sábado, 15 de marzo de 2014


DOMINGO, día 16 de Marzo


 
 
 
 
 
 
 
 
Génesis 12, 1-4a

“... El Señor dijo a Abrahán: Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo...”

 

CLAVES para la LECTURA

- Al mandato de Dios (“Sal de tu tierra...”) sigue una promesa de bendición sobreabundan-te: en dos versículos aparece cinco veces, y tal repetición indica los tres ámbitos de la acción de Dios en favor de Abrahán.

- El primero es la promesa de una posteridad humanamente imposible (Gn 11, 30), acompa-ñada de un gran nombre impuesto por Dios (como contraposición a Gn 11, 4). El segundo ámbito, manifestado en el v. 3a, amplía el horizonte a todos los que reconozcan y acojan la historia de salvación que Dios inaugura a partir de Abrahán: se convertirán en hijos de la promesa. Por el contrario, quien pretenda obstaculizarla, no logrará su intento (Nm 22-24). En el v. 3b el horizonte se universaliza: el tercer ámbito de la acción benéfica de Dios con Abrahán es la inclusión de todas las razas de la tierra en la historia de salvación. En Cristo, la promesa de Dios se ha dilatado a todas las gentes (Gal 3, 15-18) hasta el cumplimiento escatológico.

- Al mandamiento de Dios sigue la obediencia de Abrahán, dejando que Dios disponga de sí y de su destino. Fiándose de él marchó como le había dicho el Señor. En esta marcha, no sólo Israel, sino todos los “hijos de la promesa” reconocen el prototipo de las sucesivas “salidas” que el Señor pedirá a los suyos: el Éxodo, la vuelta de Babilonia, el seguimiento de los discípulos, el compromiso de vivir como extranjeros y peregrinos en este mundo. La fe obediente de Abrahán quedará para todos como paradigma de la respuesta a la propia vocación.

- Después de la alianza establecida con Noé, con la que Dios juró fidelidad a lo creado (Gn 9), los hombres siguen inclinándose al mal (Gn 11). Pero Dios continúa buscando la comunión con los hombres: a la dispersión de Babel sigue la vocación de Abrahán, llamado significativamente a romper todo vínculo social y de clan para poder seguir incondicional-mente los caminos del Señor (Gn 12, 1).

 

CLAVES para la VIDA


- La vocación de Abrahán nos muestra la decisión del mismo Dios de formar un pueblo según su corazón, con una visión monoteísta y que atraiga las mismas bendiciones divinas para la humanidad. Y como no podía ser de otra forma, en el inicio de este camino, un hombre bueno, abierto a Dios, del que se fía hasta extremos increíbles; un hombre abierto al futuro y no apegado al pasado. De ahí que Abrahán se convierte en el prototipo de creyente para tantas personas a lo largo de los tiempos.

- Eso sí, esa vocación le lleva a Abrahán a liberarse de todo tipo de vínculos y de ataduras, por muy sagradas que parecieran. Solo así, poniendo su corazón y, como consecuencia, su vida al servicio de los planes de Dios, se convertirá en bendición para la humanidad. Aquí nace un nuevo pueblo, llamado a vivir en fidelidad de Alianza con Dios.

- “Contemplar” -desde dentro- a esta figura y símbolo de la fe más atrevida, es una buena actitud para caminar en esta Cuaresma. Así, podré descubrir la inmensidad del amor de este Dios “loco” por la humanidad, y la respuesta significativa de personas como Abrahán. Y es que la llamada de Dios, hoy, me alcanza a mí, llega a mi vida y me propone planteamientos similares... ¿Cuál será mi actitud? ¿Y la tuya, hermano/a?

 

 

2 Timoteo 1, 8b-10

“... Toma parte en los duros trabajos del Evangelio... Él nos salvó y nos llamó a una vida santa no por nuestros méritos, sino porque antes de la creación, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo...”

 

CLAVES para la LECTURA

- Desde Roma Pablo, en la cárcel como un delincuente vulgar (2, 9), envía a su querido discípulo Timoteo, obispo de Éfeso, una desgarradora llamada con tono de último mensaje. A la prisión, se añade el sufrimiento moral (1, 12), pero no debe ser motivo de vergüenza o desaliento para el hijo espiritual (1, 8). Es, más bien, el momento oportuno para reavivar el carisma recibido mediante la imposición de las manos de los presbíteros y obtener el espíritu de fortaleza, amor y sabiduría que permite afrontar victoriosamente la hora de la prueba (v. 6s). Es inevitable que los discípulos de Cristo deban sufrir a causa de su fe (2, 3), pero no están solos en la persecución: la gracia de Dios sostiene en el momento de dar testimonio (v. 8b) y hace que incluso la debilidad humana concurra a la salvación (2, 10-12a).

- En el breve v. 10 aparece el núcleo del kerygma: la encarnación, la muerte y la resurrección del Salvador. Él nos ha abierto un acceso a la luz, venciendo la muerte; siguiendo sus huellas y las huellas de todos los santos que han seguido fielmente a Jesús, también Timoteo (y, como él, cualquier cristiano) podrá afrontar con fe y amor los sufrimientos por el Evangelio (v. 13).

- La nostalgia de la separación (v. 4), la timidez humana (v. 7) de Timoteo, la “escandalosa” situación en la que Pablo se encuentra, las reiteradas alusiones a la cárcel y a la defección de los cristianos (v. 15), podrían arrojar una oscura sombra en la vida del discípulo, por eso el apóstol -con un vocabulario que evoca la luminosidad (v. 10)- alienta: Cristo sacó a la luz la vida inmortal.

 

CLAVES para la VIDA


- Inmenso testimonio y lleno de energía el de este gran apóstol, que abandonado de todos y a las puertas ya del sacrificio supremo de su vida, no desaprovecha -a pesar del cansancio- la oportunidad de anunciar lo que él siente como lo primordial y esencial: “la promesa de vida que está en Jesucristo” (v. 10). Es la profunda convicción de este testigo cualificado.

- Desde lo que él ha vivido y siente, invita a su discípulo querido, a que “avive el fuego de la gracia” (v. 6) para que no se acobarde ante las situaciones que le van a tocar vivir. “Toma parte en los duros trabajos del Evangelio” (v. 8): toda una actitud a vivir, como el mismo Pablo ha vivido, incluso en esta situación de prisión y de limitación. “Sé de quién me he fiado” será la conclusión de este inmenso apóstol y luchador hasta el final.

- ¡Todo un cuadro y un espejo donde poderme mirar el de este apóstol, grande donde los haya...! A lo largo de su vida, ha entregado todo y ahora, en el momento cumbre, también. ¡Vaya lección...! Ante esas actitudes de abandono, productos del cansancio y de la dificultad... ahí está el apóstol “provocándome” a lo mejor, hasta la entrega final. ¡Casi nada...! ¿Qué te sugiere a ti, hermano/a?

 

 

Evangelio:  Mateo 17, 1-9

 

“... Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan... Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol... Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro dijo a Jesús: Señor, ¡qué hermoso es estar aquí!... Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo el amado, mi predilecto. Escuchadle...”

 

CLAVES para la LECTURA

- En el texto de Mateo, la narración de la transfiguración comienza con una indicación cronológica -“Seis días después”- que lo vincula con lo precedente, es decir, con la profesión de fe de Pedro, con el primer anuncio claro por parte de Jesús de su pasión y con la declaración de que para ser discípulos es necesario seguirle por el camino de la cruz. “Seis días después” el Maestro lleva a tres de sus discípulos a una montaña alta para concederles la experiencia anticipada de la gloria prometida después de padecer.

- En aquella elevada soledad Jesús les muestra su aspecto divino “cambiando de aspecto” (v. 2). Mateo insiste particularmente en la luz y el fulgor que emanan de él, evocando la figura del Hijo del hombre de Dn 10 y la narración de la manifestación de Yahvé en la cumbre del Sinaí (Ex 34, 29-33). Las continuas alusiones a las teofanías del Antiguo Testamento (Ex 19, 16; 24, 3; 1 Re 19, 11) indican que está pasando algo extremadamente importante: en Jesús la antigua alianza va a transformarse en “nueva y eterna alianza”. La aparición de Moisés y Elías testimonia que Jesús es el cumplimiento de la Ley y los Profetas, el que guiará al pueblo a la verdadera tierra prometida y lo restablecerá en la integridad de la fe en Dios.

- La intervención de Pedro (v. 4) indica el contexto litúrgico de la fiesta de los Tabernáculos, la más alegre y respladeciente de luces, que conmemoraba el tiempo del Éxodo, cuando Dios bajaba en medio de su pueblo morando también él en una tienda, la tienda del encuentro. La Nube de la Presencia (shekhînah), que ahora desciende y envuelve a los presentes, actualiza y lleva a la plenitud la liturgia: como declara la voz que se oye desde el cielo, Jesús es el profeta “más grande” preanunciado por el mismo Moisés (Dt 18, 15), y lo es por ser el Hijo predilecto de Dios.

- Ante esta manifestación extraordinaria de gloria, un gran temor se apodera de los discípulos. Jesús los reanima con su gesto y su palabra (v. 7) como el Hijo del hombre de la visión de Daniel. Se vuelve más desconcertante e incomprensible a los discípulos lo que Jesús, ya sólo, les dice: el Hijo del hombre -la figura gloriosa esperada como conclusión de la historia- deberá afrontar la muerte y resucitar.

 

CLAVES para la VIDA


- Se nos vuelve a insistir: en el nacimiento de la Nueva Alianza, hay también una experiencia y un testimonio directo y personal: los tres amigos de Jesús han podido “contemplar” (“templar-con”) su vida desde la nueva luz de Jesús. Si en el bautismo es el mismo Jesús quien era afirmado y confirmado en su Misión, ahora son sus amigos quienes reciben ese don y regalo y contemplan su gloria. 

- Toda la historia del pueblo elegido es recogida, como síntesis, en este relato: la “voz”, la “nube”, los “personajes” históricos y... el “nuevo pueblo” representado por los tres amigos. Antes era Dios el compañero de camino de ese pueblo; ahora, el Nuevo Pueblo tiene una presencia (si cabe) más cercana y tangible: Jesús se hace compañero de camino para siempre, aunque para ello tenga que experimentar el amargor de la entrega y de la muerte (algo, por ahora, incomprensible para su “nuevo Pueblo”).

- Y aquí estamos nosotros, compartiendo con aquellos testigos la experiencia de su presencia nueva y cercana para siempre. Porque ésta es la conclusión a la que remite el pasaje evangélico: “escuchadlo” es la sugerencia, propuesta y que aquí suena a “mandato”. ¿Quieres escucharle, hermano/a? ¿Siempre...?

sábado, 8 de marzo de 2014


DOMINGO, día 9 de Marzo                       I- Domingo de Cuaresma


 
 
 
 
 
 


 

 
 

Génesis 2, 7-9; 3, 1-7

“... El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo... El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles... La mujer tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos...”

 

CLAVES para la LECTURA

- El plan de Dios y el problema del mal constituyen, en síntesis, los temas propuestos por la liturgia en este fragmento. De la tierra ('adamah), de la materia, Dios plasma al hombre ('adam), pero insufla en él su misma respiración; lo rodea de bien y de belleza (v. 9), le coloca en un ambiente preparado con esmero y le confía una tarea, una misión (v. 15); le da amplia libertad para determinar y transformar la realidad que le rodea mediante el trabajo y la autoridad personal (vv. 9s).

- Pero el hombre no debe establecer su norma del bien y el mal: esta norma la impone Dios; no debe conocer por experiencia el mal, so pena de llevarle a la ruina (vv. 16s). “Conocimiento” es para los semitas un hecho de experiencia más, antes que algo intelectual o moral. Dios da, pues, su mandamiento para la vida y la felicidad. Al hombre se le propone la elección de una libre obediencia, reconociendo la relación particular que el Creador le ofrece de vivir con él.

- Allí está el árbol, en medio del jardín, guardado únicamente por la advertencia de Dios. En este punto se insinúa la presencia del mal: el texto bíblico nos dice que el mal no es primariamente una opción errónea, sino más bien una entidad creatural que induce a esa opción astutamente. El término para indicar la serpiente significa también “adivinación”, dejando entrever los cultos idolátricos, en los que el símbolo de la serpiente tenía mucho que ver y que no dejaban de atraer a Israel. En efecto, la serpiente trata de que parezca una mentira el mandato de Dios por una especie de falso oráculo (vv. 4s). La narración de la transgresión es una obra maestra de psicología, una secuencia de sensaciones perfectamente estudiadas (v. 6) en un deseo creciente; pero el éxito del pecado consiste en comprobar la propia desnudez -es decir, nuestra fragilidad, el estar inermes, derrotados-, que lleva a avergonzarse de sí mismo y a no poder soportar la mirada de Dios.

 

CLAVES para la VIDA


- El autor sagrado, con mano maestra y como profundo conocedor de la sicología humana, nos ofrece su visión de la vida y de la historia. Y descubre dos aspectos importantes: por un lado, que el proyecto original fue de bien, de bondad, de relación amistosa entre Dios y la criatura. El segundo aspecto es que la libertad del hombre le lleva a una opción errónea (del tipo que fuere) y ahí algo se “rompe” en esa estrecha relación con Dios. Así es la “explicación” del autor sagrado respecto de la existencia del mal en la vida de la criatura.

- Desde la primera página de la historia se nos presenta cómo el proyecto de Dios es BUENO, de relación y de armonía; si bien, “algo” ha roto esa situación y el “conocimiento” se torna ruptura y división. Pero, a través de los tiempos y vericuetos de la historia, Dios mantendrá su deseo de BONDAD para con el hombre y nace la Historia de la salvación. Es, según el autor sagrado, la gran lección que es necesario sacar y mantener. La vida y la felicidad es la propuesta de Dios; el hombre elegirá el camino a seguir.

- Así iniciamos el camino de la Historia de la salvación. ¡Lástima que tantas veces nos “perdamos” en lecturas pobres o interesadas para no llegar a las conclusiones adecuadas! Aquí se nos ofrece la experiencia más original, la de la bondad, la del proyecto de vida y felicidad de Dios. Pero... ¡hay cosas que nos cuesta demasiado entenderlas y aceptarlas! ¡Cuántas lecturas literales de este pasaje nos han llevado a conclusiones sin salida...! El inicio de la Cuaresma me (nos) invita a volver a “lo original”, al sentido auténtico y al mensaje, aunque sea abandonando tantas adherencias y añadidos. Hermano/a... ¡ojalá descu-bramos las “raíces” válidas de nuestra fe!

 

Romanos 5, 12-19   

“... Lo mismo que por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...  Por tanto, si el pecado de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la salvación y la vida... Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia...”

 

CLAVES para la LECTURA


- La página que estamos leyendo es un texto clásico de la teología sobre el pecado original. Tras haber afirmado que todos, judíos y griegos, son culpables e inexcusables, Pablo recuerda el acontecimiento original que, a su modo de ver, determina y justifica esta universal fragilidad, esta debilidad común, esta pobreza radical de toda persona frente a Dios y a las exigencias de su voluntad.

- Con el pecado -razona Pablo- también ha entrado en el mundo la muerte: la muerte total (v. 12). Y así como cada persona humana se reconoce débil frente a la muerte física, tampoco puede dejar de reconocerse impotente frente a la muerte total. También aquí saca a la luz el apóstol una doble solidaridad que une a toda la humanidad: la solidaridad en el mal, que amenaza con dejar reinar la muerte en el mundo, y la solidaridad en el bien, que está garantizada por la presencia de Jesús (vv. 17ss).

- Existe una clave de lectura muy sencilla y muy eficaz para esta página paulina: consiste en la contraposición entre la figura de Adán, a causa del cual «entró el pecado en el mundo» (v. 12), y la persona de Jesús, merced al cual ha llegado a nosotros la gracia de Dios. Este concepto, desarrollado siempre en una tensión histórico-salvífica, se repite más veces en estas pocas líneas (vv. 15b. l7ss). De este modo, Pablo nos ayuda a volver, con un estupor siempre mayor y con un deseo de comprender siempre creciente, sobre el gran aconteci-miento de la muerte y la resurrección de Jesús, que ha cambiado el rostro a la historia de toda la humanidad, que ha renovado el corazón de todo hombre, hijo de Adán, que ha hecho reinar definitivamente en el mundo la gracia de Dios.

 

CLAVES para la VIDA


- El pecado “entró en el mundo”: ésta es una constatación, y a Pablo le lleva a establecer la célebre comparación entre Adán, el primer hombre, y Jesús, el nuevo y definitivo Adán. El poder del mal se extiende a toda la humanidad, pero ahora ha sucedido algo mucho más importante todavía: “gracias a Jesucristo vivirán y reinarán todos los que  han recibido un derroche de gracia y el don de la salvación” (v. 17c). La vida de Dios, pues, es comunicada por un hombre a toda la humanidad. 

- Por lo tanto, si hay solidaridad en el mal y que amenaza a toda la humanidad, también hay una solidaridad en el bien y está garantizada por la presencia de Jesús y es que por su mediación llega a nosotros la vida, la gracia de Dios; esto es, se hace realidad -y en plenitud- la promesa de la salvación. Éste es el núcleo de toda la verdad de la historia de la salvación.

- No puedo perder la confianza, porque aunque en mi historia exista el pecado y la debilidad, en esta misma historia sobreabunda la gracia y el amor de Dios. Por muchos fracasos que tengamos que contar, son más los signos de que Dios nos ama. La solidaridad que Dios nos ofrece en su Hijo no tiene límites. Aceptarlo y volverlo a aceptar, y así cada día de mi vida, es un estilo de vivir y de ser creyente; es la gran invitación de este texto; es una NECESIDAD. ¡También para ti, hermano/a!

 

Evangelio:  Mateo 4, 1-11

“... Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes... Si eres Hijo de Dios, tírate abajo... Jesús le dijo: No tentarás al Señor, tu Dios... Todo esto te daré, si te postras y me adoras... Vete, Satanás, al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto...”

 

CLAVES para la LECTURA

- Jesús, proclamado por el Padre Hijo de sus complacencias, inmediatamente después del bautismo es conducido al desierto “por el Espíritu” para ser “tentado por el diablo”: por consiguiente, esta prueba es querida por Dios. Jesús, que vino para recapitular toda la humanidad dando al Padre esa total adhesión que debía haber ofrecido Israel, es sometido a las mismas tentaciones del pueblo del Éxodo, como indican las citas del Deuteronomio con las que responde a Satanás (Dt 8, 3; 6, 16; 6, 13). Pero donde Israel falló, Jesús vence.

- La insidia diabólica comienza presentando a Jesús las esperanzas mesiánicas y pidiéndole que demuestre si es verdad que, como había afirmado la voz del cielo, es Hijo de Dios. A la propuesta de un mesianismo que satisfaga con facilidad las necesidades materiales del hombre, Jesús responde contraponiendo al alimento material el alimento espiritual de la Palabra vivificante de Dios (vv. 3s). A la imagen de una misión milagrera y espectacular que le propone el diablo, Jesús opone una sumisión incondicional a los designios de Dios (vv. 5-7). A la tentación del éxito sigue finalmente la del dominio -convertirse en señor de la tierra, ceder a la idolatría del poder-, pero el camino mesiánico que Cristo intuyó en el desierto es muy distinto. Con la autoridad que le viene de su dedicación plena a Dios, él, el perfecto adorador del Padre, expulsa al demonio (vv. 8-11).

- Mateo nos presenta a Jesús no sólo como el verdadero Israel, sino también como el nuevo Moisés, al citar el ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, y la mención del “monte altísimo” desde donde el diablo le muestra todos los reinos de la tierra, aludiendo a Dt 34, 1-4. Estos cuarenta días en el desierto preparan a Jesús para que asuma la guía del nuevo pueblo de Dios, a quien ofrece la Ley nueva.

 

CLAVES para la VIDA


- Hasta este punto llega la encarnación del Hijo amado del Padre: experimentando en su propia carne la duda y la tentación. Así nos lo muestra el texto evangélico de este día. Tomar el camino más fácil; ir a su “aire”, al margen del proyecto y del querer de Dios-Padre, “deslumbrando a las masas” con actos espectaculares... fueron las pruebas que sintió, según el entender del evangelista y de forma viva e intensa, este Jesús a quien nos aprestamos a seguirle.

- Y al “si te postras y me adoras...” (v. 9), sigue la sentencia del Hijo amado: “al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo le darás culto” (10): aquí está la clave de la vida del Hijo; por eso es “el amado”, porque ha hecho de Dios-Padre y de su designio el centro, el único centro de su vida. Y aquí se superan todas las pruebas y tentaciones. Cuando Jesús apuesta radicalmente por el proyecto de Dios, entonces TODO se hace NUEVO y DEFINITIVO: todo queda iluminado desde esa opción, que en él es la definitiva y la que marca toda su vida. ¡Casi nada!

- Me encuentro, pues, con algo, con mucho más que un “relato para niños”, como algunos pueden calificar este texto evangélico. Aquí se me ofrecen las claves de la vida de Jesús, sus opciones, y, ésas, definitivas: dedicará su vida entera a lo que el Padre decida; él es su hijo y servidor; todo lo demás queda en segundo plano. Y ésta es su ESCUELA, de la que yo (nosotros) formo parte, porque he tenido la suerte (o la “tentación”) de encontrarle. Pero la “lección” de hoy también es complicada. La síntesis es sencilla: “Lo primero es lo primero; lo segundo siempre es después”: es el resumen de Jesús, el Hijo amado. Hermano/a, ¿qué sientes y como te encuentras?

sábado, 1 de marzo de 2014


Domingo, día  2 de Marzo


 
 
 
 
 
 


 

Isaías 49,14-15:  Yo no te olvidaré

Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

·       El profeta habla de Jerusalén-Sión desolada, postrada entre ruinas, semejante a una viuda sin hijos. Los desterrados viven en la desesperación porque parece que la catástrofe no podrá ser evitada y el rechazo por parte de Yahvé será definitivo. Isaías II mueve a los exiliados a la confianza; les asegura que todavía Yahvé ama a Sión, que será reconstruida y libertada de los enemigos. Toda la dispersión de Israel se reunirá de nuevo en la antigua tierra natal.

·       El profeta dialoga con los que tienen poca fe, con los que se sienten abandonados por un Dios que a veces es un Dios oculto (45,14s), que parece lejos de su camino: «Sión decía: Yahvé me ha abandonado, mi dueño se ha olvidado de mí» (49,14). Es en este momento cuando Dios se baja tan profundamente, como no lo había hecho jamás, para hacer la confidencia más atrevida de un amor sin comparación: «¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré» (49,15). En ningún otro lugar del AT hay una confesión de amor tan intensa. Es un amor que no solamente no destruye la trascendencia divina, sino que la constituye o, al menos, la manifiesta: Si Dios es Dios, lo es porque por un lado crea lo que no podría hacer el hombre y por otro ama más que el hombre y la madre. Para no perder de vista a su amada la ha tatuado en sus manos como el novio oriental grababa en su piel el nombre de su amor: «Mira, en mis palmas te llevo tatuada» (16). Y la vida se multiplica en Israel más allá del poder y de las esperanzas humanas.

·       Dios hunde a Babilonia y levanta a Jerusalén para hacer posible que «toda carne», es decir, toda la humanidad, descubra al Dios verdadero. Está la convocatoria de todos los pueblos a la edificación de la familia mesiánica. El «Indomable de Jacob», es decir, el Dios poderoso de Israel, ha cumplido sus promesas de alianza con el mundo.

 

Salmo responsorial, 61: Descansa sólo en Dios, alma mía.

Sólo en Dios descansa mi alma, / porque de él viene mi salvación; / sólo él es mi roca y mi salvación; / mi alcázar: no vacilaré. R.

Descansa sólo en Dios, alma mía, / porque él es mi esperanza; / sólo él es mi roca y mi salvación, / mi alcázar: no vacilaré. R.

De Dios viene mi salvación y mi gloria, / él es mi roca firme, / Dios es mi refugio. / Pueblo suyo, confiad en él, / desahogad ante él vuestro corazón. R.

 

1Corintios 4,1-5:  El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón

Hermanos: Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

 

·       Dios descubrirá los secretos del corazón (1 Co 4, 1-5). Otra vez tiene Pablo que prevenir a la comunidad de Corinto, tan a menudo dividida. Con anterioridad les había reprochado ya el estar excesivamente apegados a la manera de anunciar un predicador una doctrina, sin ir más allá del hombre ni de su manera de presentar lo esencial que debe anunciar; están demasiado apegados a una filosofía, y tienden a engreírse con eso.

·       Por lo que a él se refiere, presenta lo que ha de ser el Apóstol: servidor de Cristo y administrador de los misterios de Dios. Esto es todo, y buscar otra característica del Apóstol que no sea ésta es injusto. El único juicio que sobre él pueda hacerse versará únicamente sobre la fidelidad a su papel. No se trata de juzgarle sobre otros puntos de vista que son absolutamente secundarios.

·       Solamente ante Dios se siente san Pablo responsable de su manera de actuar. No se fía plenamente de su propia conciencia, sino que se remite al juicio de Dios. Invita a los Corintios a hacer lo mismo, a reservar su juicio y a esperar a lo que el Señor descubra de los hombres, pues es el único que conoce los repliegues de la conciencia humana. Sólo él pondrá al descubierto las intenciones secretas y, en definitiva, Dios será quien dé a cada cual la alabanza que le corresponda.

·       La lección es clara y está dada sin rodeos diplomáticos. Es también importante. Hoy sigue siendo la misma para nosotros. Juzgar a la Iglesia es una actitud grave, sobre todo si uno se para en lo periférico. Sólo Dios conoce las verdaderas intenciones de los hombres. Hay que dejarle a él el cuidado de hacer justicia.

Mateo 6,24-34 : No os agobiéis por el mañana

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos."

·       El texto empieza anunciando la disyuntiva: o Dios o el dinero. El considerar "importante" la acumulación de dinero o riqueza es decididamente incompatible con servir a Dios, porque esta acumulación exige la dedicación del corazón del hombre, ocupa todo el hombre, y le hace imposible -por mucho que se lo propusiera- servir al mismo tiempo a Dios. El dinero, pues -con todo lo que implica de preocupación primordial por el propio provecho, por el bienestar como criterio definitivo, por el asegurar por encima de todo el tener más y más-, son el ídolo que resume todo lo que se levanta contra Dios: incluso, en el texto original de la lectura de hoy, se personifica el dinero con el nombre de "Mammón", para que quede claro que se trata de un ídolo que exige la misma lealtad que Dios.

·       Luego viene la explicación de este principio. Hay que evitar entender las explicaciones y comparaciones sobre los pájaros y los lirios como si Jesús exhortase a no preocuparse para poder vivir: su auditorio eran campesinos y trabajadores, a los que difícilmente les habría podido decir que no trabajasen o que no vigilasen las cosechas... Lo que Jesús les dice es que lo que vale la pena es la vida y el cuerpo, más que el alimento y el vestido. Y que, por tanto, hay que evitar el poner la vida al servicio de las cosas inferiores como la acumulación de alimento o de vestido -la acumulación de dinero, en definitiva-, sino que estas cosas hay que tenerlas en cuanto son necesarias, y preocuparse por tenerlas, porque son necesarias -los pájaros también trabajan duramente para lograr su comida...-, pero nada más.

·       La vida debe ponerse al servicio de lo que vale la pena: y lo que vale la pena no es el dinero -como piensan los paganos-, sino Dios. Por eso, el resumen de todo es la frase final: lo que hay que buscar es el Reino de Dios, y al servicio de esta búsqueda hay que poner todo lo demás. Porque si uno busca el Reino de Dios, lo demás, en última instancia, ya está asegurado: bastará con lo que haya. Por ello, pues, no se puede servir simultáneamente a Dios y al dinero: porque si uno quiere servir al dinero, ya no puede subordinarlo todo a la búsqueda del Reino de Dios.