eucarística. Ambas son un don con el mismo efecto: dar la vida al hombre. Con todo, muchos discípulos no quisieron creer y no dieron un paso adelante hacia una confianza en el Espíritu, con lo que no consiguieron liberarse de la esclavitud de la carne.
- A Jesús no le coge por sorpresa esta actitud de abandono por parte de los que le siguen. Conoce a cada hombre y sus opciones secretas. Adherirse a su persona y a su mensaje en la fe es un don que nadie puede darse a sí mismo. Sólo el Padre lo da. El hombre, que tiene en sus manos su propio destino, es siempre libre de rechazar el don de Dios y la comunión de vida con Jesús. Sólo quien ha nacido y ha sido vivificado por el Espíritu, y no obra según la carne, comprende la revelación de Jesús y es introducido en la vida de Dios. A través de la fe es como el discípulo debe acoger al Espíritu y al mismo Jesús, pan eucarístico, sacramento que comunica el Espíritu y transforma la carne.

CLAVES para la VIDA
- Toda esta reflexión-catequesis termina con una serie de reacciones ante la propuesta de Jesús. Para algunos es “duro”, imposible de admitir; no se sabe qué les escandaliza más, el que Jesús, -en definitiva, para ellos, un obrero del pueblo de al lado, aunque haya mostrado ser buen predicador y haga milagros-, afirme con decisión que él es el enviado de Dios y que hay que creer en él para tener vida; o bien que hay que comer su carne y beber su sangre, en clara alusión a la Eucaristía y que ellos no entienden. De hecho, constata el evangelista que desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él (v. 66).
- Y es que aceptar a Jesús y admitirlo en la propia vida, con todo lo que comporta, no es fácil. Acoge, da vida y consuelo, pero su estilo también supone exigencia que, -en más de una ocasión-, entrará en conflicto y contradicción con los gustos que llegan desde el entorno. Y es que adherirse a su persona y a sus propuestas es un DON que viene del mismo Padre, si bien, el hombre puede rechazar ese don y la comunión de vida con Jesús, o aceptarlo y ser vivificado por su espíritu.
- En este tiempo Pascual, aquí nos encontramos sus seguidores, invitados a creer en Él, a acogerle, a adherirnos a su visión de Dios, de la vida, de la historia, de los acontecimientos. Esto es “entrar en comunión” con Él, expresado en la Eucaristía y celebrado. ¿Cómo va mi CAMINO Pascual? ¿Qué pasos he dado y asumido?

lunes, 23 de abril de 2012

Pan de vida


MARTES, día 24 abril

Hechos de los Apóstoles 7, 51 – 8, 1a
“... Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: Veo el cielo abierto y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios... Los testigos dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban que repetía esta invocación: Señor Jesús recibe mi espíritu. Luego... no les tengas en cuenta este pecado...”
  
CLAVES para la LECTURA
- Primer cuadro: recoge la parte conclusiva del discurso de Esteban, un discurso durísimo. En él lee la historia de Israel como la historia de un pueblo de dura cerviz, de corazón y de oídos incircuncisos, siempre opuestos al Espíritu Santo. Mientras Pedro intenta excusar de algún modo en sus discursos a sus interlocutores, casi maravillándose del error fatal de la condena a muerte de Jesús, Esteban afirma, en sustancia, que no podían dejar de condenar a Jesús, dado que siempre han perseguido a los profetas enviados por Dios. Se trata de una lectura extremadamente negativa de toda la historia de Israel. Una lectura que no podía dejar de suscitar una reacción violenta.
- Segundo cuadro: el martirio de Esteban. Éste, frente al furor de la asamblea, que está fuera de sí, aparece ahora situado mucho más allá y muy por encima de todo y de todos, en un lugar donde contempla la gloria de Dios y a Jesús, resucitado, de pie a la derecha del Padre. El primer mártir se dirige sereno al encuentro con la muerte, gozando del fruto de la muerte solitaria de Jesús. Éste, ahora Señor glorioso, anima a sus testigos mostrando los cielos abiertos, que se ofrecen como la meta gloriosa, ahora próxima.
- Muere sereno y tranquilo, confiando su espíritu al Señor Jesús, del mismo modo que éste lo había confiado al Padre. La lapidación, que tenía lugar fuera de la ciudad, era la suerte reservada a los blasfemos: Esteban no tiene miedo de proclamar la divinidad de Jesús y, en este clima enardecido, debe morir. Saulo, el que habría de proseguir la obra innovadora de Esteban, extendiéndola a los paganos, resulta que está de acuerdo con este asesinato.
  
CLAVES para la VIDA
- Impresiona la lectura, clara y dura, que Esteban realiza de toda la historia de Israel como pueblo: su actitud de rechazo a los planes de vida que Dios tiene; de ahí que persiga a los enviados de Dios, que han sido los profetas; y, por lo mismo, han rechazado y condenado al mismo Jesús, no reconociendo en Él la presencia definitiva de Dios. La ceguera de Israel es todo un símbolo ante la oferta que en Jesús se sigue dando, también hoy.
- La semejanza entre la muerte del Maestro y del testigo Esteban es grande; las claves son prácticamente idénticas: serenidad y confianza en el Padre; el perdón a sus verdugos en el momento crucial de la muerte; incluso, la acusación de “blasfemo” y la ejecución “fuera de la ciudad”... Está claro que el testigo Esteban se ha forjado en la misma Escuela que Jesús y se produce una fuerte identidad con todo el planteamiento del Maestro.
- Una inmensa invitación para mí, para nosotros, hoy y aquí: participar vivamente de la ESCUELA de Jesús; irme identificando con cuanto él mismo vive y propone; llevarlo a la vida y testimoniarlo con todas las consecuencias... ¡he ahí el CAMINO a seguir! Sólo desde la experiencia PASCUAL será posible.
  
Evangelio: Juan 6, 30-35
“... Jesús les replicó: Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor danos siempre de este pan. Jesús les contestó: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará sed...”
  
CLAVES para la LECTURA
- La muchedumbre, a pesar de las variadas pruebas dadas por Jesús en el fragmento anterior, no se muestra satisfecha aún ni con sus signos ni con sus palabras, y pide más garantías para poder creerle (v. 30). El milagro de los panes no es suficiente; quieren un signo particular y más estrepitoso que todos los que ha hecho ya. La muchedumbre y Jesús tienen una concepción diferente del “signo”. El Maestro exige una fe sin condiciones en su obra; la muchedumbre, en cambio, fundamenta su fe en milagros extraordinarios que ha de ver con sus propios ojos.
- Nos encontramos aquí frente a un texto que manifiesta una viva controversia, surgida en tiempos del evangelista, entre la sinagoga y la Iglesia en torno a la misión de Jesús. Éste no se dejó llevar por sueños humanos ni se hizo fuerte en los milagros, sino que buscó sólo la voluntad del Padre. La muchedumbre quiere el nuevo milagro del maná (Sal 78, 24) para reconocer al verdadero profeta escatológico de los tiempos mesiánicos. Pero Jesús, en realidad, les da el verdadero maná, porque su alimento es muy superior al que comieron los padres en el desierto: él da a todos la vida eterna. Ahora bien, sólo quien tiene fe puede recibirla como don. El verdadero alimento no está en el don de Moisés ni en la Ley, como pensaban los interlocutores de Jesús, sino en el don del Hijo que el Padre regala a los hombres, porque él es el verdadero pan de Dios que viene del cielo (v. 33).
- En un determinado momento, la muchedumbre da la impresión de haber comprendido: Señor, danos siempre de ese pan (v. 34). Pero la verdad es que la gente no comprende el valor de lo que piden y anda lejos de la verdadera fe. Entonces Jesús, excluyendo cualquier equívoco, precisa: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre (v. 35). Él es el don del amor, hecho por el Padre a cada hombre. Él es la Palabra que debemos creer. Quien se adhiere a él da sentido a su propia vida y alcanza su propia felicidad.

CLAVES para la VIDA
- El carácter mágico vuelve a aparecer en escena; eso es lo que el pueblo quiere de Jesús: que realice un “signo” que lleve, de forma automática, a la aceptación plena del Profeta. En la catequesis, el evangelista presenta a Jesús como aquel que, en continuidad pero superando el signo del maná, ofrece ahora el Pan definitivo, aquel que puede saciar su hambre más vital y profunda. Llegar a ese encuentro en fe, es necesario para superar otras pretensiones cuasi mágicas.
- La insistencia de Jesús es volver a lo original: la voluntad y el querer del Padre. Ahí radica todo el secreto y ahí se encuentra la plenitud. Y Él, Jesús, lo vive de manera única, plena y total; su identidad con ese proyecto del Padre es tal, que hacer su voluntad es verdadero alimento, aquello que le da fuerzas para seguir “haciendo el bien”. Llegar a ese punto y a esa situación es el objetivo de todo proceso de fe, la que conlleva una madurez que supera estadios anteriores.
- También al creyente y al hombre de hoy, Jesús se ofrece como aquel que puede saciar su hambre más profunda y vital; e incluso brinda un camino para poderlo vivir: conocer y experimentar el proyecto del Padre-Dios. En Jesús “toma cuerpo” y se hace visible ese plan de vida. Gustarlo y disfrutarlo, es el objetivo de esta Pascua. ¡Ánimo, hermano/a!

Alimento que perdura


LUNES, día 23 abril

Hechos de los Apóstoles 6, 8-15
“... En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga... se pusieron a discutir con Esteban, pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Indujeron a unos que asegurasen: Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios... Los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel...”
  
CLAVES para la LECTURA
- Entra Esteban en escena. Se le presenta con las mismas características que a los apóstoles: Lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios. Las palabras de Esteban están unidas a la “sabiduría” y al “Espíritu”: Esteban, como los apóstoles, está completamente inmerso en el plan de Dios, lo conoce, recibe la fuerza del Espíritu para atestiguarlo y anunciarlo. Posee una personalidad humana de gran relieve y de espesor “espiritual”.
- Su predicación provoca de inmediato un conflicto y, paradójicamente, con los judíos más abiertos. Lucas alude a la sinagoga llamada “de los libertos”, es decir, los descendientes de aquellos que, llevados a Roma como esclavos por Pompeyo (63 a. C.), habían sido liberados y se habían instalado en un barrio de la ciudad. En torno a ellos se reunían, probablemente, judíos de diferente procedencia. Pues bien, también para ellos era la predicación de Esteban demasiado radical: Esteban ataca al templo y las tradiciones mosaicas. En consecuencia, las acusaciones que se le dirigen no carecen de fundamento por completo.
- Los ojos que se fijan en él con hostilidad están obligados a vislumbrar en ellos, no obstante, un esplendor particular, el de un ángel que expresa la presencia de Dios, algo semejante al rostro de Moisés cuando bajó, resplandeciente, del Sinaí tras haber encontrado a Dios. Lucas presenta otro rasgo de Esteban: es un testigo escogido por Dios para dar a conocer su voluntad.

CLAVES para la VIDA
- El camino de la primera Comunidad Cristiana fue abriéndose a nuevos “frentes” y así surgen, también, nuevas respuestas. El caso del diácono Esteban es un caso típico. También él, dando testimonio, con la misma valentía y lucidez que Pedro y los demás apóstoles, es uno de los protagonistas de esa historia. También él va a ser acusado de atacar los pilares de la fe judía, la Ley y el Templo; también él, anuncia que la salvación sólo descansa en Cristo resucitado.
- Está claro: el anuncio de Jesús a sus discípulos de que serían llevados a los tribunales, de que serían perseguidos, se hace realidad ya, y de forma “pura y dura”. Los discípulos van a continuar el mismo camino que sufrió el Maestro; también ellos son rechazados, especialmente por las autoridades “oficiales” de su pueblo, e incluso por personas del propio grupo y comunidad, los “libertos”.
- En esa historia de la primera comunidad, se nos están ofreciendo modelos a seguir a los creyentes y seguidores de hoy. El testimonio de vida siempre conlleva dificultades, y más, si ese testimonio es del talante del Maestro y del Señor Jesús. La figura de Esteban es un buen “toque” para nosotros, hoy y aquí. Sin dramatismos, pero es necesario preguntarnos: ¿cómo es mi testimonio de vida?

 Evangelio: Juan 6, 22-29
“... Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago... Al encontrarlo en la otra orilla del lago le preguntaron: Maestro ¿cuándo has venido aquí? Jesús les contestó: Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece sino por el alimento que perdura, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre Dios... La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado...”
  
CLAVES para la LECTURA
- Tras la multiplicación de los panes, alude el evangelista a la búsqueda de Jesús por parte de la muchedumbre. Lo encuentran en Cafarnaún y le dirigen al Maestro una pregunta sólo para satisfacer su propia curiosidad: Maestro, ¿cuándo has llegado aquí? (v. 25). Jesús no responde a la pregunta, sino que revela más bien a la muchedumbre las verdaderas intenciones que la han impulsado a buscarlo, y con ello desenmascara la mentalidad demasiado material de las personas (v. 26). En realidad, toda esa gente sigue a Jesús por el pan material, sin comprender el signo realizado por el Profeta. Buscan más las ventajas materiales y pasajeras que las ocasiones de responder y de amar.
- Ante esta ceguera espiritual, Jesús proclama la diferencia entre el pan material y corruptible y el permanente, el que da la vida eterna (v. 27). Jesús invita a la gente a superar el estrecho horizonte en el que vive y a pasar al de la fe y al del Espíritu, al que sólo su persona (la de Jesús) les puede introducir. Él posee el sello de Dios, que es el Espíritu y el dinamismo divino del amor.
- Los interlocutores de Jesús le preguntan ahora: ¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere? (v. 28). Una nueva equivocación. La muchedumbre piensa que Dios exige la observación de nuevos preceptos y de otras obras. Pero lo que Jesús exige de ellos es una sola cosa: la adhesión al plan de Dios, a saber: Que creáis en aquel que él ha enviado (v. 29). Sólo tienen que cumplir una sola cosa: dejarse implicar por Dios y adherirse con la fe a la persona de Jesús. Es la apertura a la fe lo que ofrece un pan inagotable y lo que da la vida para siempre al hombre que acepta ser liberado de las tinieblas.

CLAVES para la VIDA
- Es verdad: a Jesús se le puede buscar con motivaciones pobres, de forma superficial. El pasaje evangélico desenmascara esta situación: es Jesús mismo quien lo denuncia ante aquellas personas que quieren de él algo mágico, una “solución rápida” (eterna tentación del corazón humano). Y con todo, también se destaca la pedagogía y la paciencia de Jesús en ese camino de búsqueda hacia la fe verdadera, hasta que lleguen al encuentro con Él, con su persona y su misión.
- Y es que lo que da identidad a Jesús -a su vida y a su misión-, es realizar el proyecto del Padre (que lo llamará de formas diversas). He ahí el núcleo y lo que da sentido a todos sus actos. Por eso, creer en aquel que él ha enviado (se entiende, Dios, el Padre) es la tarea de sus seguidores, porque así se identificarán también con el proyecto de Dios. Esa búsqueda es la que “sacia” el hambre del corazón humano.
- La propuesta de Jesús va mucho más allá de lo puramente externo; afecta al interior, a lo íntimo. Y para Él lo vital y lo fundamental es conocer y vivir el Proyecto de vida de Dios; ésa es la clave de todo. Y a eso nos invita, también hoy: a pasar de lo superficial a lo nuclear, a lo que realmente merece la pena. Este tiempo pascual es un buen momento para decidirme, decidirnos. ¿De acuerdo, hermano/a?

domingo, 22 de abril de 2012

Paz a vosotros

III DOMINGO de PASCUA, día 22 ABRIL
Hechos de los Apóstoles 3, 13-15. 17-19
“… Pedro dijo a la gente: El Dios de Abrahán, de Jsaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús al que vosotros entregasteis ante Pilato cuando había decidido soltarlo…”
CLAVES para la LECTURA
- Pedro y Juan acaban de curar a un mendigo tullido de nacimiento -y, por eso, excluido del templo- con el poder del «nombre de Jesús»El episodio suscita un gran estupor entre la gente. En esas circunstancias, el primero de los apóstoles toma la palabra y explica con autoridad el significado del acontecimiento.
- En la curación del tullido «el Dios de nuestros antepasados ha manifestado la gloria de su siervo Jesús»El apóstol Pedro, a la luz de las antiguas profecías (v. 18), en particular las del cuarto poema del Siervo de Yahvé (Is 53), ayuda a la muchedumbre a reconocer en Jesús al Mesías no reconocido por su pueblo, rechazado y condenado a una muerte injusta. Cuando se desconoce el designio de Dios, se subvierten también los valores humanos: se indulta a un asesino y se condena a muerte al «Jefe de la vida» (vv. 14-15, al pie de la letra).
- Sin embargo, la muerte no es más fuerte que la vida; no son los hombres quienes conducen la historia, sino Dios, que con su poder ha resucitado de entre los muertos a su Siervo fiel. Los apóstoles -y, en consecuencia, todos los creyentes- son testigos de este hecho y participan de la vida divina que les ha comunicado el Resucitado. Pero nada de esto obedece a un poder que tengan por sí mismos; sólo en nombre de Jesús pueden realizar prodigios y, sobre todo, exhortar con autoridad al arrepentimiento y a la conversión para que sean borrados sus pecados.
CLAVES para la VIDA
- ¡Es curioso lo que ha ocurrido con Pedro, porque ahora resulta que todo lo ve diferente! En este discurso-predicación lo vemos: ahora es capaz de ver toda la historia de la Salvación con una clave acertada; todo culmina en Cristo y en él se constituye la comunidad mesiánica. Ese Cristo a quien Israel ha rechazado (también Pedro y su grupo) y con ello ha asesinado al autor de la vida. Pero ahora Pedro, que ya ha madurado claramente en su fe, ahora sí entiende lo que nunca había entendido: que el Mesías tenía que pasar por la muerte y la cruz; antes no lo había entendido; tampoco Israel. Pero “ahora” ya no es posible escudarse en la “ignorancia”, ya no valen las excusas.
- Ha cambiado totalmente el panorama que nos siguen ofreciendo las primeras comunidades cristianas: desde el acontecimiento de la Resurrección de Jesús, la visión de todo es completamente diferente y es que Cristo Jesús se ha convertido en el Salvador de todos y, por lo tanto, es necesario convertirnos a él, acogerle y aceptarle como el que ilumina nuestra vida.
- También hoy, para ti, para mí, la oferta es la misma: en Cristo Resucitado alcanzamos la plenitud. Hacer de este acontecimiento el núcleo y la razón de ser de nuestra vida, es el objetivo de la Pascua. Mensaje reiterativo, testimonios directos de quienes así lo han experimentado es lo que se nos sigue ofreciendo como invitación sugerente. ¿Nos animaremos, tú y yo, hermano/a?
1 Juan 2, 1-5
“… Os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo el Justo. Él es víctima de propiciación… por los pecados del mundo entero…”

CLAVES para la LECTURA
- Tras haber expresado, con el simbolismo de la luz y de las tinieblas, el contraste entre la justicia de Dios y de Cristo (1, 5. 9; 2, 1), por una parte, y el pecado del hombre, por otra, Juan invita a los creyentes a considerar con detenimiento, la orientación que deben dar a su propia vida. El apóstol, que ha visto con sus ojos y tocado con sus manos al Verbo de la vida, nos escribe a nosotros (2, 1) con autoridad. Sus palabras son una exhortación a evitar el pecado y a reconocer la justicia divina, que es, ante todo, amor y misericordia.
- Si es verdad, en efecto, que no hay nadie que no tenga culpa -verdad enunciada ya en el Antiguo Testamento (Prov 20, 9; 28, 13; Eclo 7, 20)-, también lo es -y en esto consiste la Buena Noticia del Nuevo Testamento- que Dios, fiel y justo, nos ofrece el perdón y la purificación por medio de la sangre de su Hijo (1, 7. 3).
- El hombre, herido por el pecado, es «justificado» por medio del sacrificio de Jesucristo, el cual permanece para siempre como nuestro intercesor junto al Padre. En él se ha abierto de nuevo el camino del retorno a Dios y de la plena comunión con él. Ahora bien, no podemos hacernos la ilusión de amar a Dios -conocer en el lenguaje bíblico equivale precisamente a amar- si no guardamos sus mandamientos y no cumplimos su voluntad en las situaciones concretas de la vida. Humildad y obediencia son, por consiguiente, dos rasgos que deben caracterizar al cristiano. Ambas le hacen capaz de dar acogida al «amor perfecto» -o sea, al mismo Espíritu Santo-, que lo configura con Cristo, en total oblación y gratuidad (vv. 3-5).
CLAVES para la VIDA
- El apóstol sigue ofreciendo su síntesis, aquello que ha descubierto y experimentado: quien se ha unido a Cristo por el bautismo, lógicamente no puede/debe pecar, sino que debe vivir una nueva vida. Con todo, no detalla los pecados, porque para el autor no es lo más importante, ni la última palabra; la última palabra es el perdón que nos trae Jesús. Aceptar o rechazar a ese Jesús es la clave de la vida.
- Por eso, los “mandamientos de Dios” no son una especie de capricho divino, sino aquello que nos ayuda a vivir en la verdad, a ser lo que somos: personas e hijos de Dios. De ahí que “cumplir los mandatos” es tener un estilo de vida basado en la verdad de lo que somos, siguiendo el estilo de ser y de vivir del mismo Señor Jesús, en quien todo se hace nuevo para sus seguidores. En esto conocemos que estamos con él (v. 5a): así alcanza su seguidor la plenitud del ser.
- Como tantas veces, el apóstol sigue invitándonos a todos los seguidores a hacer de Jesús y de su estilo de ser y de vivir la clave de la vida y del comportamiento. Y esto, dentro del clima pascual, es de una fuerza enorme, porque es en la entrega total y en el servicio más humilde donde Él realiza y vive en plenitud su condición de Hijo, abierto y disponible a los proyectos del Padre, a los proyectos de salvación. Es ahí donde se autentifica también el seguidor del Maestro. ¿Dónde te encuentras tú, hermano/a? ¿Vamos haciendo nuestros SU estilo y SUS planteamientos? ¡Ojala sea así!
Evangelio: Lucas 24, 35-48
“... Contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino... Se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: Paz a vosotros. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver a un fantasma. Él les dijo: ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona... ¿Tenéis ahí algo que comer? Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos...”
CLAVES para la LECTURA
- El tema del fragmento evangélico, que completa el relato de la aparición a los dos discípulos de Emaús, subraya las pruebas sobre la realidad de la resurrección de Jesús. También la primera comunidad cristiana pasó por dificultades para penetrar en el misterio del Señor resucitado, y las superó empleando una doble prueba. La prueba real y material del contacto físico de los discípulos con Jesús, poniendo de relieve la corporalidad del Cristo pascual: Ved mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tocadme y convenceos (v. 39), así como la iniciativa del Señor de comer algo ante los suyos: ¿Tenéis algo de comer? (v. 41). La otra prueba es la espiritual, basada en la comprensión de la Palabra en las Escrituras: Estaba escrito (vv. 46s).
- Lucas precisa que la historia de Israel adquiere su sentido y se comprende sólo si culmina en el acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret muerto y resucitado. Y, por otra parte, nos enseña que sólo cuando los hombres se abren a la conversión y experimentan el perdón de Dios pueden comprender del todo el triunfo de la pascua del Señor.
- La salvación está abierta a todos, y la Iglesia tiene la tarea de anunciar la realidad física de la pascua del Señor y su valor como nuevo inicio de la historia humana, a través de la acogida del perdón de Dios. La resurrección de Jesús es el dato cierto sobre el que se asienta la fe de los creyentes y la historia de los hombres.
CLAVES para la VIDA
- Los discípulos de Emaús van contando su experiencia de encuentro con el Resucitado y cómo le habían reconocido al partir el pan; lo están narrando al resto del grupo, de la comunidad, y en ese mismo momento se aparece de nuevo Jesús, saludándoles y ofreciéndoles la PAZ. Las dudas y los miedos de antes desaparecen, y Él les abrió el entendimiento (v. 45) y empiezan a entender las Escrituras y cuanto en ellas afirmaban acerca de Él. Y así, poco a poco, el Espíritu de Jesús Resucitado va iluminando las mentes y los corazones de sus amigos y convirtiéndolos -como a Pedro- en testigos audaces de la Buena Nueva.
- Y es que en Jesús la historia adquiere toda su plenitud, queda iluminada; se da un nuevo inicio de la historia humana; la misma muerte queda rota y superada. Éste es el mensaje, repetido incansablemente por los testigos. Testigos que son portadores de la misma PAZ que el Resucitado -como regalo y don suyo- les ofrece, y así, ahora, viven con las mismas claves que ha vivido el Maestro y Señor.
- Hoy, nosotros, estamos llamados a esta misma experiencia. Las Escrituras, la Eucaristía, los hermanos reunidos, la Comunidad, son los medios para ayudarnos en esa tarea. Y todo con el objetivo de abrirnos el entendimiento que nos posibilita un encuentro personal y que transforma. Sólo desde ahí podremos sentirnos ENVIADOS. ¡Buen ánimo!