lunes, 14 de mayo de 2012


MARTES, día 15.  San Isidro Labrador


Hechos de los Apóstoles 16, 22-34
“... En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas... A eso de medianoche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios... De repente las puertas se abrieron de golpe y a todos se les soltaron las cadenas... El carcelero temblando les dijo: Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme? Le contestaron: Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia...”
 CLAVES para la LECTURA
- Pablo y Silas están en la cárcel por haber expulsado el espíritu de adivinación de una esclava: «El espíritu salió de ella en aquel mismo instante, pero sus amos, al ver que habían desaparecido sus expectativas de lucro, echaron mano a Pablo y a Silas y los llevaron a la plaza pública ante las autoridades» (vv. 18b-19) acusándoles de turbar el orden público.
- Los «estrategas» de Filipos, sin hacer demasiadas averiguaciones, ordenan que azoten con varas a los acusados y encargan al carcelero que los vigile con cuidado. Por eso, al día siguiente, cuando los magistrados querían liberar a los prisioneros, Pablo protesta de manera vivaz y, haciéndose fuerte en su ciudadanía romana, les exige explicaciones por su acción ilegal. Lucas se muestra solícito también en esta ocasión en sacar a la luz el derecho romano, que favorece la libre circulación de la Palabra. Las persecuciones todavía están lejos.
- Entre ambos episodios «policíacos» se inserta la clamorosa conversión narrada en nuestro pasaje: el testimonio sereno de los prisioneros, su lealtad, la serie de acontecimientos extraordinarios, conmueven al carcelero y le hacen plantear la pregunta: “¿Qué debo hacer para salvarme?”. La respuesta no consiste en una serie de preceptos, sino en la presentación de una persona: «Si crees en el Señor Jesús, os salvaréis tú y tu familia». Así, a la «prosélito judía» se añade un «funcionario romano»: dos conversiones que entran a formar parte de una comunidad muy querida por Pablo. En efecto, los cristianos de Filipos le habían «robado» a Pablo el corazón.

CLAVES para la VIDA
- Continúa la acción evangelizadora de Pablo y sus compañeros; ni siquiera la cárcel es un impedimento para esta labor; ellos aprovechan cualquier oportunidad para ofrecer a Cristo Jesús como la solución a las situaciones, incluso límites. Aquí les encontramos, apaleados, encarcelados y torturados, pero ofreciendo la fe en Jesús como camino de salvación y de vida, y logrando que así sea, como en este caso, con el carcelero y su familia.
- Impresiona (y cómo) la fuerza que tienen Pablo y Silas en su empeño evangelizador. Un día los acogen en su casa, pero al día siguiente son torturados y encarcelados. Por ello, arrebatados por ese Espíritu del Señor Resucitado, continúan con su labor, sin que ningún condicionante les frene. ¡Cuántos interrogantes surgen espontáneamente de ese estilo de vida, de esas sus actitudes!...
- ¡Qué invitación para nosotros, anunciadores y evangelizadores de hoy en día! Nosotros que en más de dos ocasiones nos sentimos “achicados” y acomplejados ante la dificultad y la hostilidad que presenta nuestro mundo y nuestra cultura... La valentía y la decisión de Pablo nos interroga, nos debe interrogar y provocar. ¿Por dónde empezamos?

Evangelio: Juan 16, 5-11
“... Me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿adónde vas? Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito..."
 CLAVES para la LECTURA
- El tema fundamental que nos propone el evangelista es el Espíritu Santo, testigo de Jesús y acusador del mundo. Los versículos introductorios recogen el tema de la tristeza de los discípulos. Jesús ha hablado de las persecuciones que deberán padecer los suyos, y éstos se sienten turbados frente a esos acontecimientos. Las palabras dirigidas por Jesús a los discípulos, recogidas en los vv. 5-7, sacan a la luz su cierre. Los discípulos, atemorizados por el inminente futuro de sufrimiento que les espera, son incapaces de confiarse al que es el único que puede hacerles superar toda tristeza y angustia.
- Por eso les reprocha Jesús el hecho de que ninguno le pregunte qué significa su partida al Padre y su próxima pasión y muerte, de las que ya les ha hablado otras veces (7, 33; 13, 33; 14, 2-5. 12). Si hubieran comprendido el sentido de su misión de sufrimiento redentor, se habrían tranquilizado con el pensamiento de que su «ascenso» al Padre tendría como consecuencia la venida del Espíritu, quien reforzará su convicción en torno a la victoria de su fe y les dará la comprensión plena de la verdad del Evangelio.
- ¿Cuál será, entonces, la tarea del Espíritu? Dar testimonio contra el mundo, que está en pecado por haber rechazado a Cristo. Él, como abogado en un proceso, revelará a los creyentes, a lo largo del desarrollo de la historia, el error del mundo. Lo pondrá en situación de acusado por su pecado de incredulidad. Probará al mundo la justicia de Cristo. Demostrará que el juicio de condena contra Jesús es inconsistente; más aún: que se ha resuelto con la condena para siempre del «que tiraniza a este mundo», sobre el que ha triunfado Cristo con su muerte-exaltación (v. 11).
CLAVES para la VIDA
- Jesús se dispone a “pasar de este mundo al Padre” y es que eso es lo que da sentido y plenitud a su vida, a su misión, a su Persona. Ha llevado a cabo la obra, el proyecto del Padre, que ahora va a sellar con la entrega hasta el final, y “volver al Padre” es haber realizado su voluntad con todas las consecuencias. La tristeza de los suyos no tiene cabida, aunque él lo comprenda en razón de las persecuciones y dificultades que van a tener que sufrir para dar testimonio como Él, como Jesús.
- Además, así entrará a actuar el Espíritu, el Abogado y Defensor, el mejor don del Resucitado a los suyos. Esa actuación va a ser muy dinámica, porque además de revisar el proceso de condena de Jesús, acusando al mundo y a sus enemigos, Jesús será glorificado y hará posible que el proyecto de vida alcance a todas la naciones y culturas por la acción de ese mismo Espíritu y de sus seguidores.
- Y aquí nos encontramos nosotros, animados por este mismo Espíritu y empeñados en mantener vivo el proyecto de Jesús, que es el del Padre. ¡Cuántas veces podemos descuidar y olvidar que el Espíritu actúa en nosotros y por nuestro medio! Abrirnos constantemente a él, dejarnos “arrastrar” por él (como Pablo y Silas), ofrecer a nuestro mundo la gran novedad de Jesús... ¡he ahí nuestra tarea y la razón de ser de nuestro empeño! ¿Te animas, hermano/a?

domingo, 13 de mayo de 2012


LUNES, día 14:  San Matías, apóstol


Hechos de los Apóstoles 1, 15-17. 20-26
“Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo: Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús... Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús... Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles...”
 CLAVES para la LECTURA
- En correspondencia con la presentación de los grandes personajes centrales del Evangelio, Juan bautista y Jesús (Lc 1-2), Lucas consagra la primera parte de los Hechos de los Apóstoles a la presentación de las dos grandes comunidades, la iglesia de Jerusalén, de origen arameo y tradición judía (en paralelo con Juan Bautista), y la iglesia de Antioquía de origen helenista y tradición “cristiana” (en paralelo con Jesús, el Mesías). La constitución de la comunidad hebrea (Hch 1, 15ss) comprende la elección de Matías, la irrupción del Espíritu y el discurso de Pedro. Aquí nos encontramos.
- Los hermanos, “ciento veinte (múltiplo de doce) personas reunidas con el  mismo propósito” ( v. 15), pretenden completar el número de doce, para dar validez perenne al Israel mesiánico. El “propósito” común no es otro que el erigirse en los verdaderos representantes de Israel. Pedro recurre al libro de los Salmos para justificar la acción que van a llevar a cabo (v. 16. 20). El duodécimo miembro tiene que haber sido testigo presencial de toda la vida pública de Jesús y, en particular, de su resurrección (v. 21s).
- La misión es “compartir el ministerio apostólico”; esto es, un servicio, una responsabilidad con los demás apóstoles y es que ellos son el enlace entre la vida de Jesús y la vida de la Iglesia; por eso tiene que haber compartido con él durante su ministerio y tiene que dar testimonio de su resurrección. Aquí es elegido Matías.
  CLAVES para la VIDA
- La joven Iglesia sigue construyéndose después de la debacle de la muerte de Jesús. Así nos lo presenta Lucas: todavía claramente sobre las bases judías, pero abriéndose -poco a poco- a la nueva realidad que se le presenta. De hecho, la elección de Matías es un signo claro de esta línea de apertura: era un desconocido, no se dice nada de él; el otro candidato, tiene todos los pronunciamientos a favor: nombre arameo, de sobrenombre “Justo”, pero... comienza algo nuevo.
- El criterio que se propone para la elección es muy interesante: haber compartido o sido testigo de la vida pública de Jesús y de su resurrección. Es la CLAVE de todo: el contacto personal, el conocimiento vital de Jesús, de cuanto vivió y del proyecto que ofreció a cuantos se abrían a este don de Dios. Y es que no es cuestión de “doctrinas”, sino de una vida que se contagia y se transmite.
- En este clima Pascual y celebrando la fiesta de un apóstol, también para nosotros, el dilema es el mismo: para ser su apóstol y testigo, para prestar este “servicio”, es necesario haber compartido con Jesús, tener experiencia vital y personal. Esta clave, que se nos repite hasta la saciedad, es fundamental: nadie puede ser testigo si no ha vivido y experimentado. ¿Cómo me encuentro de “experiencia” personal del Señor Jesús? ¿Estoy “preparado” para este “servicio apostólico”?

Evangelio: Juan 15, 9-17
“... Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el da la vida por sus amigos..."
 CLAVES PARA LA VIDA
- La perícopa evangélica prosigue y profundiza en el tema planteado: el del amor. Jesús, prosiguiendo con la analogía de la vid y los sarmientos, añade matices siempre nuevos para hacer comprender cuál es la relación que le une al Padre y a los hombres. La expresión “permanecer en él” (vv. 4-7) se explica ahora en el sentido de “permanecer en su amor”, es decir, en esa circulación de caridad, de pura donación, que es la vida trinitaria en sí misma y en su apertura al hombre (v. 9).
- A Jesús, como bien atestiguan sus parábolas, no le gusta el lenguaje abstracto. Si habla, es para ofrecer palabras que son «espíritu y vida» y, por consiguiente, tienen que poder ser comprendidas y vividas por todos. Permanecer en su amor es así sinónimo de «observar sus mandamientos». Una vez más es la vida trinitaria el modelo que se propone al hombre: Jesús permanece en la caridad del Padre y es una sola cosa con él porque acoge, ama y realiza plenamente su voluntad (v. 10). Como dice el himno cristológico de Flp 2, «se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó...». Esta unión de voluntades, con la seguridad de que el designio del Padre es el verdadero bien, es la alegría del Hijo, y él, al pedir la observación de sus mandamientos, no hace otra cosa que invitar al discípulo a participar de su misma alegría (v. 11).
- Su mandamiento es el amor recíproco, hasta estar dispuesto a ofrecer la vida por los otros (vv. 12s). Ese amor es el que hace caer todas las barreras, hace «prójimo» a todo hombre, hace nacer una amistad que sabe compartir las cosas más importantes. Su realización perfecta se encuentra en Jesús, que, antes de morir, dice a sus discípulos: «Ya no os llamo siervos, sino amigos», aunque sabe que muy pronto le dejarían solo.
 CLAVES para la VIDA
- Nos encontramos en una de estas Catequesis profundas y vitales que el discípulo amado nos ofrece para comprender todo el misterio de la persona de Jesús. Y aquí hallamos, una vez más, la clave maestra de toda la vida de Jesús: es su relación con el Padre, pero no como algo teórico y racional, sino algo profundamente vital. Hasta tal punto es así, que realizar la voluntad del Padre es para Jesús “el alimento”, y es la causa de su alegría, la fuente de todas sus satisfacciones. Ahí llega su comunión con él.
- Por eso “permanecer en él” es la clave para el discípulo porque es en esa unión profunda donde adquirirá el conocimiento, la experiencia que necesita y que moverá su vida. Ahí aprenderá el discípulo que el “amor” y permanecer en ese amor, es lo que  le hará parecerse a Jesús y vivir lo que él mismo vivió: “Ya no os llamo siervos, sino amigos”: he ahí la nueva realidad a la que Jesús invita a sus seguidores.
- Por lo tanto, su invitación es bien concreta: a compartir con él cuanto él mismo ha vivido en su comunión con el Padre; su alegría reside en vivir esa relación filial; el discípulo, hoy, yo/nosotros, somos invitados a gustar y experimentar esa misma relación y a expresarlo en el amor a los hermanos. Es la GRAN invitación ¿Te animas, hermano/a?

sábado, 12 de mayo de 2012

DOMINGO, día 13

Hechos de los Apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48
“… ¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros? Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Le rogaron que se quedara unos días con ellos…”
 CLAVES para la LECTURA
- Dios nos invita a mirar a los otros con sus propios ojos: ésta podría ser la síntesis del importantísimo capítulo 10 de los Hechos de los Apóstoles. El acontecimiento narrado es determinante no sólo para la Iglesia de los orígenes, sino también para la Iglesia de todos los tiempos. En cierto sentido, es un modelo de lo que debe ser la apertura de los cristianos al designio de Dios. El episodio es conocido, por lo general, con el título de «conversión de Cornelio», aunque también lo podríamos llamar «conversión de Pedro». En efecto, es el mismo Espíritu de Dios el que, con una triple visión (Hech 10, 9-16. 28), impulsa a Pedro a salir de su concepción restringida para abrirse a la universalidad de la salvación que el sacrificio redentor de Cristo ha adquirido para toda la humanidad, no sólo para Israel.
- Tras cierta resistencia inicial, Pedro se dirige con sinceridad a Cornelio, que no es judío, y le dice: «Verdaderamente ahora comprendo que Dios no hace distinción de personas» (v. 34), sino que le es grato todo hombre que, como Cornelio, le teme y practica la justicia. El «temor de Dios» se refiere a la rectitud de conciencia por la que el hombre se reconoce criatura dependiente de Alguien, aunque todavía no lo conoce rectamente; mientras que la «justicia» se refiere a un comportamiento social honesto.
- En consecuencia, podemos ver en Cornelio el «tipo de hombre» que pone en práctica, aunque sea de una manera inconsciente, el doble mandamiento del amor -a Dios y al prójimo-, que es el distintivo de los discípulos de Cristo. Esta actitud es la que le dispone a acoger la salvación de Dios. A renglón seguido, hemos de señalar que también Cornelio recibe una misión de Dios; a raíz de ella, manda llamar al apóstol y lo recibe en su casa. Ambos -el judío y el pagano- salen de su particularismo y, bajo la guía del Espíritu, se encuentran para dar vida a una realidad nueva. Esta novedad consistirá, en el caso de Pedro, en anunciar a todos la Palabra que Dios ha confiado a los hijos de Israel.
 CLAVES para la VIDA
- Está claro que el protagonista principal de la primera Comunidad Cristiana no es otro que el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, que es quien va abriendo los caminos, rompiendo los prejuicios y puritanismos, en este caso, representados por Pedro. Y es que el don de la salvación, aportado por Jesús, no se reduce al círculo judío (mentalidad de los primeros discípulos), sino que el Espíritu abre las puertas de la Vida a TODOS, para que formen parte del Nuevo Pueblo que nace en la Pascua.
- Por lo tanto, aquel Pedro que, en un primer momento, “se resiste” a aceptar los caminos del Espíritu, animado por ese mismo Espíritu, asume plenamente el estilo evangélico del Maestro, en servicio e igualdad (“Levántate, que soy hombre como tú”, v. 33), y se abre a la novedad, que es la universalidad del don para toda la humanidad. Los “viejos” criterios no sirven para la novedad del Espíritu; los “cálculos” no valen como criterios de vida y de evangelización. Aquí algo nuevo y distinto se está proponiendo.
- Es sugerente descubrir el caminar de la primera comunidad de Jesús, abriéndose a los nuevos tiempos, aunque ello suponga (y con dolor) renunciar a sus esquemas mentales, a los “de siempre”. Y por eso mismo, también hoy, somos invitados a desinstalarnos y a abrirnos a la novedad que el Espíritu está sugiriendo constantemente. ¡Cuánto de esto está necesitando nuestra pobre Iglesia, y cada uno de nosotros! Pero… la “seguridad” tiene su propia magia y nos bloquea. ¿Qué te sugiere a ti, hermano/a?

 1 Juan 4, 7-10
“... Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados...”

 CLAVES para la LECTURA
- Esta pequeña joya del discípulo amado es una reflexión posterior sobre el tema del amor fraterno, del que el autor ha hablado ya en la carta desde el punto de vista negativo (3, 11-15). Ahora el acento está puesto sobre el mandamiento del amor, pero en clave positiva: el amor es necesario porque “el amor procede de Dios” (v. 7) y porque “Dios es amor” (v. 8). Y precisamente porque la identidad de Dios es amor, él ama, perdona y se nos entrega. Todo auténtico amor humano encuentra su fundamento en el amor de Dios. El que ama ha nacido de Dios y “conoce a Dios” (v. 7).
- Si ésta es la esencia de Dios, para llegar al amor auténtico hay un solo camino: amar. Sin embargo, no como pensaban los gnósticos o los enemigos de la Comunidad, que creían amar a Dios porque sentían la curiosidad de conocerlo.
- La naturaleza del amor, para Juan, se fundamenta sobre el hecho de que Dios nos ha amado “primero”, por gratuita iniciativa suya. Este amor se ha manifestado en la Encarnación del Hijo de Dios, sin el cual los hombres no hubieran podido conocer el verdadero amor sin poseer la vida (vv. 9-10). Jesús nos ha demostrado un amor concreto, desinteresado, de dedicación y de total liberación, hasta entregar la vida. El amor del hombre por Dios, por tanto, es siempre una respuesta al amor procedente del Padre.
 CLAVES para la VIDA
- Aquí está esta nueva reflexión, ahondando en lo que anteriormente nos ha ofrecido el “discípulo amado”, aquel que ha tenido esa experiencia singular y única de Jesús y de su mensaje. Y el núcleo está definido y claro: el amor siempre procede de Dios y es gratuito. Nada de componendas ni historias raras.
- Por lo tanto, aquí nace la espiritualidad de la GRATUIDAD. La razón es muy sencilla: la iniciativa siempre es de Dios y nuestro amor es una respuesta a ese amor descubierto y actuante en nosotros. La expresión máxima de ese amor de Dios es Jesús mismo, que es encarnación viva y palpable del proyecto de Dios para con nosotros y para siempre.
- De aquí nace el NUEVO CREYENTE: sin esa experiencia, sentida y asumida, del amor gratuito de Dios, ni es posible ser creyente y mucho menos seguirle con el gozo y la alegría del que ha descubierto el auténtico tesoro de su vida. La fe, pues, es fundamentalmente y originariamente una EXPERIENCIA GRATUITA del amor de Dios manifestado en Jesús. Todo el resto es consecuencia. ¡Buen ánimo, hermano/a! Y... ¡qué suerte!

Evangelio: Juan 15, 9-17
“... Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos..."
 CLAVES para la VIDA
- La perícopa evangélica prosigue y profundiza en el tema del amor. Jesús, prosiguiendo con la analogía de la vid y los sarmientos, añade matices siempre nuevos para hacer comprender cuál es la relación que le une al Padre y a los hombres. La expresión “permanecer en él” (vv. 4-7) se explica ahora en el sentido de “permanecer en su amor”, es decir, en esa circulación de caridad, de pura donación, que es la vida trinitaria en sí misma y en su apertura al hombre (v. 9).
- A Jesús, como bien atestiguan sus parábolas, no le gusta el lenguaje abstracto. Si habla, es para ofrecer palabras que son «espíritu y vida» y, por consiguiente, tienen que poder ser comprendidas y vividas por todos. Permanecer en su amor es así sinónimo de «observar sus mandamientos». Una vez más el modelo que se propone al hombre es la vida trinitaria: Jesús permanece en la caridad del Padre y es una sola cosa con él porque acoge, ama y realiza plenamente su voluntad (v. 10). Como dice el himno cristológico de Flp 2, «se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó...». Esta unión de voluntades, con la seguridad de que el designio del Padre es el verdadero bien, es la alegría del Hijo, y él, al pedir la observación de sus mandamientos, no hace otra cosa que invitar al discípulo a participar de su misma alegría (v. 11).
- Su mandamiento es el amor recíproco, hasta estar dispuesto a ofrecer la vida por los otros (vv. 12s). Ese amor es el que hace caer todas las barreras, hace «prójimo» a todo hombre, hace nacer una amistad que sabe compartir las cosas más importantes. Su realización perfecta se encuentra en Jesús, que, antes de morir, dice a sus discípulos: «Ya no os llamo siervos, sino amigos», aunque sabe que muy pronto le dejarían solo.
 CLAVES para la VIDA
- Nos encontramos en una de estas Catequesis profundas y vitales que el discípulo amado nos ofrece para comprender todo el misterio de la persona de Jesús. Y aquí hallamos, una vez más, la clave maestra de toda la vida de Jesús: es su relación con el Padre, pero no como algo teórico y racional, sino algo profundamente vital. Hasta tal punto es así, que realizar la voluntad del Padre es para Jesús “el alimento”, y es la causa de su alegría, la fuente de todas sus satisfacciones. Ahí llega su comunión con él.
- Por eso, “permanecer en él” es la clave para el discípulo porque es en esa unión profunda donde adquirirá el conocimiento, la experiencia que necesita y que moverá su vida. Ahí aprenderá el discípulo que el “amor” y permanecer en ese amor, es lo que le hará parecerse a Jesús y vivir lo que él mismo vivió: “Ya no os llamo siervos, sino amigos”: he ahí la nueva realidad a la que Jesús invita a sus seguidores.
- Por lo tanto, su invitación es bien concreta: compartir con él cuanto él mismo ha vivido en su comunión con el Padre; su alegría reside en vivir esa relación filial. El discípulo, hoy, (yo, nosotros) es invitado a gustar y experimentar esa misma relación y a expresarlo en el amor a los hermanos. Es la GRAN invitación. ¿Te animas?

viernes, 11 de mayo de 2012


SÁBADO, día 12


Hechos de los Apóstoles 16, 1-10
“... Pablo fue a Derbe y luego a Listra. Había allí un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de un griego y de una judía cristiana... Aquella noche Pablo tuvo una visión: un macedonio le rogaba: Ven a Macedonia y ayúdanos. Apenas tuvo la visión, inmediatamente tratamos de salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio...”
 CLAVES para la LECTURA
- Lucas pasa ahora a narrar los acontecimientos misioneros de Pablo: él será el protagonista de la tercera parte de los Hechos de los Apóstoles. El fragmento de hoy presenta el segundo viaje misionero, ya avanzado. Entre tanto ha tenido lugar la separación de Bernabé, a causa -según Lucas- de una diferente valoración de la persona de Juan Marcos. Pablo elige como nuevo compañero a un discípulo suyo al que siempre le unirá un gran cariño: Timoteo. Haciendo gala de una gran elasticidad pastoral, especialmente en vistas a la acción entre los judíos, Pablo lo hizo circuncidar, aunque no viera para ello ninguna necesidad doctrinal. Pablo se hace en verdad “todo para todos” por el Evangelio.
- Es significativo el hecho de que el Espíritu hace prácticamente las veces de guía, corrigiendo la ruta de los misioneros. Lucas quiere subrayar que el protagonista y el director de la evangelización es el Espíritu Santo, que tiene sus planes, a menudo diferentes a los de los hombres. Es el Espíritu quien impulsa a Pablo a pasar a Europa, en vez de adentrarse en las regiones de Asia menor.
- Hay un misterio en la llamada a los pueblos y las naciones que escapa por completo a la mirada humana. Baste con una sencilla reflexión: el programador de la evangelización es con toda claridad el Espíritu Santo; no se trata de una acción organizada por los hombres, aunque estén llenos de fe y de celo. En la acción de Pablo no había demasiada organización, sino una gran disponibilidad a la acción del Espíritu. ¿No hace esto hoy actual y digno de atención este dicho, que podría parecer sólo un eslogan: «Menos organización y más Espíritu»?
 CLAVES para la VIDA
- ¡Qué elasticidad la de Pablo, incluso “cediendo” a criterios pastorales y haciendo circuncidar a Timoteo! ¡Qué disponibilidad a la fuerza y a las llamadas del Espíritu la que viven estos apóstoles y evangelizadores! El autor de los Hechos insiste en la presencia significativa del Espíritu en toda esta acción evangelizadora de las primeras Comunidades, más allá de las visiones y previsiones humanas. Posiblemente estamos ante el hecho, real y vivido, de “menos organización y más Espíritu”.
- Aquí se nos ofrece cómo el Espíritu de Jesús es un misterioso pero eficaz agente de vida eclesial, quien inspira a la comunidad cuáles son los lugares y caminos de la evangelización en cada momento. Todo ello vivido en un clima de comunidad y de búsqueda. ¡Ahí es nada!
- La historia de las primeras comunidades nos sigue ofreciendo pautas de acción y de actuación válidas, hoy y aquí: el saber discernir “los signos de los tiempos”; las “llamadas del Espíritu” a asumir acciones y nuevos desafíos; la disponibilidad a afrontar los retos y a hacerlo desde esa conciencia de envío que viven... Todo esto y más se nos sigue ofreciendo, sugiriendo, invitando... ¿Bien? ¡Buen ánimo!

Evangelio: Juan 15, 18-21
“... Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo...”
 CLAVES para la LECTURA
- La perícopa contiene una advertencia de Jesús dirigida a sus discípulos sobre el odio y el rechazo del mundo que tendrán enfrente. Si la nota distintiva de la comunidad cristiana es el amor, ahora el Maestro presenta a los suyos lo que caracteriza al mundo que les rechaza: el odio (v. 18). El Señor advierte y explica ese odio del mundo y emite un juicio sobre el mismo.
- El odio del mundo hacia la comunidad cristiana es consecuencia lógica de una opción de vida: los seguidores del Evangelio no pertenecen al mundo, y éste no puede aceptar a quien se opone a sus principios y opciones. Los creyentes, en virtud de su opción de vida a favor de Cristo, son considerados como extraños y enemigos. Su vida es una continua acusación contra las obras perversas del mundo y un reproche elocuente contra los malvados. Por eso es odiado y rechazado el hombre de fe.
- Pero ¿cómo se manifiesta el odio del mundo contra los discípulos? Mediante las persecuciones que han de padecer los creyentes por el nombre de Cristo. No son en verdad estas pruebas las que deben desanimar a los discípulos ni en su camino de fe ni en su misión de evangelización. También su Señor experimentó la incomprensión y el rechazo hasta la muerte (v. 20). Es más, la persecución y el sufrimiento son una de las condiciones de la gloria que toda la comunidad cristiana debe compartir con su Salvador. La suerte de los discípulos es idéntica a la de Cristo: si éste ha sido perseguido, también lo serán sus discípulos; si éste fue escuchado, también lo serán los suyos (vv. 20s).
 CLAVES para la VIDA
- Dentro de este contexto de comunicación vital de Jesús con los suyos, donde predomina el amor, ahora se nos introduce otra palabra, el “odio”, y Jesús así les advierte a los suyos, como parte de la historia y del contraste que van a vivir. El origen de este odio es que no comparten ese “ser del mundo” y por lo tanto, ese mundo les va a rechazar, porque no son de los suyos. Y es que las fuerzas que se oponen al Reino están en marcha.
- Pero todo esto no es ninguna novedad respecto a los seguidores, porque ésa misma es la condición que le ha tocado vivir al Maestro: Él ha sido rechazado frontalmente por esa realidad del “mundo”; y él mismo nos ha “elegido y sacado del mundo” (v. 19) para poder vivir con la dinámica que él ha vivido. Ésta es la nueva condición y situación del discípulo: ha sido “rescatado” por el mismo Señor de las fuerzas del mundo.
- Y aquí nos encontramos nosotros, invitados a participar de esa VIDA que él nos ofrece y que quiero compartir, y con todas las consecuencias. Eso sí: sólo si estoy “unido” a él (como el sarmiento a la vid) tendré vida y me llegará la savia portadora de esa vida. ¡Es la conclusión de este camino Pascual! ¿Estás de acuerdo, hermano/a?

jueves, 10 de mayo de 2012


VIERNES, día 11


Hechos de los Apóstoles 15, 22-31
“… Los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas Barsaba y a Sila... Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables…”
 CLAVES para la LECTURA
- La asamblea concluye con la elección de una delegación y el envío de una carta. En ella se desautoriza a los rigoristas -o sea, a los que habían provocado el altercado- y se da vía libre a la apertura a los paganos, sin imponerles demasiadas cargas. Es importante la conciencia que tiene la asamblea de haber tomado una decisión bajo la iluminación del Espíritu Santo: la Iglesia ha experimentado, desde sus orígenes, la presencia del Espíritu y la ha transmitido a lo largo de los siglos. El discernimiento practicado -en el que ha participado toda la Iglesia- ha sido verdaderamente «espiritual», es decir, ha sido guiado por el Espíritu.
- La delegación debe explicar los detalles del contenido del texto, así como las cláusulas de Santiago, presentadas como generosas; esto es, no como cargas pesadas. De hecho, esas limitaciones caerán pronto en desuso frente a la aplastante presencia de los procedentes del paganismo y la disminución del componente judío. El mismo Pablo, por su parte, no hizo nunca alusión a estas cláusulas.
- La línea de Antioquía tiene ahora vía libre para su estilo de evangelización: sus tesis han sido aceptadas y avaladas plenamente. Se comprende que «su lectura les llenara de alegría y les proporcionara un gran consuelo». Este consuelo les animó a seguir por el camino emprendido. Antioquía se convierte ahora en el nuevo centro de irradiación del Evangelio y en el punto de partida de las nuevas empresas de Pablo. Reina un clima de alegría y de serenidad por el avance del Evangelio, que les hace cerciorarse de la importancia vital de la difusión del camino de la salvación a todos los hombres.
 CLAVES para la VIDA
- Seguimos aprendiendo de aquella primera Comunidad Cristiana: tras el discernimiento profundo, intenso y, muy probablemente, tenso, han llegado a una conclusión y la comparten con otras comunidades. Se abre una nueva vía de evangelización y, así, Antioquía, será la nueva plataforma de irradiación del Evangelio; desde ahí partirá Pablo en sus caminatas, tanto para el anuncio como para la implantación de nuevas comunidades y su organización.
- Detrás de este discernimiento y decisión hay una convicción profunda y teológica: la salvación viene de Jesús y no es necesario pasar por el judaísmo para participar en esa plenitud; es la tesis de Pablo y Bernabé; ha triunfado la tesis de la tolerancia; ha quedado claro en dónde radica el núcleo de todo, y éste no es otro que Jesús. ¡Enorme lección, básica pero muy interesante! Si bien muy olvidada a través de la historia.
- Esta afirmación “el Espíritu Santo y nosotros hemos decidido...” se convierte en todo un estilo y forma de hacer las cosas. ¡Vaya desafío! Lo malo es que creamos que tenemos “más Espíritu” que los demás. En cualquier campo de mi vida... ¿cómo trabajo la corresponsabilidad? ¿cómo busco el discernimiento y el consenso compartido? ¿soy tolerante y acogedor?...

Evangelio: Juan 15, 12-17
“… Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como Yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos... No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros…”
 CLAVES para la LECTURA
- Las relaciones entre Jesús y los discípulos asumen una intensidad particular en esta breve perícopa, donde se afronta el tema del mandamiento del amor fraterno: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (v. 12). Los mandamientos que debe observar la comunidad mesiánica están compendiados en el amor fraterno. Este precepto del Señor glorifica al Padre. Supone vivir como verdaderos discípulos y dar como fruto el testimonio. Ahora bien, la calidad y la norma del amor al hermano son una sola: el amor que Jesús tiene por los suyos, un amor que ha llegado a su cima en la cruz (v. 13).
- La cruz es el ejemplo de la entrega de Jesús hasta el extremo por sus discípulos: ha entregado su propia vida por aquellos a los que ama. Lo que desea de los suyos, a cambio, es la fidelidad al mismo mandamiento siguiendo su ejemplo. La riqueza del amor que une a Jesús con los suyos, y a los discípulos entre ellos es, en consecuencia, total y de una gran calidad.
- El modelo del amor de Jesús por sus discípulos no tiene que ver solamente con el sacrificio de su vida, sino que contiene también otras prerrogativas: es relación de intimidad entre amigos y don gratuito (vv. 14s). El signo mayor de la amistad entre dos amigos consiste en revelarse los secretos de sus corazones. El amor de amistad, del que nos habla Jesús, no se impone; es respuesta de adhesión en el seno de la fidelidad. El Maestro, al hacer partícipes a sus discípulos de los secretos de su vida, ha hecho madurar en ellos el seguimiento, les ha hecho comprender que la amistad es un don gratuito que procede de lo alto.
- La verdadera amistad se sitúa en el orden de la salvación. Jesús ya no es para ellos el “señor”, sino el Padre y el confidente, y ellos ya no son “siervos”, sino “amigos”. Convertirse en discípulo de Jesús es don, gracia, elección y certeza de que nuestras peticiones dirigidas al Padre en nombre de Jesús serán escuchadas (vv. 16s).
 CLAVES para la vida
- La reflexión de Jesús en este contexto de la última Cena progresa en círculos: ya ha insistido en lo de “permanecer en él” y que, en concreto, deben “permanecer en su amor, guardando sus mandamientos”. Pero ahora añade matices entrañables y significativos: “no os llamo siervos, sino amigos” (v. 15), “no sois vosotros los que me habéis elegido, yo soy quién os ha elegido” (v. 16); “amaos unos a otros como yo os he amado” (v. 17): ahí están las claves de todo cuanto Jesús ha vivido y quiere que vivan sus amigos, sus seguidores, con toda la carga de intimidad y de profundidad.
- El “amor fraterno” que Jesús propone va hasta el extremo de ofrecer la vida; así es el amor concreto y sacrificado que busca el bien del otro, incluso por encima del propio y ello con esfuerzo y renuncia. Y Él se presenta como Modelo y Maestro en esta inmensa tarea.
- Sólo desde la experiencia íntima de relación personal con Él, de sentir y experimentar que soy su “amigo” y no su siervo, podré hacerme cargo de su propuesta-mandato del amor fraterno, como él mismo lo ha vivido. Si quiero hacerle caso a cuanto nos está revelando en esta última Cena, vivir una RELACIÓN íntima y personal es absolutamente imprescindible, es cuestión de vida o... “no vida” (muerte).

miércoles, 9 de mayo de 2012


JUEVES, día 10:   San Juan de Ávila


Hechos de los Apóstoles 15, 7-21
“... Después de una fuerte discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los ancianos: Hermanos, desde los primeros días, como sabéis, Dios me escogió para que los gentiles oyeran de mi boca el mensaje del evangelio y creyeran. Y Dios que penetra los corazones, mostró su aprobación dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros ...”
 CLAVES para la LECTURA
- En la asamblea de Jerusalén están presentes dos preocupaciones: salvaguardar la universalidad del Evangelio y, al mismo tiempo, mantener la unidad de la Iglesia. La apertura al mundo pagano, es decir, la toma de conciencia de la universalidad del Evangelio, no da origen a dos Iglesias, sino a una única Iglesia con connotaciones pluralistas. Corresponde a Pedro la tarea de defender la opción de Antioquía. Y lo hace partiendo de su propia experiencia, apoyando plenamente la línea de Pablo, usando incluso su típico lenguaje teológico: «Creemos que nos salvamos por la gracia» (v. 11). En consecuencia, no se habla de imponer el peso de la circuncisión o cualquier otro fardo insoportable.
- El problema de la convivencia de las dos culturas, formas, mentalidades, tradiciones, fue planteado por Santiago, portador de las instancias de la tradición. No se opone a Pedro, pero sugiere algunas observancias rituales importantes para los judíos, que permitirán una convivencia que no ofenda la sensibilidad de los que proceden del judaísmo. Se trata de normas de pureza legal tomadas del Levítico. Para Santiago, las comunidades de los cristianos judíos y paganos son diferentes, pero deben vivir sin altercados: por eso es preciso dar normas prudentes.
- Entre el discurso de Pedro, el último en Hechos de los Apóstoles, y el de Santiago se ha intercalado el testimonio de los hechos por parte de Bernabé y Pablo, y todo el conjunto viene después de «una larga discusión» (v. 7). Ambos discursos podrían ser considerados como conclusión y resumen de un paciente «proceso de discernimiento comunitario» en el que han sido expuestos, escuchados y discutidos a fondo todos los hechos y todos los argumentos. De este modo, queda salvada la libertad del Evangelio y, también, la unidad de la Iglesia. Es un método que se considera cada vez más como ejemplar y que se presagia como el normal en las distintas decisiones eclesiales.
 CLAVES para la VIDA
- Descubrimos cómo la primera comunidad camina en medio de dificultades, de búsquedas y de discernimiento ante las situaciones que se presentan. Posturas aperturistas que acogen al mundo de la gentilidad, con quien Dios ha obrado maravillas; actitudes de concordia y de profundo respeto mutuo; y desautorización de las tesis radicales que habían creado un peligro real de división y de enfrentamiento. Todo ello animado por ese Espíritu que está inspirando la búsqueda y el discernimiento.
- Impresiona que aquella gente sencilla y sin gran cultura, como era el grupo de los apóstoles, tenga ese talante dialogador y de discernimiento. Está claro que el Espíritu está poniendo en marcha toda aquella experiencia vital que habían compartido con el mismo Jesús; y es que ellos han participado activamente en esa ESCUELA, tan sugerente y vital. ¡Han tenido un gran maestro!
- Hoy, nosotros, la comunidad de Jesús, también con limitaciones humanas y de otras índoles, somos animados a seguir el mismo estilo de actuación, de búsqueda, de discernimiento en base al diálogo, a la acogida, al acuerdo. ¡Cuánto nos queda por aprender de aquella sencilla historia de la primera comunidad! ¿Cómo me siento yo? ¿Con talante dialogador y de búsqueda? O... ¿atascado?, ¿sin ilusión?

Evangelio: Juan 15, 9-11
“... Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud..."
 CLAVES para la LECTURA
- ¿Cuál es el fundamento del amor de Jesús por los suyos? El texto responde a esta pregunta. Todo tiene su origen en el amor que media entre el Padre y el Hijo. A esta comunión hemos de reconducir todas las iniciativas que Dios ha realizado en su designio de salvación para la humanidad: «Como el Padre me ama a mí, así os amo yo a vosotros. Permaneced en mi amor» (v. 9).
- Ahora bien, el amor que Jesús alimenta por los suyos requiere una pronta y generosa respuesta. Ésta se verifica en la observación de los mandamientos de Jesús, en la permanencia en su amor, y tiene como modelo su ejemplo de vida en la obediencia radical al Padre hasta el sacrificio supremo de la misma.
- Las palabras de Jesús siguen una lógica sencilla: el Padre ha amado al Hijo, y éste, al venir a los hombres, ha permanecido unido con él en el amor por medio de la actitud constante de un «sí» generoso y obediente al Padre. Lo mismo ha de tener lugar en la relación entre Jesús y los discípulos. Éstos han sido llamados a practicar, con fidelidad, lo que Jesús ha realizado a lo largo de su vida. Su respuesta debe ser el testimonio sincero del amor de Jesús por los suyos, permaneciendo profundamente unidos en su amor. El Señor pide a los suyos no tanto que le amen como que se dejen amar y acepten el amor que desde el Padre, a través de Jesús, desciende sobre ellos. Les pide que le amen dejándole a él la iniciativa, sin poner obstáculos a su venida. Les pide que acojan su don, que es plenitud de vida. Para permanecer en su amor es preciso cumplir una condición: observar los mandamientos según el modelo que tienen en Jesús.
 CLAVES para la VIDA
- Con la metáfora de la vid y los sarmientos, Jesús invitaba a “permanecer en él” para poder dar fruto. Hoy continúa el mismo tema, pero avanzando y concretando en qué consiste ese “permanecer” en Cristo: se trata de “permanecer en su amor guardando sus mandamientos” (v. 10). Así se restablece una misteriosa y admirable relación triple: la fuente de todo es el Padre; el Padre ama a Jesús y Jesús al Padre; Jesús, a su vez, ama a los discípulos, y éstos deben amar a Jesús y permanecer en su amor, guardando sus mandamientos, lo mismo que Jesús permanece en el amor al Padre, cumpliendo su voluntad.
- Aquí, en esa profunda relación, está la causa de la plena alegría: “que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud”. Es uno de los frutos de la Pascua, esa misma alegría que llena el mismo corazón de Jesús, porque se siente amado por el Padre, cuya voluntad está cumpliendo, aunque no sea nada fácil.
- Y aquí estamos nosotros, siguiendo las huellas de este Jesús, quien se siente fundamentado en el amor del Padre y donde encuentra la alegría para la entrega hasta el final y en favor de sus hermanos. La “paz” y la “alegría” son frutos pascuales, son dones que plenifican, serenan. ¿Cómo me encuentro de PAZ y de ALEGRÍA? ¿Son “notas” reales en mi vida, hoy y aquí?

martes, 8 de mayo de 2012


MIÉRCOLES, día 9


Hechos de los Apóstoles 15, 1-6
“... En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban como manda la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé, y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia...”
 CLAVES para la LECTURA
- En el comienzo del fragmento aparece planteada la cuestión que tanto interesó y turbó a los primeros discípulos: ¿hace falta la circuncisión para salvarse? Pablo y Bernabé responden decididamente que no. Pero ¿y si los que dicen lo contrario contaran con el aval de las columnas de la Iglesia de Jerusalén? De ahí viene la solución: ir directamente a Jerusalén.
- Allí, tras un viaje en el que cuentan sus éxitos apostólicos, suscitando una «gran alegría a todos los hermanos», fueron recibidos por «la iglesia, los apóstoles y demás responsables» y encuentran la misma oposición que hallaron en Antioquía por parte de los fariseos convertidos. Su tesis es la típica de los judaizantes, contra los que Pablo tendrá que luchar durante mucho tiempo (Gal 5, 6-12). Para éstos, la ley de Moisés tenía una validez perenne y, por consiguiente, también tenía que ser impuesta a los convertidos del paganismo.
- La cuestión es seria: de ahí que se convoque una reunión a la que asisten los apóstoles y los demás responsables. Según una variante occidental del texto original, asistieron también «el conjunto de los hermanos». Son las premisas del celebérrimo «Concilio de Jerusalén», la primera reunión oficial de la Iglesia para resolver una cuestión grave, de la que podía depender la difusión de la Palabra en el mundo pagano. Sobre esta reunión se han derramado ríos de tinta (en parte por la dificultad de armonizar los datos de Lucas con los de Pablo). Con todo, la importancia de la reunión es indudable y sus resultados serán altamente positivos.
 CLAVES para la VIDA
- Tampoco en la joven Iglesia de Jesús las cosas fueron tan sencillas y fáciles como a veces podamos pensar. En esa actividad evangelizadora se presentaron dificultades, y alguna de calado y profundidad. ¿Era necesario abrazar la fe judía, con sus leyes y normas, para alcanzar la plenitud y la salvación? Es una cuestión de fondo y al apóstol Pablo le costó más de un rato el convencer a sus hermanos en religión y hacerles entender que era la persona de Jesús la CLAVE de la nueva situación.
- Es hermoso ver cómo los hermanos se unen para dialogar y encontrar una solución compartida, después de un discernimiento en común con vistas a ser fieles a la voluntad de Dios. ¡Cuánto nos queda por aprender de aquella primera Comunidad! Las tensiones están presentes y volverán a estar. Las primeras comunidades nos muestran el camino para plantearlas y solucionarlas.
- En la andadura de la Iglesia, el hecho de descubrir que se han sabido afrontar las situaciones más complicadas, la verdad es que ilusiona. Y así ha sido. ¡Cuán fácilmente olvidamos estas lecciones magistrales de la historia! Y mi actitud... ¿cuál es? ¿Busco el diálogo y el compartir como ESTILO para afrontar y solucionar las situaciones de la vida, de la pastoral, de...?

Evangelio: Juan 15, 1-8
“... Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto, lo arranca; y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto... permaneced en mí y yo en vosotros...”
 CLAVES para la LECTURA
- La frecuente repetición, en pocos versículos, del verbo «permanecer» hace comprender de inmediato que es la palabra clave del fragmento. Si en el capítulo 14, comienzo del «discurso de despedida», se pone el acento en la partida de Jesús y en la inquietud de los apóstoles, ahora se hace hincapié en la comunión profunda, real, indestructible que hay entre él y aquellos que creen en él.
- Aunque va a enfrentarse con la muerte, Jesús sigue siendo para los suyos la fuente de la vida y de la santidad («producir fruto»: 15, 6). Más aún, precisamente yendo al Padre pone la condición para poder «permanecer» para siempre en los suyos. Jesús, sirviéndose de una comparación, habla de sí mismo como de la vid verdadera: una imagen que ya habían usado a menudo los profetas para describir a Israel, la vid infecunda, esquiva a los amorosos cuidados de Yahvé (Is 5). Jesús se presenta como el verdadero pueblo elegido que corresponde plenamente a las atenciones de Dios. Por otra parte, se identifica con la Sabiduría, de la que se había escrito que como vid ha producido brotes, flores y frutos (Eclo 24, 17).
- Con esa imagen quiere explicar, por consiguiente, cómo es la extraordinaria realidad de la comunión vital con él que ofrece a los creyentes, qué compromiso incluye ésta y cuáles son las expectativas de Dios. Jesús es el primogénito de una humanidad nueva en virtud del sacrificio redentor en la cruz. Él es la cepa santa de la que corre a los sarmientos su misma linfa vital. Quien permanece unido a él puede dar al Padre el fruto del amor y dar gloria a su nombre (vv. 5. 8).
- A continuación, para que este fruto sea copioso, el Padre-viñador realiza todos los cuidados: corta los sarmientos no fecundos y poda los fecundos. Esta obra de purificación se va realizando cuando la Palabra de Jesús es acogida en un corazón bueno (v. 3): entonces esta Palabra guía las acciones del hombre y lo hace amigo de Dios, cooperador en su designio de salvación, colaborador de su gloria (v. 7).
 CLAVES para la VIDA
- ¡Hermosa de veras la comparación con la que hoy se describe la unión de Jesús con sus discípulos! ¡Qué vivacidad tiene el símil que utiliza! Él, Jesús, es la cepa; sus seguidores, son los sarmientos. De la vid pasa la savia, o sea la vida, a los sarmientos, si “permanecen” unidos a la vid. Si no, quedan secos, no dan fruto y se mueren. La fuerza del símil está expresada por la palabra “PERMANECER”, repetida 15 veces en este capítulo. Además, Dios Padre es el viñador, el que quiere que los sarmientos no pierdan esta unión con Cristo. Ésta es la alegría mayor del Padre: “que deis fruto abundante” (v. 8).
- De entre las varias comparaciones que tienen como clave la vid y la viña, -el pueblo de Israel como una viña plantada por Dios, que se queja amargamente de que la viña en la que había puesto su ilusión no le da frutos; los viñadores malos que no pagan al dueño-, ésta de la cepa y los sarmientos es la que más íntimamente describe la unión vital de Cristo con sus seguidores.
- Las conclusiones de este texto-reflexión no son complicadas: Cristo ha querido que exista una unión íntima y vital entre nosotros y Él. De hecho, ese “trasvase” íntimo de vida desde la cepa a los sarmientos, tiene consecuencias importantes para nuestra vida de seguidores de Jesús. Si no recibo (recibimos) vida y savia de él, estamos abocados a secarnos y ser pasto de las llamas (en el mejor de los casos). Esta unión es vital. ¿Qué tal me siento? ¿Cómo cuido y trabajo esta unión?