jueves, 29 de marzo de 2012


CUARESMA  - Semana 5ª

25 - 1 de Marzo de 2012


V  DOMINGO, día 25


Jeremías 31, 31-34
“... Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva... Así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días -oráculo del Señor-: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo...”

CLAVES para la LECTURA
- El retorno de todo Israel a su territorio y el restablecimiento de una vida libre y armoniosa alcanza su cima en la estipulación de la «alianza nueva» (v. 31). Este anuncio, punto culminante de la profecía de Jeremías y, tal vez, de toda la literatura profética, declara que la intervención de Yahvé marca un cambio en el curso de la historia. Él es el Señor, que, inclinándose sobre Israel, lo ha llevado sobre sus alas (Dt 32, 11; Os 11, 4) y, con la alianza del Sinaí, lo ha constituido en propiedad suya (Dt 32, 9). Sin embargo, la infidelidad ha sido constante a lo largo de la vida del pueblo (v. 32): Israel se ha mostrado incapaz de observar los mandamientos -leyes de vida-, faltando al compromiso asumido (Ex 24, 3; Jos 24, 24).
- He aquí, pues, la novedad de la intervención de Yahvé: la Ley no volverá a ser exterior al hombre, no volverá a estar escrita en tablas de piedra, sino que será interior, estará escrita «en su corazón» (v. 33). La fidelidad a esa Ley se lleva a cabo no tanto a través de observancias rituales formales como a través de la interiorización de valores, como la obediencia y el amor, y su actuación.
- Eso es algo que será posible para todo el mundo, sin distinción: Yahvé crea las condiciones necesaria para ello perdonando el pecado. Se trata de una renovación radical de la persona, de suerte que cada uno se encuentre en condiciones de conocer la voluntad de Dios impresa en lo más íntimo de sí mismo y de ponerla en práctica (v. 34a): de este modo, se lleva a cabo la recíproca pertenencia entre Dios y el hombre (v. 33c), don de la infinita misericordia divina.

CLAVES para la VIDA
- El mensaje del profeta es plenamente optimista: se anuncia una Nueva Alianza. Y aunque en el Antiguo Testamento nunca se había dicho que fuera a haber otra Alianza distinta a la del Sinaí, -tantas veces rota por el pueblo, pero mantenida siempre en pie por la fidelidad de Dios-, ahora, como fruto de una maduración espiritual de su fe, el profeta anuncia, de parte de Dios, que a esa primera Alianza le va a seguir otra, definitiva, mucho más profunda y personal: “meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones...” (v. 33).
- Y es que... “yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (v. 33): aquí está la clave. Si la primera Alianza se podía decir que había constituido un fracaso por parte del pueblo, Dios no ceja en su empeño y anuncia otra mejor, una Alianza de fe, de conocimiento de Dios, de perdón, y reconciliación. Se trata de una interiorización de la Alianza. ¡Todo se hace NUEVO!
- Se me (nos) recuerda cómo es el proceder de Dios; se me invita a participar plenamente de esta novedad de Dios; se me propone disfrutar de una relación y comunión estrecha con este Dios, que sólo tiene un proyecto de vida y de salvación... ¡Ahí está, para mí, el camino! ¡Buen ánimo y esperanza, hermano/a!


Hebreos 5, 7-9
“... Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna...”

CLAVES para la LECTURA
- El pasaje cuya lectura se nos propone hoy está construido con un gran esmero. En primer lugar, señala las características del sumo sacerdote del Antiguo Testamento. De él sabemos que estaba llamado a intervenir en favor de los hombres en sus relaciones con Dios (v. 1); los comprende profundamente porque es uno de ellos (v. 2); debe recibir este encargo de parte de Dios.
- A continuación, empezando por la última y ascendiendo hasta la primera, aplica el autor estas características a Jesús, mostrando que Él es verdaderamente el único y sumo sacerdote. En cuanto elegido por Dios, es también el Hijo, depositario de un sacerdocio que dura para siempre; es misericordioso con los hombres hasta el punto de ofrecer, -aunque no tenía pecado-, no sacrificios externos, sino a sí mismo, abriendo así el camino a todos los hombres a la salvación eterna.
- Nos encontramos en el punto central de la carta a los Hebreos, que nos muestra a Cristo en el momento en que ofrece al Padre su voluntad de compartir el sufrimiento humano hasta la muerte en la cruz. Cristo, con “oraciones y súplicas, con grandes gritos y lágrimas” (v. 7a), presentó su ofrenda y agradó al Padre por su respetuosa sumisión a su divina voluntad. Así alcanzó “la perfección” (v. 9) y pudo obtener la salvación para todos los que acogen su Palabra.

CLAVES para la VIDA
- De nuevo, el autor de la carta a los Hebreos nos invita a fijar nuestra mirada y corazón en Jesús: Él es el sumo Sacerdote que, verdaderamente, puede sentir justa compasión por nosotros, dado que pagó “con grandes gritos y lágrimas” su solidaridad con nosotros y “aprendió a obedecer a través del sufrimiento”. Ahora permanece en presencia del Padre como memorial santo y agradable. Así, se nos ha abierto, por fin, el camino para acceder al corazón del Padre, con la certeza de que seremos escuchados más allá de nuestro deseo.
- Pero no sólo eso: además de representarnos ante Dios, es también presencia viva de Dios en medio de los hombres, es el Esposo que nos hace sentar a cada uno de nosotros en el banquete de alegría y de fiesta, donde no está permitido ayunar, porque ahora está con nosotros para siempre, hasta el final de los días.
- Estamos, por tanto, ante una palabra que nos afecta profundamente y constituye un verdadero “evangelio”, la Buena Noticia que esperábamos. Nuestra ignorancia y nuestro error -nuestro extravío- han encontrado al final a alguien que está en condiciones de darle un nombre y cambiarlos, con la certeza de que nada de cuanto es nuestro carece de valor. Dios nos ama, Dios me ama: ésta es la gran revelación de Jesús; sus palabras y sus acciones, su forma de estar y mirar, su... ¡todo habla de esta nueva realidad! Es el SACERDOTE a favor de sus hermanos. ¡Casi nada!


Evangelio: Juan 12, 20-33
“… Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto… Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Entonces vino una voz del cielo: ‘Lo he glorificado y volveré a glorificarlo’…”

CLAVES para la LECTURA
- Los dos polos de esta perícopa son la subida a Jerusalén de algunos griegos, que desean ver a Jesús (vv. 20s; v. 19b) y su exaltación en la cruz (vv. 32s). Dos ascensiones: la primera, motivada por el atractivo humano de la pascua hebrea y por la persona de Jesús; la segunda es la expresión de la voluntad salvífica del Padre, quien no duda en entregar a la muerte al Hijo unigénito, verdadero cordero pascual.
- Entre ambos polos, permitiendo el paso del plano de la crónica al de la escatología -entre el tiempo y el final de los tiempos-, está la “hora” de Jesús. Ya ha llegado, como indica la pregunta de los griegos, y por eso no reciben respuesta directa (v. 23): el Padre mismo responderá muy pronto de modo muy elocuente.
- Como en los sinópticos, se predice lo inaudito: la pasión del Hijo del hombre. La pasión en Juan no será seguida por la gloria; más bien, coincidirá con ella. “Glorificación” y “exaltación” se refieren contemporáneamente a la cruz y a la resurrección, que son dos aspectos de la hora de Jesús. Quien quiera servirle se compromete en un mismo destino de muerte y de gloria (vv. 24-26). No se trata de consideraciones abstractas: Jesús se siente profundamente conmovido con la perspectiva de lo que le espera (los vv. 26s constituyen el Getsemaní joaneo), pero el centro de su ser se mantiene estable en su adhesión incondicional a la voluntad del Padre, que él vino a cumplir (v. 27b): esta obediencia filial glorifica el nombre del Padre, puesto que manifiesta el amor trinitario y realiza la salvación del mundo (v. 28). En esta entrega total de sí mismo, Jesús se revela como verdadero Hijo del hombre, enviado a juzgar al mundo y a expulsar a su príncipe para inaugurar el Reino de Dios (v. 31). La hora decisiva de la historia es su muerte de cruz.

CLAVES para la VIDA
- El camino de Jesús está ya llegando a la cumbre; es su “Hora”, la de la verdad y la de la entrega hasta el final, como el “grano de trigo que cae en tierra” para generar nueva vida y para todos. Éste es el resumen del “discípulo amado” y su visión y experiencia de Jesús. Según Juan, Jesús es plenamente consciente y afronta la realidad con inmensa dosis de generosidad.
- Y es que Él, Jesús, no pretende otra cosa que cumplir la voluntad del Padre, asumiendo su proyecto de vida, esa vida que se gesta en la entrega. Ahora, es el momento decisivo de mostrarse en esa actitud filial y de adhesión incondicional ante el deseo del Padre de salvar a la humanidad, aunque ello suponga experimentar el dolor, el sufrimiento y el abandono hasta el extremo. De ahí que en esa Cruz estén ya presentes los resplandores de la gloria, de la vida definitiva.
- Este relato evangélico, y cuanto nos dice, nos deja ya a las puertas de los grandes acontecimientos, de la “Hora” decisiva: Jesús se dispone a dejar la gran lección a todos sus seguidores; Él está a disposición de su Padre y de su proyecto y nada le detiene en ese momento. Y así se me ofrece, también a mí, hoy y aquí. “Entrar” con Él en la vivencia de cuanto está llegando; acompañarle, paso a paso, en esa recta final, aunque ello suponga caer en la tierra, pudrirse, para germinar nuevamente y dar vida… es la INVITACIÓN en la conclusión de la Cuaresma y para el comienzo de la Semana Santa. ¡Buen ánimo, hermano/a!



LUNES, día 26:  La Anunciación del Señor


Isaías 7, 10-14; 8, 10
“... Entonces dijo Dios: Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, sino que cansáis incluso a Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la Virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Dios-con-nosotros...”

CLAVES para la LECTURA
- Estamos hacia el año 735 antes de Cristo, cuando Acaz, joven rey de Jerusalén, débil, mundano y sin hijos, ve peligrar su trono ante la presencia de los ejércitos enemigos que oprimen los confines del reino de Judá. ¿Qué hacer? El rey pretende resolver el angustioso problema pactando alianzas humanas.
- Isaías, el profeta, por el contrario, propone fiarse plenamente de Dios. Y ante la negativa, por parte del rey, de pedir un “signo” porque “no quiero tentar a Dios” (v. 12), Isaías desenmascara la hipocresía del rey y añade que, a pesar del rechazo, Dios mismo dará un signo: “La virgen está encinta y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel: Dios- con- nosotros” (v. 14).
- Las palabras del profeta se refieren a Ezequías, el hijo de Acaz, al que la reina madre está a punto de dar a luz y cuyo nacimiento, en aquel momento histórico singular, se verá como presencia de Dios a favor del pueblo en apuros. Pero, en realidad, las palabras que Isaías dirige a Acaz son profecía de un rey salvador. Así lo ha visto toda la tradición como un anuncio profético del nacimiento virginal de Jesús.

CLAVES para la VIDA
- De nuevo se nos muestra cómo la historia profana es historia de la salvación; esto es, que el ser humano está llamado a vivir en comunión con Dios, y Dios mismo llevará adelante este proyecto de vida. Y aunque sea siempre respetando la libertad humana, se empeña en su plan y lo lleva a cabo.
- A pesar de la hipótesis y explicaciones más diversas sobre esta profecía y su cumplimiento histórico, para nosotros, este anuncio del profeta va más allá de la realidad histórica concreta y del momento. Esto nos muestra que el proyecto de Dios hunde sus raíces en el tiempo y en la fe del pueblo de Israel. No es pura casualidad, sino que Dios mismo anima y empuja esa historia de vida.
- “Dios-con-nosotros” es la gran revelación en ese camino. Dios se revela y se manifiesta no tanto en la contemplación de la creación, ni en la investigación filosófica, sino que se hace presente en Jesús, el hijo de María, en aquel hombre que se proclamó “Hijo”, enviado por el Padre y en total dependencia amorosa de él, y que la Virgen Madre ha acogido y dado al mundo. Y nosotros hemos tenido la suerte de saberlo, gustarlo y vivir desde la luz de este acontecimiento. ¿De acuerdo, hermano/a?

Hebreos 10, 4-10
“... Por eso, cuando Cristo entró en el mundo, dijo: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad...”


CLAVES para la LECTURA
- Como consecuencia de la caída original, la naturaleza del hombre está inclinada al mal y, de hecho, la inclinación se convierte en pecado realizado, que, a su vez, hace todavía más fácil el hundimiento. De ahí deriva un estado de esclavitud permanente. Por eso, la ley antigua prescribía complicados ritos de purificación, exigía la ofrenda repetida de víctimas sacrificiales: sangre de toros y de machos cabríos. Éstos conseguían mantener viva la conciencia del pecado, pero eran absolutamente insuficientes para extirparlo de raíz y devolver la auténtica libertad.
- Un rito exterior no puede poner remedio de manera automática a una herida interior que tiene su origen en un acto de desobediencia a Dios, en una soberbia rebelión contra su voluntad. El verdadero antídoto está, pues, en la humilde obediencia al designio divino de salvación. Jesús vino al mundo a construir, por vez primera, este camino de retorno, abriendo así a los hombres la única vía que puede conducir a la salvación. Aunque era Hijo de Dios, se rebajó a la condición humana y se hizo obediente hasta morir en la cruz.
- Toda su vida terrena encuentra una síntesis perfecta en esta afirmación: “Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado” (Jn 4, 34). En esta obediencia consiste el culto perfecto en espíritu y en verdad, el que no se agota en prácticas exteriores, sino que se convierte en comunión con Dios y en salvación para todos.

CLAVES para la VIDA
- Somos muy conscientes, y las ciencias humanas nos lo recuerdan, de que las “heridas” de nuestro ser más profundo son muy complicadas de curar, porque la “raíz” permanece intacta. Esto mismo nos viene a recordar el autor de la carta a los Hebreos, y todos los sacrificios y ritos de purificación no hacen más que mantener viva la conciencia de herida, de pecado, que anida en nosotros. Nada de todo eso puede devolvernos la auténtica libertad, la que deseamos y anhelamos.
- Hoy se nos vuelve a recordar que el verdadero antídoto está en la humilde obediencia de Jesús al designio salvador de Dios. Así, Él reconstruye nuestra naturaleza herida y nos libera de las diversas esclavitudes que anidan en nuestro ser. Pero, además, posibilita el camino de retorno al Padre, restableciendo la comunicación que aporta vida en plenitud.
- He aquí la mediación que ejerce Jesús, la que se nos invita a compartir a nosotros, sus seguidores. Siendo conscientes de que el culto en espíritu y verdad es aquel que no se agota en lo externo, aunque sea solemne y hermoso, sino el que realiza la comunión con Dios en favor de los hermanos, como Jesús. ¡Aquí me encuentro! ¡Ojala!

Evangelio: Lucas 1, 26-38
“... El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la Virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres... El ángel le dijo: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús... El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios... María contestó: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra...”

CLAVES para la LECTURA
- El texto bíblico es rico en reminiscencias veterotestamentarias y de gran valor doctrinal: se trata nada menos que del cumplimiento de las promesas, hechas por Dios a los patriarcas y renovadas a David (2 Sm. 7, 14-16; Is 7, 10-14), y contiene toda una profunda teología del misterio de Cristo: “le dará el trono de David su padre”, “se llamará Hijo del Altísimo” (v. 32).
- Las palabras del ángel a María, además de ser un anuncio del gozo por la venida del Mesías a la tierra, constituyen el testimonio de la amorosa predilección de Dios por la humilde joven de Nazaret que, como esclava del Señor, ha merecido ser Madre de Dios por su fe incondicional.
- La confirmación de la intervención celeste, por obra del Espíritu Santo, en su concepción virginal, abre el corazón de María a la voluntad de Dios y a adherirse plenamente al proyecto universal de salvación con las sencillas palabras que han cambiado la historia humana: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (v. 38). El sí de María franquea el camino de nuestra salvación y es una invitación a leer en los acontecimientos de nuestra vida la presencia del que es nuestro Salvador.


CLAVES para la VIDA
- En esta escena descubrimos, en toda su fuerza, por un lado, el “sí” salvador de Dios y, por otro, la humanidad, representada por María, que responde con su “sí” de acogida: “hágase en mí según tu palabra”. Del encuentro de estos dos síes, brota, por obra del Espíritu, el Salvador Jesús, el verdadero Dios-con-nosotros. Entra en escena el nuevo Adán, cabeza de esa nueva humanidad. Y a su lado aparece, con un “sí” en los labios, en contraste con la primera, la nueva Eva. Así lo ha leído y vivido la tradición cristiana.
- María una humilde muchacha de Nazaret, es la elegida por Dios para ser la madre del Esperado. Ella es la “llena de gracia”, “la bendita entre las mujeres”; y empieza a dibujarse así, en las páginas del evangelio, el mejor retrato de esta mujer, cuya actitud de disponibilidad para con Dios, “hágase en mí”, no será sólo de este momento, sino de toda la vida, incluida su presencia dramática al pie de la Cruz.
- María aparece ya desde ahora como la mejor muestra de vida cristiana. El más acabado modelo de todos lo que a lo largo de los siglos habían dicho “sí” a Dios ya en el A.T. y, sobre todo, de los que han creído en Cristo Jesús y le han seguido. Contemplarla y seguir su estilo y actitudes es la invitación que recibimos constantemente los seguidores de Jesús, aquí y en tantos lugares.




MARTES, día 27


Números 21, 4-9
“... ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos pan ni agua y nos da náuseas ese pan sin cuerpo. El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían, y murieron muchos israelitas... Haz una serpiente y colócala en un estandarte: los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla...”


CLAVES para la LECTURA
- El fragmento presenta otro episodio de protesta del pueblo durante el Éxodo. Los israelitas, agotados por el viaje, nunca satisfechos con los signos de poder y providencia que el Señor les manifiesta, murmuran contra Dios y contra su mediador, Moisés. Viene el castigo -las picaduras de serpientes venenosas (“ardientes”)-, pero pronto se transforma en misericordia. El recurso es la serpiente de bronce alzada en un estandarte, a la que miraban con fe, para curarse de las mordeduras letales.
- Si no estuviese en el contexto de este episodio, sería ciertamente un gesto idolátrico. La tradición yahvista vincula este objeto de culto, que luego destruirá el rey Ezequías (2 Re 18, 4), a la sabia pedagogía de Yahvé. Por la mediación de Moisés, ofreció a su pueblo la posibilidad de evitar ceder a los cultos de las naciones paganas vecinas, que veneraban de un modo particular a las serpientes.
- Gracias a tal legitimación, la serpiente elevada en el estandarte se convierte en un signo que se prolonga y cumple en el Evangelio (Jn 3, 14). Si para el pueblo en el desierto es el sino que expresa la misericordia de Dios poniendo remedio al castigo, en el Evangelio, Cristo, exaltado en la cruz, muestra a la vez el castigo y la misericordia. Jesús, el cordero inmolado en la cruz, es el “castigo” de Dios por nuestro pecado y, a la vez, la mayor manifestación del poder divino que sana del pecado.

CLAVES para la VIDA
- Una vez más, la historia de Israel es como un “libro abierto” para nosotros, para nuestro caminar como creyentes. Un Israel cansado, que se rebela contra Dios y su acción misericordiosa y protectora; también contra Moisés, a quien -el día pasado- le veíamos intercediendo vivamente a favor de este pueblo. Es una historia de rebeldía y pecado: todo un símbolo de nuestra propia historia.
- Y, de nuevo, descubrimos y meditamos cómo es el CORAZÓN de Dios, lo que lleva en sus entrañas. Dios que corrige y “castiga”, pero, sobre todo, un Dios que ama la vida, la busca, la hace posible para su pueblo. Ese pueblo que fácilmente se desvía (expresiones idolátricas, como puede ser este relato), pero a quien Dios no le deja de su mano, de su protección amorosa.
- Este relato y estas páginas nos van preparando a vivir toda la hondura y toda la fuerza del mensaje de Jesús y de su acción salvadora, que los próximos días vamos a celebrar: “cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32). Jesús es el “punto de mira” donde se hace realidad la salvación de Dios; en Él, todo es posible para nosotros que elevamos los ojos “hacia lo alto”. Estamos ya muy cerca de los grandes acontecimientos.

Evangelio: Juan 8, 21-30
“... Y entonces dijo Jesús: Cuando levantéis al Hijo del Hombre sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada. Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él...”

CLAVES para la LECTURA
- El nuevo conflicto con los jefes de los judíos se sitúa en el área del templo y está escalonado por la revelación de la divinidad de Jesús (“Yo soy”), repetida en los vv. 24. 28. De nuevo se brinda a los judíos la posibilidad de aclarar el misterio del Hijo del hombre (Dn 7, 13). Pero ellos lo rechazan obstinadamente entendiendo mal las afirmaciones sobre su inminente partida (vv. 21-24) y las afirmaciones sobre su identidad (vv. 25-29) como enviado de Dios y su revelador definitivo (Jn 5, 30; 6, 38).
- ¿Cómo es posible una incomprensión tan grande? Porque ellos son “de aquí abajo”, “de este mundo” (v. 23), mientras que él es “de allá arriba”: un abismo media entre ellos. Sólo la fe lo puede llenar, porque hace que elevemos las miras. Y Jesús nos invita precisamente a eso. A pesar de todo, continuaron los malentendidos: “ellos no comprendieron”.
- Jesús es signo de contradicción, y lo será sobre todo cuando sea elevado en la cruz, donde, dando cumplimiento al designio de salvación, revelará los pensamientos secretos del corazón y manifestará plenamente su identidad de Hijo que dice y hace siempre lo que agrada al Padre. Y mientras se va profundizando el distanciamiento con los adversarios, la perícopa evangélica concluye con una inesperada nota de esperanza: “Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él” (v. 30).


CLAVES para la VIDA
- Jesús sigue en un conflicto abierto, especialmente, con los dirigentes de su pueblo. ¿El motivo? En este capítulo octavo de Juan, la pregunta clave que se nos ofrece es “¿Quién es Jesús?”. Quienes descubran en Él al enviado de Dios y le sigan, tendrán vida en plenitud; esto es, se salvarán. Quienes se obstinan y le rechazan, no le entienden y, por eso, no aceptan el don de la vida. Es trágico, pero ésta es la realidad cruda y dura que se nos ofrece.
- Y, al mismo tiempo, se nos plantea que cuando sea elevado en la cruz, es cuando mejor podemos descubrir todo el “misterio” del corazón de Dios, todo su designio. Y es que es ahí (según el “discípulo amado”) donde mejor podemos captar toda la fuerza y toda la capacidad del amor y de la solidaridad de Dios. Por eso, la Cruz de ser “maldita”, se convertirá en signo de bendición y de vida. ¡Aquí nos encontramos!
- Todas las referencias que se nos van haciendo nos conducen a la CONTEMPLACIÓN de un inmenso regalo, el “misterio” de la entrega total de Jesús, y ello para manifestarnos plenamente el proyecto de vida de Dios. Si no fuera así, sería una locura sin límites y un sinsentido absurdo, esquizofrénico. Pero no: algo grande e insuperable se nos ofrece... ¿Lo contemplaré? ¿Lo contemplarás, hermano/a?



MIÉRCOLES, día 28


Daniel 3, 14-20. 91-92. 95
“... Nabucodonosor entonces dijo: Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago... que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo...”


CLAVES para la LECTURA
- El conocido episodio de los tres jóvenes hebreos, ilesos en el horno ardiente, contrapone la fe en el único Dios, Yahvé, a los ídolos del politeísmo, ya sea el babilonio del tiempo del rey Nabucodonosor o el judaico a lo largo de la persecución de Antíoco IV Epífanes, que había erigido una estatua a Zeus Olimpo, precisamente en el altar del templo de Jerusalén.
- Los vv. 17s constituyen el punto culminante de la narración; escrito para edificar y consolar a los perseguidos por el nombre de Dios, es válido para todas las épocas. Yahvé es el Dios de la vida y servirle es optar por la verdadera vida aun cuando ello conlleve sufrimiento o incluso el martirio. Este testimonio hace perfectamente válida la fe de los que ponen toda su confianza en Dios y es el mejor modo de hacerlo conocer y reconocer por los mismos perseguidores (v. 95).
- La narración discurre con profusión de detalles pintorescos a pesar de ser trágica: confiere solemnidad al relato, exaltando la superioridad de Yahvé. Aun cuando falte totalmente el culto, Yahvé es y será indiscutiblemente el único Dios (v. 96), ante el cual es vanidad aún la más grandiosa pompa de los cultos idolátricos.

CLAVES para la VIDA
- Otra hermosa página donde se nos muestra la fortaleza de estos jóvenes mártires de Babilonia y que, a pesar de estar en un ambiente hostil, a pesar de las órdenes y amenazas, saben mantener su identidad de creyentes en el Dios de Israel. En medio del martirio y de la tortura, son un ejemplo viviente de libertad, mucho más libres que el rey que ha firmado la condena. Escrito, sin duda alguna, para animar y fortalecer a los perseguidos a causa de su fe, también hoy sigue teniendo validez su mensaje y su testimonio de vida y de fidelidad.
- Es claro que esa libertad, que muestran los jóvenes, adquirirá su expresión más plena en la persona de Jesús, como nos mostrará el texto evangélico y en tantos otros pasajes de los evangelios. Y es que aunque parezca una paradoja, en la actitud de Jesús ante el Padre y sus designios, que incluyen entrega total y servicio a favor de los hermanos, es donde Jesús nos muestra su máxima libertad y capacidad de decisión.
- A “gustar” de esta ESCUELA de libertad y de disponibilidad somos invitados sus seguidores, hoy y aquí, especialmente en estos DÍAS SANTOS. Experimentar en el acompañamiento cercano y fiel, casi en el contacto físico, toda la fuerza que Él vive y así hacerlo nuestro; sentir que Dios no falla (aunque las apariencias digan otra cosa), que la confianza en Él merece la pena, es la gran lección que el Maestro, Jesús, nos quiere enseñar estos días.


Evangelio: Juan 8, 31-42
“... Si os mantenéis en mi palabra seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres... Os aseguro que quien comete pecado es esclavo... Si Dios fuera vuestro padre me amaríais, porque yo salí de Dios y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió...”

CLAVES para la LECTURA
- Hablando a los judíos que se vanagloriaban de ser descendencia de Abrahán (v. 33) y por consiguiente libres, Jesús hace una serie de puntualizaciones sobre el tema de la fe y el discipulado (v. 31), de la libertad y el gozo de la intimidad familiar (vv. 32-36), de la filiación y la paternidad (vv. 37-42).
- En un crescendo altamente dramático, la revelación de Jesús culmina proclamando su divinidad (v. 58: “Yo soy”), mientras la terquedad de sus adversarios desemboca en una tentativa de lapidarle (v. 59), evidente confirmación de su esclavitud al pecado (v. 34), porque son hijos “del que era homicida desde el principio” (v. 44).
- La fe llevó a Abrahán a fiarse de la Palabra que libera de la esclavitud del pecado (v. 32). La fe en el Hijo debe llevar a los discípulos a permanecer en él (v. 31), Palabra de Padre, como hijos libres que permanecen siempre en la casa paterna (v. 35). Quien obra de otro modo manifiesta inequívocamente tener otro origen (v. 41), intenciones perversas (v. 37) y esclavitud (v. 34), aunque lo ignore o no quiera admitirlo.

CLAVES para la VIDA
- Sugerente reflexión la que nos ofrece la página evangélica y nos muestra dónde está la libertad, la más profunda, la que da sentido. Los judíos creen ser libres nuevamente por ser herederos de Abrahán; otros, por desear la independencia de Roma. Aquí se ofrece la reflexión del nuevo Maestro: si no se liberan de lo que les esclaviza dentro, seguirán en la oscuridad y en la esclavitud. Al contrario, su propuesta es: “si os mantenéis en mi palabra, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (v. 31). Jesús, Él mismo, se presenta como la fuente de la verdad y de la libertad. ¡Casi nada...!
- Es la verdad el camino que lleva a plenitud la libertad. Y ser libres significa ser hijos (no esclavos), participar conscientemente en la familia de Dios. Como el mismo Jesús participa: ahí lo ha aprendido y por eso puede enseñar a sus discípulos a vivir esa realidad. Es su oferta, abierta y compartida.
- Ésta es la invitación que también hoy se nos ofrece a nosotros, sus seguidores. En medio de tanta confusión, de tanto “seudo” y de tanta “imitación”, Él nos propone entrar en su ESCUELA y aprender de forma viva y directa, sin dejarnos engañar creyendo que “somos herederos de Abrahán”. Ésa es la reflexión que nos dirige: “estoy aquí enviado por él (el Padre)”. ¿Por qué no acoger su propuesta? ¿Por qué no aceptarlo con gozo, como aquel que ha descubierto el “tesoro escondido”, por el que merece la pena vender todo? ¡Estamos a tiempo!



JUEVES, día 29


Génesis 17, 3-9
“... Mira, éste es mi pacto contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre. Te haré crecer sin medida, sacando pueblos de ti, y reyes nacerán de ti... Dios añadió a Abrahán: Guardad mi alianza, tú y tus descendientes, por siempre...”

CLAVES para la LECTURA
- La tradición sacerdotal postexílica nos presenta en este puñado de versículos la vocación de Abrahán, para que el pueblo vuelva a esperar en la certeza de la alianza (berîth) con Dios (vv. 2. 7; Dt 5, 5-7). De hecho, Israel ha quedado reducido a un pequeño “resto”, privado de los dones prometidos a Abrahán (v. 8), el mismo Abrahán al que Dios llamó “padre de una muchedumbre” (v. 5; Gn 12, 2).
- Dios no puede renegar de la alianza, porque no puede renegar de sí mismo: ése es el fundamento seguro que debe mantener la esperanza del pueblo, la misma que permitió a Abrahán esperar contra toda esperanza. Dios es quien ha tomado la iniciativa (17, 1s), se ha revelado (v. 1) y ha manifestado a Abrahán su nuevo nombre -“padre de una muchedumbre” (v. 5)- que le convierte en protagonista de un designio divino de salvación (v. 6).
- De ahí le viene a Abrahán la exigencia de corresponder a aquella llamada, que se traduce en el imperativo: “Camina en mi presencia y sé integro” (v. 1; Dt 5, 7), es decir: “Sé mío -dice el Señor- porque soy tu Dios” (v. 7). La respuesta de Abrahán es la postración: “Cayó rostro en tierra” (v. 3), en actitud de adoración, esto es, de gratitud que se convierte en escucha. Le permite a Dios que le hable (v. 3).


CLAVES para la VIDA
- La liturgia de ayer nos ofrecía la convicción de los judíos de ser “herederos de Abrahán” y ahí se encontraba su seguridad. Hoy, este relato nos describe cuál es el origen de esa grandeza de Abrahán: es la relación y la alianza sellada por el mismo Dios con este padre del pueblo judío. De nuevo, se nos muestra que la iniciativa es del mismo Dios porque su proyecto es ése y no puede obrar de otra manera y es que Dios no puede renegar de sí mismo y lo “suyo” es la vida, vida compartida, desde los orígenes a pesar de la infidelidad del pueblo.
- Abrahán será fiel a esa alianza con Dios, y eso a pesar de las dificultades en que se vio envuelto, especialmente cuando Dios le pide al hijo de la promesa. Por eso, porque “creyó” se convierte en “padre de una muchedumbre”. Pero el caminar de ese pueblo es “otra historia” y así lo descubrimos en tantos momentos y así nos lo presenta la Palabra de Dios, en las ocasiones más variadas.
- La actitud de adoración de Abrahán, “cayó rostro en tierra” (v. 3), supone acogida y escucha, y así será su caminar. He aquí el secreto de su fe y por qué se nos ofrece como modelo de creyente, también hoy y para nosotros. “Escuchar a Dios” en nuestra vida, a él que nos habla de tantas formas y en tantas ocasiones, es todo un objetivo para el creyente. La historia, la vida y sus acontecimientos, la naturaleza y las personas, su palabra y los sacramentos... son fuentes de su palabra. Escucharle como Abrahán, acoger plenamente su oferta... ¡he ahí el dilema de esta Cuaresma y Pascua! ¿Terminaremos animándonos, hermano/a?


Evangelio: Juan 8, 51-59
“... Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre... Jesús les dijo: Os aseguro que antes que naciera Abrahán existo yo. Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo...”

CLAVES para la LECTURA
- El pasaje se abre con la solemne repetición, por parte de Jesús, del “amén” (v. 51: “En verdad, en verdad...”), siguiendo la afirmación de que su Palabra es vida y da vida a quien la acoge y la guarda. El fuerte contraste con el versículo conclusivo -“tomaron piedras para tirárselas”- es un signo inequívoco de que la Palabra ha sido rechazada.
- Entre el primero y el último versículo tiene lugar el diálogo-encuentro, cuyo último horizonte es la gran antítesis vida-muerte y, como punto de referencia, la figura de Abrahán, del que los judíos se consideran descendientes: él es su padre. Al acoso provocador de preguntas, Jesús sólo responde indirectamente, pero de sus palabras emerge la verdad fundamental: él se declara Hijo del único Padre verdadero, buscando su gloria. El Padre es el que le hace hablar y actuar. Por esta razón, sin blasfemar ni mentir, puede afirmar: “Antes que Abrahán naciera, yo soy”. No hay vida en el hombre, sino en el reconocimiento de este Dios que se manifiesta en el Hijo.
- Entre Padre e Hijo se da una comunión plena. Hacia esta comunión tiende la historia de salvación de la que Abrahán recibió la promesa y en la fe entrevió su cumplimiento. Para los judíos, descendientes de Abrahán según la carne, dicha afirmación es escandalosa. Sus palabras manifiestan burla y desprecio. El evangelista, con su fina ironía, muestra cómo precisamente los adversarios de Jesús proclaman, sin darse cuenta, la verdad sobre él en el mismo momento en que pensaban denigrarlo como pobre loco: “¿Eres tú más importante que nuestro padre Abrahán?”. La pregunta es retórica, pero no en el sentido que pretenden los judíos, sino precisamente en el contrario. ¡Jesús “es” (v. 58) antes y por siempre, es decir, es Dios! (Jn 1, 1).

CLAVES para la VIDA
- Aquellos que se vanaglorian de ser descendientes de Abrahán, no quieren reconocer a Jesús como el enviado de Dios. No aceptan que en Jesús quiera sellar Dios una Nueva Alianza con la humanidad y empezar una Nueva Historia, aquella que precisamente a Abrahán se le había prometido. He aquí la contradicción en la que incurren los “judíos”, según el evangelista.
- La raíz de la nueva situación, con su nueva oferta, es la profunda comunión, plena y total, entre el Padre y el Hijo y ésa es la meta a la que se dirige toda la historia de la salvación. Jesús es el portador de esa Buena Nueva: sus palabras y sus acciones ofrecen a raudales, a cuantos le aceptan y creen en Él, ese don definitivo de Dios. Desde esa experiencia arranca la nueva realidad.
- De nuevo, somos invitados a abrirnos a esta oferta, gratuita y llena de amor, que Dios nos ofrece en Jesús. Precisamente, toda la preparación de la Cuaresma, es un caminar para acoger plenamente ese don. De hecho, estamos terminando este camino. ¿Cómo me siento? ¿He hecho “camino” en esa aceptación del don de Dios? O... ¿acaso estoy estancado, como paralizado y... sin remedio? Él me espera y me ofrece una nueva oportunidad.



VIERNES, día 30


Jeremías 20, 10-13
“... Mis amigos acechaban mi traspiés: A ver si se deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él. Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo... Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos...”


CLAVES para la LECTURA
- La acción profética de Jeremías ya no puede consistir en llamar al pueblo a la conversión. A lo largo de muchos años no se ha escuchado su voz. Ahora, por mandato de Dios, debe anunciar que el juicio divino es irrevocable. El castigo está a punto de caer sobre Israel: Jerusalén será entregada en manos del rey de Babilonia.
- En esta circunstancia, la más penosa de su dolorosa experiencia de profeta, derrama su última “confesión” (vv. 7-18), fragmento sumamente autobiográfico, aunque paradigmático del destino de todo verdadero creyente. En unos pocos y conmovedores versículos, se evoca el momento de la vocación (vv. 7-9). No se omiten los momentos desoladores y de rebelión: persecuciones, calumnias, traiciones, constituyen el tejido de su vida (v. 10). Pero, como Job, también Jeremías sale victorioso de la prueba: tras el desahogo, brota un acto puro de fe en Dios (vv. 11-13). Es significativa la solemne declaración inicial: “El Señor está conmigo como un héroe poderoso”. Nos remite directamente a las palabras que Dios mismo dirigió al profeta en el momento de su vocación: “Yo estoy contigo para salvarte” (Jr 1, 19).
- A lo largo de su arduo camino, aquellas palabras fueron lámpara para sus pasos. En adelante el profeta no experimentará más resistencias ni rebeliones. Su vida estará erizada de dificultades, pero se entrega totalmente al Señor, con la seguridad de que es él quien salva al pobre perseguido.

CLAVES para la VIDA
- Ayer era Abrahán. Hoy, es Jeremías quien, de nuevo, nos ofrece la liturgia, como una estampa en la que poder mirarse y descubrir en él un anuncio y figura de Cristo Jesús en su camino de la Cruz. A Jeremías le tocó anunciar desgracias y catástrofes a su pueblo si no se convertían de corazón a su Dios; no fue bien recibido su mensaje e, incluso, tramaron su muerte; y él era consciente de ello. En la página de hoy, a pesar del drama personal que vive (y que en otras páginas adquiere tintes de rebelión contra Dios), triunfa en él la oración confiada en Dios y así sigue adelante en su camino.
- A una semana del Viernes Santo, se nos vuelve a invitar a mirar, a través de la figura del profeta, a Jesús que vive y nos propone confiar plenamente en el Dios que no falla. Jesús (como también Jeremías) experimenta el “Yo estoy contigo”: he ahí el secreto de toda esa vida, de ese caminar. Experimentado ese momento, todo adquiere una nueva luz, tanto en Jesús como en el profeta. ¡Sugerente invitación!
- Y ahí nos encontramos: sólo vale la EXPERIENCIA, hecha vida y constantemente renovada. Y ese camino vamos recorriendo a través de las diversas etapas cuaresmales. ¿Qué tal nos vamos sintiendo? ¿Vamos caminando? La verdad es que ya no nos queda mucho que se diga y... ¡sería una pena que no aprovechemos esta oportunidad que gratuitamente se nos ha ofrecido! ¡Ánimo!


Evangelio: Juan 10, 31-42
“... Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis? Los judíos le contestaron: no te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios...”

CLAVES para la LECTURA
- Estamos en el contexto de la fiesta de la Dedicación, en la que se celebra la santidad del templo, es decir, la vuelta al edificio sacro de la gloria de Dios, alejada por la profanación. Jesús “se pasea” libremente por el templo bajo el pórtico de Salomón, cuando es rodeado por los judíos: el choque se hace cada vez más tenso, hasta el punto de que éstos intentaban lapidarle. Muchas veces, en el pasado, los judíos habían tratado de arrestarle por las “obras” que hacía (curaciones en sábado...), pero ahora aparece un único motivo de condena: la blasfemia, al hacerse él, que es un hombre, igual a Dios (v. 33). Ésta será la acusación alegada ante Pilato.
- Jesús responde puntualmente, en primer lugar poniéndose en un terreno común con sus acusadores (la Palabra de Dios que no puede ser desmentida), luego apelando a su misma experiencia (las obras que ha llevado a cabo). Es la última tentativa de despertar sus corazones a la fe. Y por eso resulta tan significativa la urgente insistencia de observar las obras que son “palabras”.
- Si por ninguna de las obras es Jesús digno de condena, ¿por qué no creer en la verdad de cuanto dice? Pero también esta dolorida y vehemente llamada es desatendida. Se da una incomunicación total. Jesús se va “de nuevo” al otro lado del Jordán, fuera de la ciudad santa, donde Juan había dado testimonio de la verdad, y aquí, donde también surgieron los primeros discípulos, muchos comenzaron a creer. En la experiencia del mayor rechazo, un germen de fe anticipa la gracia del acontecimiento pascual.

CLAVES para la VIDA
- En el texto evangélico, seguimos en ese choque constante de Jesús con las autoridades judías. Nos encontramos, pues, en un contexto de confrontación, en el que Jesús es acusado de blasfemo; por lo tanto, algo grave en aquella realidad social y religiosa. De ahí que quieran apedrearle; la ceguera y la obstinación es la nota de los adversarios. Mientras, Jesús presenta el aval del Padre porque realiza sus obras, pero no es aceptado.
- Una vez más, la reflexión que sugiere este relato es que cuando no se quiere ver... ¡es terrible! La idea religiosa, sus “principios de siempre”, pueden más en sus vidas que lo que ahora mismo pueden ver y descubrir. De ahí que Jesús es rechazado por aquellos que debieron aceptarlo más fácilmente porque conocen las Escrituras y lo que anunciaban del Mesías. Ahora que lo tienen delante, están ciegos. No pueden verle. ¡Qué paradoja!
- Ante los acontecimientos que vamos a celebrar en la Semana Santa, podría ocurrirme algo parecido: “siempre lo mismo; lo hemos celebrado tantas veces...”, que me haya vuelto impermeable. Sería terrible, pero pudiera ocurrir... ¡por desgracia! Abrirme a la novedad, preparar el corazón a contemplar y experimentar... ¡ES NECESARIO!



SÁBADO, día 31


Ezequiel 37, 21-28
“... Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios... y mi siervo David será su príncipe para siempre... Y sabrán las naciones que yo soy el Señor, el que consagra a Israel, cuando esté entre ellos mi santuario para siempre...”

CLAVES para la LECTURA
- En la segunda fase de su ministerio profético, después de haber predicado el castigo, Ezequiel anuncia simbólicamente (vv. 16s) la vuelta de Israel del destierro (v. 21) y la reunificación en un solo pueblo en los montes de Israel (v. 22), bajo la guía de un único rey-pastor (vv. 22. 24). El castigo anunciado ya ha tenido lugar (la deportación del año 586 a. C.): pero tiene un carácter terapéutico y es temporal, con vistas a purificar la idolatría (v. 23) y curar las desobediencias (v. 24).
- La promesa de Dios, por el contrario, es una alianza de paz eterna (v. 26): el Espíritu del Señor reposa en su pueblo (v. 14) y el pueblo está llamado a reposar en la tierra de su Dios (vv. 25s), en paz y prosperidad (vv. 26-28). Dios morará en medio de su pueblo para siempre (vv. 27s).
- Esta realidad revelará a todos quién es Yahvé: “El Señor que consagra a Israel” (v. 28), y quién es Israel: el pueblo consagrado por la presencia de su Dios. En términos más familiares, como dice Dios por boca del profeta: “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (v. 27), con toda la carga afectiva manifestada en estos posesivos.

CLAVES para la VIDA
- A las puertas de la GRAN SEMANA es hermoso escuchar y meditar este anuncio del profeta de parte de Dios. Ha terminado el tiempo de la prueba y Dios va a actuar, y es que sigue en pie su proyecto originario, el que sigue marcando la pauta de toda la historia. Por eso Dios se adelanta de nuevo a manifestar públicamente su firme compromiso de sellar una NUEVA Alianza de paz con este pueblo, a quien ama profundamente, y por eso perdona sus pecados, le enviará un pastor único que le conduzca por caminos adecuados, y le hará vivir en la tierra prometida. ¿Cabe un proyecto mejor?
- Y es que este Dios y este pueblo está unidos para siempre, se necesitan mutuamente: Dios no puede negarse a sí mismo porque su amor no lo permite; y este pueblo necesita de Dios porque en él está la plenitud y la salvación. En el “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (v. 27) hay una enorme carga afectiva y de compromiso, con peso singular, y que marca profundamente esa relación.
- Así nos prepara la liturgia a este momento culmen, en el que Dios va a sellar la “alianza definitiva” (mucho más allá de lo que el profeta anunciaba) en Cristo Jesús. La Semana Santa (a sus puertas nos encontramos) nos ofrece el gustar, profundizar, remover y experimentar todo ello. Dios no se arrepiente de su proyecto. Y... ¿tú?




Evangelio: Juan 11, 45-57
“... ¿Qué estamos haciendo? Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él... Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no entendéis ni palabra: no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera...”

CLAVES para la LECTURA
- Después del “signo” de la resurrección de Lázaro, las autoridades judías están ya decididas a matar a Jesús, considerado un hombre peligroso. Si continúa haciendo milagros, ciertamente la muchedumbre, que ya había querido proclamarlo rey, lo declarará libertador de la nación, suscitando el furor de los romanos. Consiguientemente el templo podría ser destruido. Hay que evitar de cualquier modo este peligro.
- La decisión muestra la ceguera total de los jefes respecto a Jesús. Desde la primera Pascua Jesús había anunciado ser el nuevo templo, punto de convergencia de Israel y de toda la humanidad, pero no comprendieron sus palabras. Entonces intervino Caifás con su propia autoridad. Ya no le acusa de blasfemia, ni la ilegalidad de los actos de Jesús constituye el tema de su discurso; de su boca salen palabras dichas por “razón de Estado”, dictadas por interés político. El individuo debe ser sacrificado “por” el bien común. Y con estas palabras, sin querer, se convierte en profeta.
- Ciertamente, la misión de Jesús consiste en reunir a los hijos dispersos y formar con todos un único pueblo nuevo, en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y esto acontece porque él da la vida “por” los hombres. De este modo, en el plano histórico el sanedrín decide la muerte de Jesús, pero en realidad -y Juan se desplaza al plano teológico- el Padre está llevando a cabo su designio de salvación gracias a la adhesión filial de Cristo a su obra.

CLAVES para la VIDA
- El desenlace del drama ya está cercano: se ha reunido el Sanedrín; asustados por el eco que la resurrección de Lázaro ha tenido en el entorno, deciden deshacerse de Jesús, porque es considerado un hombre peligroso a todos los niveles. Es verdad que el evangelista, con cierta ironía, comenta que hasta sus propios enemigos “profetizan” acerca de Jesús y de la eficacia de su muerte. Por supuesto, el evangelista proclama su propia fe y la fuerza de esa muerte.
- Y es que, una vez más, Dios se sirve hasta del mal para llevar a cabo su plan de salvación: la decisión del Sanedrín, es leída por el evangelista de esta manera. Dios sigue adelante en ese su proceso de vida, y aunque tenga que asumir la muerte de Jesús para realizar en plenitud ese proyecto, lo acepta y lo sostendrá en esos momentos tan impresionantes. Hasta aquí nos ha traído la liturgia y nos “deja” a las puertas de los acontecimientos.
- Hemos llegado al final de este camino Cuaresmal; ahora podemos “mirar hacia otro lado”, o entrar y participar en todo cuanto se va a vivir y celebrar estos días. Acompañar y estar cerca; contemplar y empatizar con el Jesús sufriente, valiente y generoso hasta la entrega; y terminar triunfando con él en la Pascua... éste es el plan para estos días. ¡Buen ánimo!


sábado, 17 de marzo de 2012


CUARESMA - Semana 4ª



18-24 de Marzo de 2012



IV DOMINGO, día 18




2 Crónicas 36, 14-16. 19-23

“… El Señor, el Dios de los Cielos me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba!...”



CLAVES para la LECTURA

- Esta primera lectura de hoy está tomada del Segundo libro de las Crónicas, cuyo último capítulo narra el trágico final del reino de Judá. Según este libro, la conducta del rey Sedecías (vv. 11-13, que no leemos hoy) de las autoridades y del pueblo (vv. 14-16) no pudo ser peor; en el texto vemos al pueblo acusado de haber despreciado a los profetas que Dios le enviaba para avisarle del mal camino que llevaba.

- Este fragmento, pues, es una lectura sintética en clave teológica de la historia del Reino de Judá: se desatiende la alianza con Dios, domina el influjo de los cultos idolátricos, el templo de Dios está contaminado. A la infidelidad creciente del pueblo, Dios opone la delicadeza de un amor fiel. Envía profetas para llamar al camino de la verdad, pero en vano. Para conducir al pueblo a la salvación deberá entonces hacer que pase por el crisol del sufrimiento: la devastación del templo y la ciudad, la amargura de un largo destierro, devolviendo a la tierra de Judá el reposo sabático del que se había visto privada.

- Los versículos conclusivos (22s), que aparecen literalmente en Esdras 1, 1-3b, contienen el edicto de Ciro y ponen una nota de optimismo y esperanza. Yahvé, Señor de la historia, confía a un rey extranjero la tarea de reconstrucción del templo de Jerusalén. No se trata sólo de una obra material, pues está unida a la restauración moral y espiritual. La referencia continua a la palabra de los profetas (vv. 15. 21s) subraya la fidelidad-verdad de Dios: él actúa siempre según un designio de salvación, pero exige al hombre la acogida dócil y la colaboración activa.



CLAVES para la VIDA

- Una vez más, se destaca la actitud del pueblo escogido que, a pesar de todas las predilecciones de Dios, no ha sabido corresponder ni mucho menos al Pacto asumido por ambas partes. De ahí que Dios se siente libre de sus compromisos y abandona al pueblo a su suerte, y con un objetivo claro: que Israel tome conciencia de su conducta y se decida a volver a la relación amistosa con el Dios que le cuida y salva, como en tantas ocasiones ha hecho y ahora desea hacerlo de nuevo.

- Y es que los deseos de Dios no son el castigo ni la venganza para con el pueblo. Al contrario, su proyecto es de vida para con este pueblo al que ama con ternura entrañable, e incluso se servirá de un rey “pagano” (no perteneciente al pueblo de la elección) para llevar adelante sus planes de vida y de reconstrucción. Israel, pues, debe escuchar a los enviados por este Dios, a sus profetas, y así asumir su propia situación de infidelidad y de pecado, y renovar -desde dentro- los compromisos de la Alianza, haciendo realidad lo sellado con este Dios de la vida. Así nacerá la auténtica comunidad, el verdadero pueblo, fiel a Yahvé. Algo nuevo está surgiendo.

- Siempre la historia del pueblo de Israel es un espejo donde mirarse para descubrir la propia historia personal, porque ella es como una parábola para nosotros. Cambiarán las idolatrías, se sucederán las situaciones más diversas, pero… en el fondo, es la infidelidad al Dios de la Alianza lo que emerge, también en nuestra vida. De ahí que seguir escuchando sus invitaciones, a través de las diversas mediaciones… ¡sigue siendo una tarea para nosotros, hoy y aquí! Pero incluso algo más: ser esa voz profética que denuncia las infidelidades, y esa palabra que anuncia los deseos de vida por parte de Dios… ¡también sigue siendo un quehacer para nosotros! ¿Estaremos dispuestos/as, hermano/a?



Efesios 2, 4-10

“… Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo… Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos…”







CLAVES para la LECTURA

- Creando un fuerte contraste con los versículos precedentes -donde se pinta un cuadro de muerte y de pecado-, Pablo describe el designio de salvación del Señor. Amor y vida son los dos términos esenciales. La redención revela que Dios es amor y gracia a rebosar. El mediador de la salvación es Jesucristo: asumiendo un cuerpo semejante al nuestro, con su muerte vence nuestra muerte, con su resurrección nos abre el camino.

- Como don gratuito, la humanidad ha sido asociada a la glorificación de Cristo. Como ya aparecía en la Carta a los Romanos, el apóstol utiliza un léxico sumamente significativo para poner de relieve la participación en la suerte de Cristo: con-vivificados, con-resucitados, sentados con él en los cielos (vv. 5s).

- En virtud de esta unión con él, la naturaleza y la historia del mundo resultan, a los ojos del Padre, unitarias y sencillas: son la misma historia de Jesús. Volviendo con la afirmación del v. 5, Pablo desarrolla el tema de la gracia. La omnipotencia de Dios se manifiesta en su amor. Frente a esta gratuidad, desaparece toda obra humana o, mejor, el mismo hombre se convierte en nueva criatura y sus obras no son sino el desbordar de la gracia divina en él. Desaparece cualquier asomo de vanagloria: sólo hay lugar para la gratuidad, la Eucaristía.



CLAVES para la VIDA

- El apóstol Pablo lo tiene claro: la iniciativa es totalmente de Dios, es gratuita, no merecida, no conseguida, ni siquiera mediante la súplica. La única razón verdadera de la salvación es el puro amor y la misericordia de Dios. No se debe ni depende de las buenas obras ni ninguna otra actividad humana. Es un puro don. Lo único que podemos hacer es ACEPTARLO, y el medio para aceptarlo es la fe: abrirse a Cristo, fiarse totalmente de Él. No hay, pues, posibilidad de presentar factura alguna ante Dios, ni méritos ni derechos adquiridos (“gloriarse”, en terminología paulina). Cualquier acción humana es inútil para merecer ser hijos de Dios.

- Que no nos salvemos por nuestras obras, no significa que Dios no quiera que obremos bien; pero por otros motivos: no para salvarnos, ni para hacer méritos, ni para nada parecido; sino porque, una vez unidos a Dios, no podemos vivir de otro modo sino cumpliendo su voluntad. Y este cambio en la persona es semejante a un paso de la muerte a la vida; así de profundo. Es una creación, dirá Pablo en el v. 10. Y ese cambio en las personas se produce por la comunión con el Señor: “con-vivificar” (v. 5), “con-resucitar” y “con-sentar” (v. 6), esto es, el creyente corre la misma suerte de Cristo Jesús.

- Está claro: la salvación no es sólo perdón de los pecados, sino PARTICIPACIÓN en el modo de vida del Hijo, en su condición de Resucitado y este cambio ya se ha producido y no es preciso esperar su comienzo en el mundo futuro. ¡Inmensa propuesta y, además, gratuita! Aquí nos encontramos nosotros, inmersos en esta novedad y en la suerte de haberlo conocido, gustado y experimentado en nuestro propio caminar creyente. ¡Ahí es nada…! Hermano/a, no nos basta con “saberlo”; es necesario vivirlo y anunciarlo para que otros/as lo conozcan, lo vivan y lo experimenten. Volvamos a recordárnoslo: ¡Nos queda tarea!



Evangelio: Juan 3, 14-21

“… Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna…”



CLAVES para la LECTURA

- En la presente lectura, que continúa la respuesta a Nicodemo, Jesús revela su propia identidad y la suerte que le espera, la misión recibida del Padre y su desenlace entre los hombres. Después de haberse identificado con la figura gloriosa del Hijo del hombre bajado del cielo (v. 13), Jesús se parangona con la serpiente de bronce que Moisés había alzado en el desierto para librar de la muerte segura al pueblo pecador (Nm 21, 8s).

- Para comprender el pasaje, es preciso adentrarse en el mundo de los símbolos, tan característico del cuarto evangelio. La serpiente recuerda la muerte, pero también su antídoto. De hecho, en la civilización en contacto con Israel, la serpiente era figura de la fecundidad. La elevación de Jesús en la cruz como maldito, aunque represente el culmen de la ignominia, constituye también el máximo de su gloria. Encontramos aquí la primera expresión de la teología joanea que hace coincidir la elevación en la cruz con la glorificación de Cristo, porque precisamente en la cruz se manifiesta en todo su esplendor el amor salvífíco de Dios.

- Todo esto lo desarrolla en los versículos sucesivos: es el amor el que mueve al Padre a entregar al Unigénito para que el hombre pase del pecado a la vida eterna (v. 16). Pero este don exige la acogida de la fe: en el desierto había que mirar a la serpiente de bronce, ahora se debe creer en Jesús. El envío del Hijo es para una misión de salvación (v. 17), y cada uno, con su adhesión o su rechazo, hace una opción que implica un juicio.

- Al final de esta revelación, a la que Jesús ha llevado a Nicodemo -y, con él, a todos los hombres-, al discípulo no le queda otra cosa que hacer suya la invitación a la conversión y al cambio radical de vida. La luz de Jesús es tan penetrante que derriba toda seguridad humana y todo orgullo, hasta el más escondido. Quien acepta a la persona de Jesús y deja sitio a un amor que lo trasciende, encuentra lo que nadie puede conseguir por sí mismo: poseer la verdadera vida.



CLAVES para la VIDA

- Con esta reflexión del evangelista, llegamos al núcleo de la fe cristiana y de la revelación: la iniciativa es de Dios mismo y es una acción de salvación. Dios, pues, según el “discípulo amado” siempre actúa para bien, y nunca para condenar. Y, de hecho, la gran novedad de Jesús es ésta: realizar las obras que son portadoras de vida para así llevar a cabo el proyecto de Dios: Jesús cuando acoge, perdona, busca... Dios mismo está actuando en Él. ¡Hermoso, muy hermoso el mensaje que se nos ofrece!

- Pero este proyecto de Dios, puede ser aceptado o puede ser rechazado: he aquí el dilema donde se encuentra todo ser humano. Según el evangelista, aceptarlo es aceptar la persona de Jesús; esto es, dejarse iluminar por su luz, y esto tiene consecuencias muy claras en la vida, porque ése que acoge la luz, obrará según Jesús. El que la rechaza, opta por la oscuridad; su vida será un camino en las tinieblas.

- De nuevo, es necesario recordarnos que todo esto no es cuestión de ideas o principios, sino algo mucho más vital: soy yo el que ha sido y sigue siendo amado por Dios; soy yo al que se me ofrecen los frutos de la entrega y de la resurrección de Jesús, el Señor. Personalizar mi fe, hacerla más vital, algo que afecta directamente a mi caminar de cada día, es el objetivo último de este tiempo cuaresmal. ¿De acuerdo, hermano/a?







LUNES, día 19:  San José, esposo de la Virgen




2 Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16

“... Pues bien, di esto a mi siervo David: Así dice el Señor de los Ejércitos: Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel... Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia y tu trono durará por siempre. Natán comunicó a David toda la visión y todas estas palabras...”





CLAVES para la LECTURA

- La profecía de Natán, uno de los textos fundamentales del mesianismo real, derriba por completo el proyecto de David. Pretendía éste construir un templo que fuera digno del arca de Dios en la ciudad santa (2 Sm 7, 1-3). El oráculo se abre con una pregunta retórica, «¿Eres tú quien me va a construir una casa para que viva en ella?» (v. 5), está en relación con la afirmación antitética del v. 11: «Además, el Señor te anuncia que te dará una casa». Viene, a continuación, la referencia al éxodo, como ocurre cada vez que se hace mención de la alianza, insistiendo en la tienda y en las peregrinaciones del desierto: la presencia del Señor no puede quedar aprisionada en un lugar y en un edificio.

- A la mención del éxodo va unido el recuerdo de las acciones en favor del rey. El poder de David depende únicamente de la intervención de Dios: él lo tomó de los pastos, le dio la victoria (la «paz con todos tus enemigos», se repite en esta perícopa tres veces), dará estabilidad al pueblo en la tierra y engrandecerá el nombre del rey. No será David quien construya el templo, sino, al contrario, es el Señor quien le dará una casa: la contraposición queda subrayada con la repetición del mismo vocablo, «casa», para designar tanto al templo como a la dinastía davídica.

- Sólo después de la muerte de David, suscitará el Señor su linaje (v. 12). Como sucede a menudo en los oráculos proféticos, hay dos posibles niveles de lectura: la referencia inmediata iría dirigida a Salomón, que será quien construya el templo; en segunda instancia, la profecía se refiere al Mesías futuro. El Mesías construirá «una casa» al Nombre de Dios, su reino durará para siempre, y es a él a quien se aplica la fórmula de adopción: «Seré para él un padre y él será para mí un hijo» (v. 14).





CLAVES para la VIDA

- Este texto y profecía se convierte en un canto magnífico sobre cuáles son los planes de Dios para con David y sobre el futuro del pueblo de Israel. Es un canto en el que se valora, no lo que David ha hecho para Dios, sino lo que Dios ha hecho para David. La “casa-edificio” que el rey quería levantar es sustituida por la “casa-dinastía” que Dios tiene programada, la “casa de David”.

- De nuevo, se recuerda que la INICIATIVA es del mismo Dios, como ha ocurrido y ocurrirá tantas veces. Mucho más, a la hora de hacer realidad “una casa” definitiva en el Mesías Salvador, como siempre se ha leído e interpretado esta profecía. Dios, pues, sirviéndose de mediaciones humanas, sigue llevando adelante sus planes de salvación y de vida: “Tu casa y tu reino subsistirán para siempre ante mí...” (v. 16)

- Como siempre, es sugerente volver a escuchar estos anuncios y profecías, que nosotros podemos “contemplar” ya realizados. Dios es fiel a sus promesas y no nos abandona a nuestra suerte: es el gran mensaje que se nos recuerda de forma ininterrumpida. Aquí participamos de este don y regalo del mismo Dios. Acogerlo con sencillez y humildad; disfrutarlo y ofrecerlo a los demás, hecho vivencia gozosa... ¡es la gran MISIÓN!





Romanos 4, 13. 16-18. 22

“... Todo depende de la fe, todo es gracia... Al encontrarse con el Dios que llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza...”





CLAVES para la LECTURA

- Pablo desarrolla la lección que se desprende de la vida de Abrahán, estableciendo un fuerte contraste entre la ley y la justicia que procede de la fe. En primer lugar, el apóstol pone bien de manifiesto que la promesa de Dios a Abrahán no depende de la ley (v. 13); de este modo, se establece de una manera inequívoca que la promesa de Dios es absoluta, previa e incondicionada. No hay ley, ni siquiera la mosaica, que pueda condicionar la promesa de Dios. Es cierto que, al prometer, Dios se compromete con nosotros en el amor y en la fidelidad, pero lo hace siempre en medio de su más absoluta libertad.

- Por otro lado, Pablo afirma que la fe es la única vía que conduce a la justicia, esto es, a la acogida del don de la salvación. De ahí que los verdaderos descendientes de Abrahán no sean los que viven según las exigencias y las pretensiones de la ley, sino los que acogen el don de la fe y lo viven con ánimo agradecido y conmovido. Desde este punto de vista, Pablo define como «herederos» de Abrahán a los que han aprendido de él la lección de la fe, y no sólo la obediencia a la ley. Se trata de una herencia extremadamente preciosa y delicada, porque solicita y unifica diferentes actitudes de vida, todas ellas reducibles a la escucha de Dios, que habla y manda, que invita y promete.

- La fe de Abrahán, precisamente por estar íntimamente ligada a la promesa divina, también puede ser llamada «esperanza»: «Contra toda esperanza creyó Abrahán» (v. 18). De este modo, entra Abrahán completamente en la perspectiva de Dios, esto es, de aquel «que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen» (v. 17b). Y así, mediante la fe, todo creyente puede llegar a ser destinatario, y no sólo espectador, de acontecimientos tan extraordinarios que únicamente pueden ser atribuidos a Dios.



CLAVES para la VIDA

- El apóstol Pablo, convertido de sus convicciones farisaicas desde el encuentro de Damasco, con enorme fuerza y convicción, presenta las nuevas claves de su vida: es la FE, y no el cumplimiento de la ley, lo que lleva a la salvación. Y es que la promesa de Dios, la de la PLENITUD, no está condicionada por la respuesta del hombre. Antes bien, es previa y gratuita: éste es el modo de proceder de Dios y así lo seguirá siendo, como se encargará el mismo Jesús de ponérnoslo en claro y definitivamente. El amor incondicional de Dios es anterior a todo el resto.

- Acoger el don de la salvación: ésa es la respuesta del hombre que se expresa en la FE, como lo vivió Abrahán: “contra toda esperanza creyó” (v. 18). Vivir con gozo y agradecimiento es la actitud más sana y correcta, la mejor respuesta al inmenso don, a la herencia prometida y hecha realidad para cuantos, como el viejo patriarca, se fían de Dios y se ponen a su disposición. ¡Tarea constante y para toda la vida!

- Una vez más, este gran testigo, que es Pablo, sigue insistiendo y ofreciéndonos el tesoro que él ha descubierto en el encuentro con el Señor Jesús: Dios ha hecho realidad sus promesas y es necesario abrirse a Él y acoger con gozo inmenso el don por excelencia. Es también, hoy, la invitación que me hace. Por cierto, como lo vivió también el bueno de José, a quien festejamos, abriéndose a los planes de salvación de Dios y poniéndose a su disposición, de forma plena y total. ¿Cuál es la CLAVE que prevalece en ti, hermano/a: las “obras” o el “don de la fe”? ¿Qué es lo que “mueve” nuestra vida? ¡Ánimo!





Evangelio: Lucas 2, 41-52

“... Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres… Le dijo su madre: Hijo ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. Él les contestó: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?...”





CLAVES para la LECTURA

- El relato de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo es una escena de vida familiar. El contexto está representado por dos breves descripciones de la vida de Nazaret: el viaje anual a Jerusalén para la Pascua (Dt 16, 16) y el retorno a casa de la familia de Jesús, donde él permanece sumiso a sus padres como un hijo cualquiera.

- El significado teológico del episodio, sin embargo, es mesiánico y el gesto de Jesús es profético. Jesús afirma conocer bien su misión y anuncia la separación futura de sus padres. Cuando la madre lo encuentra en el templo lo interpela: «Tu padre y yo te buscábamos angustiados» (v. 48); y Jesús responde con convicción: «¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?» (v. 49). Al decir «tu padre», María entendía referirse a José; pero cuando Jesús dice «mi Padre» está refiriéndose a Dios.

- Hay un contraste neto y significativo en esto, porque Jesús trasciende a sus padres. Jesús reivindica el primado de la pertenencia al Señor y la prioridad de la propia vocación. Sin embargo, inmediatamente después. Jesús regresa a Nazaret y permanece sumiso y obediente a los suyos.





CLAVES para la VIDA

- Lo que nos presenta esta escena constituye una especie de parábola que representa el contenido de toda la existencia de Jesús. Y para mostrar mejor los contrastes, se le presenta como un niño, pero en realidad se alude aquí a su vida entera: naciendo y viviendo en una familia concreta, Jesús la trasciende para mostrarnos el misterio de Dios mismo; de ahí que Él debe ocuparse de las cosas de su Padre. Por eso, María y José quedan a la expectativa; mientras que Jesús va creciendo en esa intimidad singular con el Padre, que le marcará para siempre.

- Esto nos indica que también Jesús ha ido creciendo, descubriendo y profundizando “las cosas de su Padre”, como el camino que marcará toda su existencia y al que se dedicará con todo su ser y sus fuerzas: es el REINO de DIOS, que Dios ha decidido inaugurar de forma definitiva en la historia humana para transformarla desde las mismas raíces y de acuerdo con su proyecto de vida. He aquí la clave que el evangelista nos adelanta ya y que describe toda la vida de Jesús; paso a paso nos va ir presentando a este “Niño”.

- Sin duda alguna, este relato del evangelio nos está “hablando” de algo que está “más allá”, más allá de una mirada superficial, incluso, “piadosa”. Desde ya, se me pide una fe en ese “niño”, que es como todos los niños: dependiendo de sus padres, creciendo y aprendiendo a abrirse a los proyectos de Dios. Son muchos años de silencio por un lado, y de profunda intimidad con “su Padre” por otro. Así se me ofrece este Jesús. Y ahí están también esos personajes singulares, María y José, que se ven forzados a recorrer ese camino de búsqueda y de apertura a Dios, para ir “comprendiendo” a ese hijo que vive con ellos. ¿Cómo le sientes tú, hermano/a, a este Niño que vive en esta familia de Nazaret?





MARTES, día 20




Ezequiel 47, 1-9. 12

“... En aquellos días el ángel me hizo volver a la entrada del templo; del zaguán del templo manaba agua hacia Levante... Me dijo entonces: ¿Has visto, hijo de Adán? Me condujo a la vuelta por la orilla del torrente. Al regresar vi a la vera del río una gran arboleda en sus dos márgenes...”



CLAVES para la LECTURA

- Debido al clima árido de Palestina, las fuentes se consideran con frecuencia símbolos del poder vivificador de Dios. Por eso, a veces, en las inmediaciones de una fuente se erigía un santuario. En la visión de Ezequiel, este poder de vida nueva mana del zaguán del mismo templo y fluye hacia oriente, por donde regresó la Gloria del Señor a morar en medio del pueblo vuelto del destierro. Al principio, es un pequeño arroyo de agua insignificante, comparado con los grandes ríos mesopotámicos, pero va creciendo cada vez más y más hasta convertirse en un río navegable.

- Es sugestivo el contraste entre la medida exacta y calculada siempre igual por el ángel y el crecer sin medida del agua, cuyo poder debe experimentar el profeta en su cuerpo (vv. 3b. 4b). A él se le revela la extraordinaria fecundidad y eficacia de la fuente: llena de vegetación el territorio, sana el mar Muerto, hace que abunden los peces y que prosperen las gentes (vv. 7-10); los árboles frutales dan cosechas extraordinarias: el agua que viene de Dios sana y fecunda la tierra que recorre.

- El Nuevo Testamento recogerá y llevará a plenitud la simbología: Jesús es el verdadero templo del que brota el agua viva del Espíritu (Jn 7, 38; 19, 34) por medio de la regeneración con esta agua vivificante y medicinal (Jn 3, 5).



CLAVES para la VIDA

- Toda una parábola la que nos ofrece la visión de Ezequiel y que nos vuelve a invitar a mirar hacia la Pascua, con toda la fuerza que conlleva. Las aguas brotan del Templo, esto es, del mismo “corazón” de la fe de Israel, del mismo Dios, y esas aguas purifican y curan todo a su paso, hacen que los campos produzcan frutos y que el mar Muerto se llene de vida. Está apuntándonos al paraíso inicial de la humanidad, al proyecto original, al “sueño” de Dios.

- Esta agua nos pone delante nuestro Bautismo y, también, la Noche de Pascua: de Cristo Resucitado brota el agua que apaga nuestra sed y fertiliza nuestros campos. Su Pascua, pues, es fuente de vida, la acequia de Dios que riega y alegra nuestra ciudad, nuestra realidad personal.

- Se nos sigue apuntando hacia delante, hacia la gran fiesta de la Pascua, donde todo se hace nuevo, si le dejamos actuar en nuestra vida. También yo voy caminando hacia ese encuentro definitivo porque es transformador. ¿Cómo me voy sintiendo ante su proximidad? ¿Lo deseo? ¿Lo deseo ardientemente, aunque me pueda “quemar”? Es una nueva oportunidad para mí. ¡También para ti, hermano/a!



Evangelio: Juan 5, 1-3. 5-16

“... ¿Quieres quedar sano? El enfermo le contestó: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado... Mira, has quedado sano, no peques más no sea que te ocurra algo peor...”



CLAVES para la LECTURA

- Jesús, salvación de Dios, decide atravesar los soportales de miserias humanas que se reúnen junto a la piscina de Betesda, en Jerusalén. Allí se encuentra con una en particular. Su palabra se dirige a ese pobre paralítico que lleva enfermo treinta y ocho años, casi toda su existencia. Después de tan larga espera, ¿qué puede pedir de bueno a la vida?

- La pregunta aparentemente obvia de Jesús (v. 6) despierta la voluntad de este hombre y, por un simple mandato (v. 8), recobra la fuerza: carga con su camilla, compañera de tantos años de enfermedad, y camina llevándola consigo como testimonio de su curación. Jesús renueva la vida, cosa que no podrían hacer los ritos supersticiosos, ni siquiera la Ley: quien se queda bloqueado en su interpretación literal, en la rigurosa observancia del sábado, es un paralítico de espíritu, un ciego de corazón. A diferencia de aquel enfermo, no quiere curarse y su rigidez se convierte en hostilidad.

- En el templo, Jesús se encuentra con el hombre curado y le dirige la palabra clara y exigente (v. 14), de la que se desprende que hay algo peor que 38 años de parálisis: el pecado, con sus consecuencias. Jesús no quiere renovar la vida a medias: si no se nos libera de las ataduras del pecado, de nada nos sirve que se nos desentumezcan los miembros. Es una libertad por la que debemos optar cada día: “¿Quieres quedar sano?... No peques más”.



CLAVES para la VIDA

- Está claro: ni la Ley, ni los ritos supersticiosos, ni el mismo templo consiguen curar a aquel enfermo paralítico, ni siquiera en “38 años”, esto es, toda una vida. Aquí es donde se hace presente el “agua de Jesús” y éste sí que es capaz de curar. Su palabra es más fuerte que todos los bloqueos, cura y hace revivir desde dentro, incluso perdonando los pecados. Desde la nueva situación, desde la curación, aquel hombre es invitado a vivir de otra manera: “No peques más”.

- Jesús, pues, no sólo cura unos miembros atrofiados, sino que además libera a aquel enfermo de las mismas raíces, que provienen del pecado. Sin duda alguna, este enfermo está simbolizando al pueblo de Israel, en su larga peregrinación por el desierto, que encuentra en Jesús a su salvador y que le introduce en la tierra de la promesa. Si bien, no es Israel el que llega a la fe, sino el mismo Jesús quien toma la iniciativa de curar al enfermo, de darle la vida, a la que es llamado.

- Hermosa la propuesta que se me sigue haciendo: poderme encontrar con aquel que puede liberarme desde la raíz, desde lo más profundo, que no sólo cura mis males externos, sino del mismo pecado, raíz de todos los males. Ésta es la oferta que Dios me hace en Jesús. ¿Me decidiré por fin...?







MIÉRCOLES, día 21




Isaías  49, 8-15     

“... Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo, se compadece de los desamparados... ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré...”



CLAVES para la LECTURA

- El Siervo de Yahvé experimenta el desaliento y el fracaso, pero Dios le infunde nuevos ánimos y dilata hasta el extremo de la tierra los confines de su misión salvífica (vv. 5-7). Implica, en primer lugar, la liberación de los israelitas del destierro, porque ha llegado el tiempo de la misericordia, el día de la salvación (v. 8). Dios tiene sus tiempos y sus días, en los que ofrece su gracia y realiza su promesa. Penetra en el curso de la historia humana para transformarla. En el designio de Dios, el Siervo es como Moisés: mediador de la alianza. Como Josué, restaurará y repartirá la tierra. Será el heraldo del nuevo éxodo que el Señor mismo, “el Compasivo”, guiará como buen pastor y facilitará superando todo lo esperado (vv. 10s). Es un mensaje de vida dirigido a los desterrados descorazonados.

- El profeta a continuación contempla desde Jerusalén (v. 12) la entrada en la patria del pueblo, que confluye en la ciudad santa no sólo desde Babilonia, sino desde todos los puntos donde habían sido dispersados. El cosmos entero canta, exultando por la misericordia que el Señor ha tenido con su pueblo (v. 13).

- Su amor es una ternura honda, visceral. Le caracterizan su entrega y fidelidad perennes. Es su icono el amor de una madre por sus hijos (vv. 14s). Son imágenes tomadas del lenguaje humano para indicar lo unido que está Dios con sus criaturas; no es un Dios lejano ni impasible, ni un Dios juez implacable, sino un Dios cercano y solícito con la suerte de todos sus hijos.



CLAVES para la VIDA

- ¡Hermosa y sugerente la reflexión del profeta para todo aquel que quiere aceptar este regalo de Dios! Porque, una vez más, se nos recuerda y se nos insiste: la fidelidad de Dios y su bondad y misericordia están más allá de todo límite humano. Las promesas se hacen realidad y es que Dios penetra en la historia humana para transformarla. Éste es su proyecto y lo va a llevar a cabo. Con imágenes vivas, el profeta nos lo anuncia en nombre de Dios mismo, quien es pastor y agricultor, médico y, también, madre.

- Todo esto nos va proponiendo, de forma progresiva, la Palabra de Dios: es como recordarnos constantemente las raíces de nuestra fe: “acaso olvida una mujer a su hijo...” (v. 15), es mucho afirmar. Dios no nos puede olvidar. Todavía no nos había hablado Jesús, quien nos revelará la plenitud de todo este misterio, de este regalo.

- Aquí puede surgir una nueva oportunidad para mí. Siento que éste es el objetivo-propuesta que se nos va haciendo. Dios me llama a esta relación vital, llena de ternura, visceral, filial. Y si la madre no puede olvidar a su hijo, tampoco Él puede olvidarme, ni abandonarme. Ésta es la propuesta definitiva. ¿Seré capaz de asumirlo y aceptarlo desde el corazón?



Evangelio: Juan  5, 17-30

“... Dijo Jesús a los judíos: Mi padre sigue actuando y yo también actúo. Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo violaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios...”



CLAVES para la LECTURA

- Jesús es perseguido por los judíos a causa de las curaciones que realiza en sábado. Para fundamentar sus obras, Jesús revela su propia identidad de Hijo de Dios, poniéndose así por encima de la Ley. El v. 17 alude a especulaciones judías: el descanso sabático de Dios se refiere a su obra creadora, no a la continua actividad de Dios, que incesantemente da la vida y juzga (el Eterno nunca puede interrumpir estas dos actividades, porque pertenecen a su propia naturaleza).

- En los versículos 19-30, Jesús muestra que se atiene en todo a la actividad de Dios como hijo que aprende en la escuela de su padre. “El hijo no puede hacer nada por su cuenta”: esta afirmación, reiterada en el v. 30, incluye la perícopa e indica su sentido. La total unidad entre la acción del Padre y del Hijo es fruto de la completa obediencia del Hijo, que ama el querer del Padre y comparte su amor desmesurado por los pecadores. Por eso el Padre da al Hijo lo que a él sólo pertenece: el poder sobre la vida y la autoridad del juicio (vv. 25s).

 -  Esta íntima relación entre Padre e Hijo puede extenderse también a los hombres por medio de la escucha obediente de la Palabra de Jesús, que hace entrar en el dinamismo de la vida eterna superando la condición existencial de muerte que caracteriza la vida presente.



CLAVES para la VIDA

- ¡Cuántas “confesiones” nos ofrece este pasaje del evangelio del discípulo amado! Jesús actúa en nombre del Padre, y actúa dando vida, que es lo que Dios hace. Ésta es la actividad de Dios, dar VIDA. En esa relación íntima, profunda y vital, está fundamentada toda la actividad de Jesús, quien es obediente a los deseos y a los proyectos del Padre.

 - ¡Qué posibilidad la nuestra: poder participar en esa ESCUELA donde el mismo Jesús aprende del Padre! Aquí nos emplaza el discípulo amado, porque él mismo ha descubierto y experimentado, en toda su hondura y profundidad, la maravilla de esa relación (de ahí que nos pueda ofrecer las impresionantes síntesis que nos deja en su Evangelio). Jesús aprende; el discípulo aprende y ejerce esa misma actividad que Jesús. Es su escuela.

- Aquí me encuentro (nos encontramos). También soy invitado a participar y a aprender. En este tiempo cuaresmal, se me invita a profundizar en lo mejor, en lo más auténtico y sentir toda la fuerza que esa relación Padre-Hijo conlleva, y así participar en su misma obra de salvación. Así es este nuestro Dios: empeñado en ofrecer la vida y vida en plenitud. ¿Te interesa, hermano/a? ¡Buen ánimo y... acéptalo!





JUEVES, día 22




Éxodo 32, 7-14

“... Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos... ¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta?... Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo...”



CLAVES para la LECTURA

- Dios acaba de establecer su alianza con Israel, confirmándola con una solemne promesa (Ex 24, 3). Moisés todavía está en el monte Sinaí en presencia del Señor, donde recibe las tablas de la Ley, documento base de la alianza. Pero el pueblo ya ha cedido a la tentación de la idolatría: se construye un becerro de oro, obra de manos humanas, y se atreve a adorarlo como al Dios que le ha librado de la esclavitud de Egipto (v. 8).

- Dios montó en cólera (las características antropomórficas con las que se describe a Dios en este episodio atestiguan la antigüedad del fragmento). Sin duda, informó a Moisés de lo acaecido (v. 7): se ha roto la alianza. Es un momento trágico: Dios está a punto de repudiar a Israel, sorprendido en flagrante adulterio.

- Aunque Moisés, jefe del pueblo, permaneció fiel ¿le rechazará también el Señor? No, pero se pondrá a prueba su fidelidad. ¿Cómo? Mientras el Señor amenaza con destruir al pueblo, propone a Moisés comenzar con él una nueva historia y le promete un futuro rico de esperanza (v. 10). Moisés no cede a la “tentación”. Ha recibido la misión de guiar a Israel hacia la tierra prometida y no abandona al pueblo. Como en otro tiempo Abrahán (Gn 18), intercede poniéndose como un escudo entre Dios y el pueblo pecador. Con su súplica, trata de “dulcificar el rostro del Señor” (v. 11). Su angustiosa oración, en la que recuerda al Señor las promesas hechas a los patriarcas, es tan ardiente que llega al corazón de Dios.



CLAVES para la VIDA

- Esa historia del pueblo elegido, sin duda alguna, está cargada de momentos negros, de deserción, de abandono, de... pecado. Pero también hay páginas INMENSAS, cargadas de una belleza y bondad insuperables. Esta página del Éxodo y la plegaria de Moisés es impresionante: ya sea por su calidad humana como por su mensaje y contenido. Moisés se pone de “escudo humano” entre un Dios profundamente enojado y un pueblo “veleta”, que lo mismo es signo de lo mejor como de lo más vulgar. Ahí está el “gran” Moisés.

- Ese diálogo es entrañable (que sale de las “entrañas”) y capaz de conseguir de Dios un cambio de actitud y de decisión. Ni siquiera acepta el “soborno” de hacer de él, de Moisés, un nuevo pueblo. Él va a defender a su pueblo, hasta el punto de pedirle a Dios que si no es así que le “borre del libro de la vida”. ¡Hasta dónde llega su capacidad de intercesión...!

- La figura de Moisés nos ayuda a entender la MEDIACIÓN de Jesús y su papel entre Dios y su pueblo. Y es que Él, que ha aprendido del Padre, lo llevará hasta las últimas consecuencias, sin reservarse nada, sino entregándolo todo. Porque Él hace lo que le agrada al Padre. Se me ofrece, pues, como el NUEVO Moisés y por medio de Él puedo adquirir la plenitud de los dones de Dios. Aquí me encuentro. ¿Qué tal, hermano/a?





Evangelio: Juan 5, 31-47

“... Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado... “



CLAVES para la LECTURA

- Continúa el discurso apologético de Jesús como réplica a las acusaciones de los judíos. A medida que avanza el discurso, se va enconando más y más. Cada vez aparece más clara la distinción entre el “yo” de Jesús y el “vosotros” de los oyentes hostiles. La perícopa llega al punto culminante del proceso del Señor Dios contra su pueblo amado con predilección, pero obstinadamente rebelde, ciego y sordo.



- Cuatro son los testimonios aducidos por Jesús que deberían llevar a los oyentes a reconocerlo como Mesías, el enviado del Padre, el Hijo de Dios: las palabras de Juan Bautista, hombre enviado por Dios; las obras de vida que él mismo ha realizado por mandato de Dios; la voz del Padre; y, finalmente, las Escrituras. Estos testimonios, tan diversos, tienen dos características comunes: por una parte, como respuesta a la acusación de blasfemia por los judíos contra Jesús, remiten al actuar salvífico de Dios Padre; por otra, no dicen nada verdaderamente nuevo.



- Los judíos se encuentran así sometidos a un proceso. Su ceguera procede de una desviación radical, interior: los acusadores no buscan la “gloria que procede sólo de Dios”, revela el riesgo y les pone en guardia: creen obtener vida eterna escudriñando los escritos de Moisés, pero estos escritos son los que les acusan. ¿El intercesor por excelencia tendrá que convertirse en su acusador? El fragmento concluye con una pregunta que pide a cada uno examinar la autenticidad y sinceridad de la propia fe.



CLAVES para la VIDA

- Todo este texto evangélico está en conexión con el signo de la curación del paralítico de la piscina, que Jesús ha realizado “en nombre de Dios” y como signo de vida. Pero sus enemigos le acusan de blasfemia, por considerarse como “hijo” de Dios y de actuar en su nombre. Y es que ese pueblo (sus dirigentes) está tan ciego y sordo que ni ve ni acepta ningún testimonio que le pueda ayudar a reconocer en Jesús esa presencia nueva y definitiva de Dios. ¡Terrible drama!, sin duda.

- “ACEPTAR A JESÚS”: ahí está la cuestión que el discípulo amado plantea a lo largo y ancho de su evangelio. Pero no es algo teórico, sino muy vital y experiencial; esto es, participar de su vida, de su luz, la que él aporta y ofrece a cada uno de los que se encuentran con él. El “¿dónde moras?” y el “venid y lo veréis” es una constante en la propuesta de Jesús y que el evangelista nos plantea.

- Y aquí nos encontramos, hoy, sus seguidores: tú, yo, nosotros. Es la invitación al seguimiento, imitándole en su entrega total a favor del pueblo, de sus hermanos, cual NUEVOS Moisés, ejerciendo de intercesores a todos los niveles. ¿Te animarás en esta Cuaresma? ¡La conversión puede ir por ahí...!







VIERNES, día 23




Sabiduría 2, 1a. 12-22

“... Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre de Hijo del Señor...”



CLAVES para la LECTURA

- Después de una exhortación para vivir de acuerdo con la justicia (Sab 1, 1-15), el hagiógrafo deja la palabra a los “impíos”. Éstos, en un discurso articulado, exponen su “filosofía”: viven la vida como búsqueda desenfrenada del placer, eliminando -incluso con violencia- cualquier obstáculo que se les ponga por delante. Los dos versículos que enmarcan la exposición manifiestan un claro juicio condenatorio: razonan equivocadamente (v. 1), se engañan (v. 21).

- Los “impíos”, de los que se habla, son probablemente los hebreos apóstatas de la comunidad de Jerusalén, que, aliados con los paganos, persiguen a sus hermanos fieles al Dios de la alianza. Con su conducta estos “justos” constituyen una presencia insoportable. Cuatro imperativos muestran un creciente rencor oculto que se convierte en odio abierto: del tender acechanzas se pasa al insulto, para llegar finalmente al proyecto de condena a muerte, en un desafío blasfemo contra Dios (v. 18; v. 20).

- El “resto” de Israel vive su pasión profetizando la del Mesías. Jesús es el único verdadero, el Hijo amado, el humilde puesto a prueba, escarnecido (v. 19) y condenado a una muerte infame (v. 20). Pero, sobre todo, es él quien, habiendo puesto toda su confianza en el Padre, surge del abismo en la luz de pascua como primogénito de los muertos. La esperanza del Antiguo Testamento adquiere una dimensión inesperada, que supera cualquier “profecía” posible: por los méritos de uno solo, todos son constituidos “justos”, si se abre el corazón para acoger el don de su gracia.



CLAVES para la VIDA

- Nos hallamos en el último libro del Antiguo Testamento y también aquí aparece una dinámica que luego vemos cumplirse a lo largo de los siglos y también ahora: los justos resultan incómodos en medio de una sociedad no creyente y, por lo tanto, hay que eliminarlos: “nos echa en cara... es un reproche a nuestras ideas... lo condenaremos a muerte ignominiosa...”. Posiblemente, hoy en día, la forma de “eliminarlos” será con otros medios, pero tan crueles como antes: desacreditarlos, ridiculizarlos o, simplemente, ignorarlos. La historia se vuelve a repetir. El sabio nos lo recuerda.

- Que esto ocurrió de forma dramática con Jesús, no tenemos ninguna duda. Los evangelios son un testimonio claro y contundente de esta tensión vivida, hasta que consiguen condenarlo y ejecutarlo. El anuncio y la descripción del Sabio del Antiguo Testamento adquieren unas notas dramáticas y especiales en la persona de Jesús de Nazaret.

- También nosotros, hoy y aquí, estamos insertos en una realidad y cultura no precisamente favorable a la fidelidad y el testimonio de vida concorde con el proyecto de Dios y del Evangelio. Ser luz y sal, ofrecer la Buena Nueva del Reino y vivirla... es hoy la llamada que se nos pide a los seguidores de Jesús. Muy posiblemente nos ocurrirá como al “resto” de Israel, o como le ocurrió al Señor Jesús. ¡Es todo un dilema!



Evangelio: Juan 7, 1-2. 10. 25-30

“... Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: A mí me conocéis y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz: a ése vosotros no le conocéis, yo le conozco porque procedo de él y él me ha enviado. Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora...”



CLAVES para la LECTURA

- La persona de Jesús suscitó preguntas e inquietudes entre sus contemporáneos, mientras la aversión de los jefes judíos llega al paroxismo (v. 1b). Jesús no es un provocador ni un cobarde: espera la hora del Padre sin huir ni adelantar los acontecimientos. Por eso evita la Judea hostil y cuando, por fin, sube a Jerusalén a la fiesta más popular, la de las Tiendas, lo hace “de incógnito”, contrariamente al deseo de sus parientes, pero deseosos de disfrutar de su fama (vv. 3-5). En la ciudad santa, sin embargo, es reconocido en seguida. Y como siempre se dividen los ánimos: ahora se trata de su mesianismo.

- Los círculos apocalípticos de la época sostenían el origen misterioso del Mesías: y si Jesús proviene de Nazaret, es sólo un impostor (vv. 26s). Jesús no ignora las voces que se van difundiendo, y sobre ellas se eleva su propia voz, fuerte y clara, en el templo (v. 28: literalmente “gritó”; se trata de una proclamación solemne y con autoridad). Con sutil ironía, se muestra que su origen es efectivamente desconocido a los que piensan saber muchas cosas de él: de hecho, no quieren reconocerlo como el enviado de Dios y por eso no conocen al Dios veraz y fiel que cumple en él sus promesas.

- Las palabras de Jesús suenan a los oídos de sus adversarios como una ironía, un insulto y una blasfemia. Tratan de echarle mano, pero en vano: él es el Señor del tiempo y las circunstancias, porque se ha sometido totalmente al designio del Padre, y todavía no ha llegado su “hora” (v. 30).



CLAVES para la VIDA

- En este pasaje descubrimos cómo Jesús se vuelve incómodo e inaguantable para los jefes de su pueblo que quieren hacer silenciar su voz y, con ella, sus denuncias, porque resulta que los que “creen saber mucho de él” (de donde procedía, etc.), no aciertan a descubrir en Él al Enviado del Padre, actuando en su nombre y anunciando la Buena Nueva de parte de Dios. “Saben”, pero “no aciertan” en su apreciación. Fue el drama de los dirigentes del pueblo de Israel y se cerrarán en esa situación; se bloquean en su cerrazón y no encuentran salida alguna.

- Pero Jesús tiene una conciencia clara de su misión: viene “enviado por aquel que es veraz”, y desde ahí pierde el miedo a sus enemigos, aunque pretendan matarle y así callar su voz. Está abierto plenamente al proyecto del Padre y acepta la “hora”, esto es, sus designios. Cuando llegue, no dudará en dar testimonio vivo y directo de lo que el Padre le ha mostrado y para lo que le ha enviado.



- Impresiona, sin duda, la claridad que en este momento ofrece el discípulo amado de la conciencia de misión que Jesús presenta: no hay nada que le detenga ni le frene. A esa Escuela somos invitados, también nosotros, estos días anteriores -pero ya próximos- a la Semana Santa. ¡Buen ánimo!





SÁBADO, día 24




Jeremías 11, 18-20

“... Talemos el árbol en su lozanía, arranquémosle de la tierra vital, que su nombre no se pronuncie más. Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente...”



CLAVES para la LECTURA

- El presente texto constituye la primera de las llamadas “confesiones de Jeremías”. Son ráfagas de luz que nos permiten adentrarnos en el mundo interior del profeta a través de las repercusiones personales de su misión: son un testimonio precioso, único en la Biblia. Por voluntad del Señor, Jeremías descubre la conjura que sus paisanos de Anatot han urdido contra él para quitarle de en medio (v. 19). Es difícil precisar las causas históricas, pero esto no impide captar el mensaje fundamental. En la historia de la salvación, las vicisitudes de la vida del profeta son de capital importancia, por el modo con que tuvo que vivirlas.

- Jeremías, víctima inocente, pensando en el peligro que acaba de pasar, se compara con un cordero manso llevado al matadero. Esta imagen, presente también en el cuarto canto del Siervo sufriente de Yahvé (Is 53, 7), se utilizará ampliamente para describir al Mesías Sufriente que expía en silencio el pecado del mundo (Jn 1, 29; 1 Pe 1, 19; Ap 5, 6ss). Atormentado en el corazón y la mente, el profeta sufre, y se atreve -él, tan humilde- a elevar una oración de venganza; es la ley del talión.

- Jeremías vive su pasión como hombre del Antiguo Testamento; será Jesús, realidad de lo que el profeta figuraba, quien morirá inocente, poniéndose en las manos del Padre él mismo y poniendo también a sus adversarios, que le crucificaron, para que les perdone.



CLAVES para la VIDA

- A Jeremías, llamado por Dios para ser su profeta, le toca vivir momentos muy difíciles, y los vive con enorme intensidad; su drama, sin duda alguna, es estremecedor. Han tramado su muerte y él acude a Dios, con confianza, pero, al mismo tiempo, pidiendo venganza contra sus enemigos. Es todo un símbolo de un justo perseguido por su condición de profeta, que de parte de Dios anuncia y denuncia a un pueblo que no quiere escuchar sus palabras.

- La figura del profeta Jeremías es anuncio, sin duda alguna, de Jesús de Nazaret, quien además de confiar en el Padre, poniéndose plenamente en sus manos, entregará su vida, incluso perdonando a sus enemigos. Así, en la historia de la salvación, se ha ido preparando a la presencia definitiva y salvadora de Dios.

- Aquí nos encontramos nosotros, recorriendo esos caminos, por los que Dios nos ha ido comunicando sus planes de salvación y de vida. El profeta Jeremías, con sus “confesiones”, nos muestra una etapa de ese camino; pero, para nosotros, el culmen de ese camino lo encontramos en Jesús de Nazaret. A vivir junto a Él, todo su drama y entrega, nos va llevando la liturgia. ¡Ánimo, hermano/a!



Evangelio: Juan 7, 40- 53

“... De la gente que había oído estos discursos de Jesús, unos decían: Éste es de verdad el profeta. Otros decían: Éste es el Mesías. Pero otros decían: ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?... Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima...”



CLAVES para la LECTURA

- “Y surgió entre la gente una discordia por su causa” (v. 43); escena tomada al vivo. El evangelista nos muestra cómo la gente discute sobre un hombre del que todos hablan, preguntándose si no será el Mesías. Su palabra de autoridad, que fascina incluso a los guardias enviados para arrestarlo (v. 46), no podría dejar lugar a dudas.

- Pero, sin embargo, se esgrimían dos fuertes argumentos en contra. En primer lugar, Jesús viene de Galilea, y la Escritura dice que nacería en Belén. Pero, sobre todo, el hecho de que los jefes del pueblo y los fariseos no han creído en él: ¿puede quizás la gente ordinaria tener otro parecer respecto a este hombre con pretensiones inauditas? Frente a la agitación general, los que ejercen el poder y la ciencia responden con sarcasmo y desprecio, síntomas inequívocos de una reacción desmesurada dictada por el miedo a perder prestigio.

- Sólo se distingue la valiente voz de Nicodemo -el que vino a ver a Jesús de noche (Jn 3, 1)-, que indica que la misma Ley no juzga a nadie antes de haberle escuchado. También se le tacha de ignorancia. Y bruscamente concluye Juan: “Cada uno se marchó a su casa” (v. 53), algunos llevando en el corazón el deseo de conocer más a Jesús ; otros, con un rechazo más enconado. Pero la Palabra no calla; todavía no había llegado su hora.



CLAVES para la VIDA

- Como le sucedía al profeta Jeremías (primera lectura), también Jesús se encuentra con una situación complicada y enconada en torno a su persona. Pero está claro: Él camina con decisión a realizar los proyectos del Padre. Es, pues, el nuevo Jeremías, perseguido y condenado, al menos por los dirigentes de su pueblo, pero capaz de entregarse hasta el fin, si bien en este caso perdonando a sus verdugos. Hasta ahí ha llegado. Es, pues, la nueva figura a la que se nos invita a mirar y contemplar.

- La liturgia nos invita a mirar (en positivo) a esta nueva figura: si nos impresionan las “confesiones” de Jeremías, por su crudeza y dramatismo, este texto evangélico nos ofrece un cuadro complicado en torno a la persona de Jesús, de reacciones contrarias porque su mensaje, su historia y su persona no “encajan” con lo que “sabían” y esperaban desde siempre.

- Ésta es la actitud que se nos propone también a nosotros: dejarnos “SORPRENDER” por este Jesús, y no encasquillarnos debido a nuestras ideas, prejuicios o actitudes anquilosadas (como les ocurría a sus paisanos y, especialmente, a sus dirigentes). También en esta ocasión, HOY, poderle contemplar, para descubrir toda la frescura de su estilo y de su entrega, de sus actitudes vitales, de su disponibilidad al Padre y a su proyecto en favor de sus hermanos. ¡Ahí es nada!