lunes, 23 de abril de 2012

Pan de vida


MARTES, día 24 abril

Hechos de los Apóstoles 7, 51 – 8, 1a
“... Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: Veo el cielo abierto y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios... Los testigos dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban que repetía esta invocación: Señor Jesús recibe mi espíritu. Luego... no les tengas en cuenta este pecado...”
  
CLAVES para la LECTURA
- Primer cuadro: recoge la parte conclusiva del discurso de Esteban, un discurso durísimo. En él lee la historia de Israel como la historia de un pueblo de dura cerviz, de corazón y de oídos incircuncisos, siempre opuestos al Espíritu Santo. Mientras Pedro intenta excusar de algún modo en sus discursos a sus interlocutores, casi maravillándose del error fatal de la condena a muerte de Jesús, Esteban afirma, en sustancia, que no podían dejar de condenar a Jesús, dado que siempre han perseguido a los profetas enviados por Dios. Se trata de una lectura extremadamente negativa de toda la historia de Israel. Una lectura que no podía dejar de suscitar una reacción violenta.
- Segundo cuadro: el martirio de Esteban. Éste, frente al furor de la asamblea, que está fuera de sí, aparece ahora situado mucho más allá y muy por encima de todo y de todos, en un lugar donde contempla la gloria de Dios y a Jesús, resucitado, de pie a la derecha del Padre. El primer mártir se dirige sereno al encuentro con la muerte, gozando del fruto de la muerte solitaria de Jesús. Éste, ahora Señor glorioso, anima a sus testigos mostrando los cielos abiertos, que se ofrecen como la meta gloriosa, ahora próxima.
- Muere sereno y tranquilo, confiando su espíritu al Señor Jesús, del mismo modo que éste lo había confiado al Padre. La lapidación, que tenía lugar fuera de la ciudad, era la suerte reservada a los blasfemos: Esteban no tiene miedo de proclamar la divinidad de Jesús y, en este clima enardecido, debe morir. Saulo, el que habría de proseguir la obra innovadora de Esteban, extendiéndola a los paganos, resulta que está de acuerdo con este asesinato.
  
CLAVES para la VIDA
- Impresiona la lectura, clara y dura, que Esteban realiza de toda la historia de Israel como pueblo: su actitud de rechazo a los planes de vida que Dios tiene; de ahí que persiga a los enviados de Dios, que han sido los profetas; y, por lo mismo, han rechazado y condenado al mismo Jesús, no reconociendo en Él la presencia definitiva de Dios. La ceguera de Israel es todo un símbolo ante la oferta que en Jesús se sigue dando, también hoy.
- La semejanza entre la muerte del Maestro y del testigo Esteban es grande; las claves son prácticamente idénticas: serenidad y confianza en el Padre; el perdón a sus verdugos en el momento crucial de la muerte; incluso, la acusación de “blasfemo” y la ejecución “fuera de la ciudad”... Está claro que el testigo Esteban se ha forjado en la misma Escuela que Jesús y se produce una fuerte identidad con todo el planteamiento del Maestro.
- Una inmensa invitación para mí, para nosotros, hoy y aquí: participar vivamente de la ESCUELA de Jesús; irme identificando con cuanto él mismo vive y propone; llevarlo a la vida y testimoniarlo con todas las consecuencias... ¡he ahí el CAMINO a seguir! Sólo desde la experiencia PASCUAL será posible.
  
Evangelio: Juan 6, 30-35
“... Jesús les replicó: Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor danos siempre de este pan. Jesús les contestó: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará sed...”
  
CLAVES para la LECTURA
- La muchedumbre, a pesar de las variadas pruebas dadas por Jesús en el fragmento anterior, no se muestra satisfecha aún ni con sus signos ni con sus palabras, y pide más garantías para poder creerle (v. 30). El milagro de los panes no es suficiente; quieren un signo particular y más estrepitoso que todos los que ha hecho ya. La muchedumbre y Jesús tienen una concepción diferente del “signo”. El Maestro exige una fe sin condiciones en su obra; la muchedumbre, en cambio, fundamenta su fe en milagros extraordinarios que ha de ver con sus propios ojos.
- Nos encontramos aquí frente a un texto que manifiesta una viva controversia, surgida en tiempos del evangelista, entre la sinagoga y la Iglesia en torno a la misión de Jesús. Éste no se dejó llevar por sueños humanos ni se hizo fuerte en los milagros, sino que buscó sólo la voluntad del Padre. La muchedumbre quiere el nuevo milagro del maná (Sal 78, 24) para reconocer al verdadero profeta escatológico de los tiempos mesiánicos. Pero Jesús, en realidad, les da el verdadero maná, porque su alimento es muy superior al que comieron los padres en el desierto: él da a todos la vida eterna. Ahora bien, sólo quien tiene fe puede recibirla como don. El verdadero alimento no está en el don de Moisés ni en la Ley, como pensaban los interlocutores de Jesús, sino en el don del Hijo que el Padre regala a los hombres, porque él es el verdadero pan de Dios que viene del cielo (v. 33).
- En un determinado momento, la muchedumbre da la impresión de haber comprendido: Señor, danos siempre de ese pan (v. 34). Pero la verdad es que la gente no comprende el valor de lo que piden y anda lejos de la verdadera fe. Entonces Jesús, excluyendo cualquier equívoco, precisa: Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre (v. 35). Él es el don del amor, hecho por el Padre a cada hombre. Él es la Palabra que debemos creer. Quien se adhiere a él da sentido a su propia vida y alcanza su propia felicidad.

CLAVES para la VIDA
- El carácter mágico vuelve a aparecer en escena; eso es lo que el pueblo quiere de Jesús: que realice un “signo” que lleve, de forma automática, a la aceptación plena del Profeta. En la catequesis, el evangelista presenta a Jesús como aquel que, en continuidad pero superando el signo del maná, ofrece ahora el Pan definitivo, aquel que puede saciar su hambre más vital y profunda. Llegar a ese encuentro en fe, es necesario para superar otras pretensiones cuasi mágicas.
- La insistencia de Jesús es volver a lo original: la voluntad y el querer del Padre. Ahí radica todo el secreto y ahí se encuentra la plenitud. Y Él, Jesús, lo vive de manera única, plena y total; su identidad con ese proyecto del Padre es tal, que hacer su voluntad es verdadero alimento, aquello que le da fuerzas para seguir “haciendo el bien”. Llegar a ese punto y a esa situación es el objetivo de todo proceso de fe, la que conlleva una madurez que supera estadios anteriores.
- También al creyente y al hombre de hoy, Jesús se ofrece como aquel que puede saciar su hambre más profunda y vital; e incluso brinda un camino para poderlo vivir: conocer y experimentar el proyecto del Padre-Dios. En Jesús “toma cuerpo” y se hace visible ese plan de vida. Gustarlo y disfrutarlo, es el objetivo de esta Pascua. ¡Ánimo, hermano/a!

Alimento que perdura


LUNES, día 23 abril

Hechos de los Apóstoles 6, 8-15
“... En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga... se pusieron a discutir con Esteban, pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Indujeron a unos que asegurasen: Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios... Los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel...”
  
CLAVES para la LECTURA
- Entra Esteban en escena. Se le presenta con las mismas características que a los apóstoles: Lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios. Las palabras de Esteban están unidas a la “sabiduría” y al “Espíritu”: Esteban, como los apóstoles, está completamente inmerso en el plan de Dios, lo conoce, recibe la fuerza del Espíritu para atestiguarlo y anunciarlo. Posee una personalidad humana de gran relieve y de espesor “espiritual”.
- Su predicación provoca de inmediato un conflicto y, paradójicamente, con los judíos más abiertos. Lucas alude a la sinagoga llamada “de los libertos”, es decir, los descendientes de aquellos que, llevados a Roma como esclavos por Pompeyo (63 a. C.), habían sido liberados y se habían instalado en un barrio de la ciudad. En torno a ellos se reunían, probablemente, judíos de diferente procedencia. Pues bien, también para ellos era la predicación de Esteban demasiado radical: Esteban ataca al templo y las tradiciones mosaicas. En consecuencia, las acusaciones que se le dirigen no carecen de fundamento por completo.
- Los ojos que se fijan en él con hostilidad están obligados a vislumbrar en ellos, no obstante, un esplendor particular, el de un ángel que expresa la presencia de Dios, algo semejante al rostro de Moisés cuando bajó, resplandeciente, del Sinaí tras haber encontrado a Dios. Lucas presenta otro rasgo de Esteban: es un testigo escogido por Dios para dar a conocer su voluntad.

CLAVES para la VIDA
- El camino de la primera Comunidad Cristiana fue abriéndose a nuevos “frentes” y así surgen, también, nuevas respuestas. El caso del diácono Esteban es un caso típico. También él, dando testimonio, con la misma valentía y lucidez que Pedro y los demás apóstoles, es uno de los protagonistas de esa historia. También él va a ser acusado de atacar los pilares de la fe judía, la Ley y el Templo; también él, anuncia que la salvación sólo descansa en Cristo resucitado.
- Está claro: el anuncio de Jesús a sus discípulos de que serían llevados a los tribunales, de que serían perseguidos, se hace realidad ya, y de forma “pura y dura”. Los discípulos van a continuar el mismo camino que sufrió el Maestro; también ellos son rechazados, especialmente por las autoridades “oficiales” de su pueblo, e incluso por personas del propio grupo y comunidad, los “libertos”.
- En esa historia de la primera comunidad, se nos están ofreciendo modelos a seguir a los creyentes y seguidores de hoy. El testimonio de vida siempre conlleva dificultades, y más, si ese testimonio es del talante del Maestro y del Señor Jesús. La figura de Esteban es un buen “toque” para nosotros, hoy y aquí. Sin dramatismos, pero es necesario preguntarnos: ¿cómo es mi testimonio de vida?

 Evangelio: Juan 6, 22-29
“... Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago... Al encontrarlo en la otra orilla del lago le preguntaron: Maestro ¿cuándo has venido aquí? Jesús les contestó: Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece sino por el alimento que perdura, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre Dios... La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado...”
  
CLAVES para la LECTURA
- Tras la multiplicación de los panes, alude el evangelista a la búsqueda de Jesús por parte de la muchedumbre. Lo encuentran en Cafarnaún y le dirigen al Maestro una pregunta sólo para satisfacer su propia curiosidad: Maestro, ¿cuándo has llegado aquí? (v. 25). Jesús no responde a la pregunta, sino que revela más bien a la muchedumbre las verdaderas intenciones que la han impulsado a buscarlo, y con ello desenmascara la mentalidad demasiado material de las personas (v. 26). En realidad, toda esa gente sigue a Jesús por el pan material, sin comprender el signo realizado por el Profeta. Buscan más las ventajas materiales y pasajeras que las ocasiones de responder y de amar.
- Ante esta ceguera espiritual, Jesús proclama la diferencia entre el pan material y corruptible y el permanente, el que da la vida eterna (v. 27). Jesús invita a la gente a superar el estrecho horizonte en el que vive y a pasar al de la fe y al del Espíritu, al que sólo su persona (la de Jesús) les puede introducir. Él posee el sello de Dios, que es el Espíritu y el dinamismo divino del amor.
- Los interlocutores de Jesús le preguntan ahora: ¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere? (v. 28). Una nueva equivocación. La muchedumbre piensa que Dios exige la observación de nuevos preceptos y de otras obras. Pero lo que Jesús exige de ellos es una sola cosa: la adhesión al plan de Dios, a saber: Que creáis en aquel que él ha enviado (v. 29). Sólo tienen que cumplir una sola cosa: dejarse implicar por Dios y adherirse con la fe a la persona de Jesús. Es la apertura a la fe lo que ofrece un pan inagotable y lo que da la vida para siempre al hombre que acepta ser liberado de las tinieblas.

CLAVES para la VIDA
- Es verdad: a Jesús se le puede buscar con motivaciones pobres, de forma superficial. El pasaje evangélico desenmascara esta situación: es Jesús mismo quien lo denuncia ante aquellas personas que quieren de él algo mágico, una “solución rápida” (eterna tentación del corazón humano). Y con todo, también se destaca la pedagogía y la paciencia de Jesús en ese camino de búsqueda hacia la fe verdadera, hasta que lleguen al encuentro con Él, con su persona y su misión.
- Y es que lo que da identidad a Jesús -a su vida y a su misión-, es realizar el proyecto del Padre (que lo llamará de formas diversas). He ahí el núcleo y lo que da sentido a todos sus actos. Por eso, creer en aquel que él ha enviado (se entiende, Dios, el Padre) es la tarea de sus seguidores, porque así se identificarán también con el proyecto de Dios. Esa búsqueda es la que “sacia” el hambre del corazón humano.
- La propuesta de Jesús va mucho más allá de lo puramente externo; afecta al interior, a lo íntimo. Y para Él lo vital y lo fundamental es conocer y vivir el Proyecto de vida de Dios; ésa es la clave de todo. Y a eso nos invita, también hoy: a pasar de lo superficial a lo nuclear, a lo que realmente merece la pena. Este tiempo pascual es un buen momento para decidirme, decidirnos. ¿De acuerdo, hermano/a?

domingo, 22 de abril de 2012

Paz a vosotros

III DOMINGO de PASCUA, día 22 ABRIL
Hechos de los Apóstoles 3, 13-15. 17-19
“… Pedro dijo a la gente: El Dios de Abrahán, de Jsaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús al que vosotros entregasteis ante Pilato cuando había decidido soltarlo…”
CLAVES para la LECTURA
- Pedro y Juan acaban de curar a un mendigo tullido de nacimiento -y, por eso, excluido del templo- con el poder del «nombre de Jesús»El episodio suscita un gran estupor entre la gente. En esas circunstancias, el primero de los apóstoles toma la palabra y explica con autoridad el significado del acontecimiento.
- En la curación del tullido «el Dios de nuestros antepasados ha manifestado la gloria de su siervo Jesús»El apóstol Pedro, a la luz de las antiguas profecías (v. 18), en particular las del cuarto poema del Siervo de Yahvé (Is 53), ayuda a la muchedumbre a reconocer en Jesús al Mesías no reconocido por su pueblo, rechazado y condenado a una muerte injusta. Cuando se desconoce el designio de Dios, se subvierten también los valores humanos: se indulta a un asesino y se condena a muerte al «Jefe de la vida» (vv. 14-15, al pie de la letra).
- Sin embargo, la muerte no es más fuerte que la vida; no son los hombres quienes conducen la historia, sino Dios, que con su poder ha resucitado de entre los muertos a su Siervo fiel. Los apóstoles -y, en consecuencia, todos los creyentes- son testigos de este hecho y participan de la vida divina que les ha comunicado el Resucitado. Pero nada de esto obedece a un poder que tengan por sí mismos; sólo en nombre de Jesús pueden realizar prodigios y, sobre todo, exhortar con autoridad al arrepentimiento y a la conversión para que sean borrados sus pecados.
CLAVES para la VIDA
- ¡Es curioso lo que ha ocurrido con Pedro, porque ahora resulta que todo lo ve diferente! En este discurso-predicación lo vemos: ahora es capaz de ver toda la historia de la Salvación con una clave acertada; todo culmina en Cristo y en él se constituye la comunidad mesiánica. Ese Cristo a quien Israel ha rechazado (también Pedro y su grupo) y con ello ha asesinado al autor de la vida. Pero ahora Pedro, que ya ha madurado claramente en su fe, ahora sí entiende lo que nunca había entendido: que el Mesías tenía que pasar por la muerte y la cruz; antes no lo había entendido; tampoco Israel. Pero “ahora” ya no es posible escudarse en la “ignorancia”, ya no valen las excusas.
- Ha cambiado totalmente el panorama que nos siguen ofreciendo las primeras comunidades cristianas: desde el acontecimiento de la Resurrección de Jesús, la visión de todo es completamente diferente y es que Cristo Jesús se ha convertido en el Salvador de todos y, por lo tanto, es necesario convertirnos a él, acogerle y aceptarle como el que ilumina nuestra vida.
- También hoy, para ti, para mí, la oferta es la misma: en Cristo Resucitado alcanzamos la plenitud. Hacer de este acontecimiento el núcleo y la razón de ser de nuestra vida, es el objetivo de la Pascua. Mensaje reiterativo, testimonios directos de quienes así lo han experimentado es lo que se nos sigue ofreciendo como invitación sugerente. ¿Nos animaremos, tú y yo, hermano/a?
1 Juan 2, 1-5
“… Os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo el Justo. Él es víctima de propiciación… por los pecados del mundo entero…”

CLAVES para la LECTURA
- Tras haber expresado, con el simbolismo de la luz y de las tinieblas, el contraste entre la justicia de Dios y de Cristo (1, 5. 9; 2, 1), por una parte, y el pecado del hombre, por otra, Juan invita a los creyentes a considerar con detenimiento, la orientación que deben dar a su propia vida. El apóstol, que ha visto con sus ojos y tocado con sus manos al Verbo de la vida, nos escribe a nosotros (2, 1) con autoridad. Sus palabras son una exhortación a evitar el pecado y a reconocer la justicia divina, que es, ante todo, amor y misericordia.
- Si es verdad, en efecto, que no hay nadie que no tenga culpa -verdad enunciada ya en el Antiguo Testamento (Prov 20, 9; 28, 13; Eclo 7, 20)-, también lo es -y en esto consiste la Buena Noticia del Nuevo Testamento- que Dios, fiel y justo, nos ofrece el perdón y la purificación por medio de la sangre de su Hijo (1, 7. 3).
- El hombre, herido por el pecado, es «justificado» por medio del sacrificio de Jesucristo, el cual permanece para siempre como nuestro intercesor junto al Padre. En él se ha abierto de nuevo el camino del retorno a Dios y de la plena comunión con él. Ahora bien, no podemos hacernos la ilusión de amar a Dios -conocer en el lenguaje bíblico equivale precisamente a amar- si no guardamos sus mandamientos y no cumplimos su voluntad en las situaciones concretas de la vida. Humildad y obediencia son, por consiguiente, dos rasgos que deben caracterizar al cristiano. Ambas le hacen capaz de dar acogida al «amor perfecto» -o sea, al mismo Espíritu Santo-, que lo configura con Cristo, en total oblación y gratuidad (vv. 3-5).
CLAVES para la VIDA
- El apóstol sigue ofreciendo su síntesis, aquello que ha descubierto y experimentado: quien se ha unido a Cristo por el bautismo, lógicamente no puede/debe pecar, sino que debe vivir una nueva vida. Con todo, no detalla los pecados, porque para el autor no es lo más importante, ni la última palabra; la última palabra es el perdón que nos trae Jesús. Aceptar o rechazar a ese Jesús es la clave de la vida.
- Por eso, los “mandamientos de Dios” no son una especie de capricho divino, sino aquello que nos ayuda a vivir en la verdad, a ser lo que somos: personas e hijos de Dios. De ahí que “cumplir los mandatos” es tener un estilo de vida basado en la verdad de lo que somos, siguiendo el estilo de ser y de vivir del mismo Señor Jesús, en quien todo se hace nuevo para sus seguidores. En esto conocemos que estamos con él (v. 5a): así alcanza su seguidor la plenitud del ser.
- Como tantas veces, el apóstol sigue invitándonos a todos los seguidores a hacer de Jesús y de su estilo de ser y de vivir la clave de la vida y del comportamiento. Y esto, dentro del clima pascual, es de una fuerza enorme, porque es en la entrega total y en el servicio más humilde donde Él realiza y vive en plenitud su condición de Hijo, abierto y disponible a los proyectos del Padre, a los proyectos de salvación. Es ahí donde se autentifica también el seguidor del Maestro. ¿Dónde te encuentras tú, hermano/a? ¿Vamos haciendo nuestros SU estilo y SUS planteamientos? ¡Ojala sea así!
Evangelio: Lucas 24, 35-48
“... Contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino... Se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: Paz a vosotros. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver a un fantasma. Él les dijo: ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona... ¿Tenéis ahí algo que comer? Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos...”
CLAVES para la LECTURA
- El tema del fragmento evangélico, que completa el relato de la aparición a los dos discípulos de Emaús, subraya las pruebas sobre la realidad de la resurrección de Jesús. También la primera comunidad cristiana pasó por dificultades para penetrar en el misterio del Señor resucitado, y las superó empleando una doble prueba. La prueba real y material del contacto físico de los discípulos con Jesús, poniendo de relieve la corporalidad del Cristo pascual: Ved mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tocadme y convenceos (v. 39), así como la iniciativa del Señor de comer algo ante los suyos: ¿Tenéis algo de comer? (v. 41). La otra prueba es la espiritual, basada en la comprensión de la Palabra en las Escrituras: Estaba escrito (vv. 46s).
- Lucas precisa que la historia de Israel adquiere su sentido y se comprende sólo si culmina en el acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret muerto y resucitado. Y, por otra parte, nos enseña que sólo cuando los hombres se abren a la conversión y experimentan el perdón de Dios pueden comprender del todo el triunfo de la pascua del Señor.
- La salvación está abierta a todos, y la Iglesia tiene la tarea de anunciar la realidad física de la pascua del Señor y su valor como nuevo inicio de la historia humana, a través de la acogida del perdón de Dios. La resurrección de Jesús es el dato cierto sobre el que se asienta la fe de los creyentes y la historia de los hombres.
CLAVES para la VIDA
- Los discípulos de Emaús van contando su experiencia de encuentro con el Resucitado y cómo le habían reconocido al partir el pan; lo están narrando al resto del grupo, de la comunidad, y en ese mismo momento se aparece de nuevo Jesús, saludándoles y ofreciéndoles la PAZ. Las dudas y los miedos de antes desaparecen, y Él les abrió el entendimiento (v. 45) y empiezan a entender las Escrituras y cuanto en ellas afirmaban acerca de Él. Y así, poco a poco, el Espíritu de Jesús Resucitado va iluminando las mentes y los corazones de sus amigos y convirtiéndolos -como a Pedro- en testigos audaces de la Buena Nueva.
- Y es que en Jesús la historia adquiere toda su plenitud, queda iluminada; se da un nuevo inicio de la historia humana; la misma muerte queda rota y superada. Éste es el mensaje, repetido incansablemente por los testigos. Testigos que son portadores de la misma PAZ que el Resucitado -como regalo y don suyo- les ofrece, y así, ahora, viven con las mismas claves que ha vivido el Maestro y Señor.
- Hoy, nosotros, estamos llamados a esta misma experiencia. Las Escrituras, la Eucaristía, los hermanos reunidos, la Comunidad, son los medios para ayudarnos en esa tarea. Y todo con el objetivo de abrirnos el entendimiento que nos posibilita un encuentro personal y que transforma. Sólo desde ahí podremos sentirnos ENVIADOS. ¡Buen ánimo!

lunes, 16 de abril de 2012



PASCUA – 2ª semana
15 – 21 de Abril de 2012

 

II DOMINGO de PASCUA, día 15

Hechos de los Apóstoles 4, 32-35
“... En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio, nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor...”

CLAVES para la LECTURA
- Éste es el segundo «compendio», o cuadro recopilador, donde Lucas presenta el nuevo estilo de vida de la Iglesia, fruto del Espíritu. Se subraya aquí la comunión de bienes, descrita de un modo más bien detallado.
- Aparecen dos prácticas de comunión: la primera consiste en poner en común los propios bienes o comunión de uso. Cada uno es propietario de sus bienes, pero se considera sólo administrador de los mismos, poniendo el fruto de los mismos a disposición de todos. La segunda práctica consiste en la venta de los bienes, seguida de la distribución de lo recaudado. Esta distribución la hacen los apóstoles después de que se deposita a sus pies el importe de la venta. Estas dos prácticas de comunión no son las únicas: los Hechos de los Apóstoles presentan otras. Pablo habla del trabajo de sus propias manos para proveer a las necesidades de los suyos y de «los débiles» (20, 34s).
- Lo que le importa a Lucas, sobre todo, es mostrar que las distintas prácticas de comunión de bienes están arraigadas en una profunda comunión de espíritus y de corazones. Del conjunto se desprende que estamos en presencia de la comunidad mesiánica, heredera de las promesas hechas a los padres: «No habrá ningún pobre entre los tuyos, porque Yahvé te bendecirá abundantemente en la tierra que Yahvé tu Dios te da en herencia para que la poseas, pero sólo si escuchas de verdad la voz de Yahvé tu Dios» (Dt 15, 4s).

CLAVES para la VIDA
- ¡Está claro que la acción que el Espíritu está llevando a cabo en aquella primera Comunidad es fulminante y transformante! De hecho, aquellas personas quedan renovadas desde dentro y lo expresan en la vida de una manera espectacular: su comunión de espíritus y de corazones, tiene clara manifestación en las diversas formas de comunión de bienes. Así se realizan los “sueños” de la comunidad mesiánica, la definitiva.
- La imagen de Comunidad y de Iglesia que aquí se nos propone es, posiblemente, la ideal, porque está “apuntándonos hacia algo...”, y que tantas veces anhelamos. Iglesia-comunidad que es fruto del mismo Espíritu de Jesús, y que, en más de una ocasión, quedará “atada” por otras acciones diferentes a las del Espíritu. ¡Lo vemos en su historia y lo sufrimos también hoy en día!
- Esto mismo se nos propone también a los seguidores de Jesús, reunidos en torno a Él, para ser y constituir su Comunidad; y el “ideal” sigue siendo el mismo. ¡Cuántas veces nuestras obras, nuestros estilos de vida, están traicionando ese ideal. ¿Será suficiente escuchar “con nostalgia” estos relatos bíblicos y quedarnos como antes...? Tú, ¿qué dices, hermano/a?

1 Juan 5, 1-6
“… Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Aquel que da el ser, ama también al que ha nacido de Él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos… Pues en esto consiste el amor a Dios; en que guardemos sus mandamientos…”


CLAVES para la LECTURA
- Fe y caridad, amor a Dios y al prójimo son los elementos esenciales que caracterizan la vida del cristiano (3, 23; 4, 11-20). Juan no se cansa de repetir esta sencilla verdad, ahondando en ella de un modo siempre nuevo. En la conclusión de su primera carta recuerda el renacimiento bautismal y sus implicaciones (v. 1): «Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios».
- La misma fe que nos hace hijos de Dios nos hace también hermanos entre nosotros: todos somos hijos del mismo Padre, y estamos unidos por el vínculo del amor. No se trata de «sentimiento», sino de adhesión a su voluntad, de cumplir sus mandamientos, que no son pesados, porque son «peso» de amor, sugerido por los delicados matices de la caridad hacia los hermanos (vv. 2s). La vida filial-bautismal «vence al mundo» -en 2, 13s había dicho Juan: «Habéis vencido al maligno»- cuando es vivida de manera consciente día tras día, puesto que participa de la victoria única y definitiva llevada a cabo por Cristo con su muerte y resurrección, a la que nos unimos en la fe (vv. 4s).
- En efecto, Jesús no vino sólo con el agua del bautismo que lo manifestó a Israel en el Jordán, sino también con la sangre de la cruz, por medio de la cual atestiguó de modo cabal su amor al Padre y a la humanidad, llevando a cabo nuestra redención (v. 6). Y no ha dejado a su Iglesia sólo el agua bautismal, sino también el sacramento de su cuerpo inmolado y de su sangre derramada, para que, acercándonos a la gracia del bautismo y de la eucaristía, podamos crecer en la comunión con Dios y con los hermanos, mediante el don del Espíritu, que, tras descender sobre los apóstoles, guía a la Iglesia hacia la verdad completa (Jn 16, 13-15), dando testimonio de las inconmensurables dimensiones de la salvación.

CLAVES para la VIDA
- El “discípulo amado” es claro y reiterativo en su mensaje, como presintiendo que no iba resultar fácil el asumirlo y vivirlo: el que se ha encontrado con Jesús, ha nacido nuevamente y es necesario que viva un nuevo estilo de vida, siguiendo los pasos del mismo Maestro y Señor. Y desde esa nueva situación, es necesario sacar las conclusiones adecuadas: “nacer de Dios” es la inmensa novedad que se sella en la participación de la vida del Resucitado.
- Pero la segunda conclusión de este acontecimiento es inmediata: el ser hijos de Dios nos convierte en hermanos entre nosotros y estamos unidos por el vínculo del amor. Aquí los espiritualismos vacíos no tienen cabida alguna si no se quiere tergiversar su contenido; el peligro parece que existió en aquel tiempo (así, los gnósticos), como a lo largo de la historia, y también en nuestros días: “vaciar de contenido” el amor a Dios no es nada complicado; lo podemos hacer siempre que rechazamos su conexión con el amor a los hermanos. Ahí está la prueba, la auténtica.
- Y no podemos olvidar algo que resulta obvio al apóstol: el amor a Dios es posible porque el origen lo tiene en el mismo Dios, Él nos ha amado primero y, desde ahí, puedo vivir una espiritualidad filial y fraternal. Es absolutamente gratuito. Desde este punto de partida, todo espíritu farisaico está fuera de lugar. Sólo desde la gratuidad y el amor es posible una respuesta adecuada. Es pues, un nuevo estilo de ser y de vivir. ¿De acuerdo, hermano/a?


Evangelio: Juan 20, 19-31
“... Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros... Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo... Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos... Luego dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo... Dichosos los que crean sin haber visto...”

CLAVES para la LECTURA
- Estos dos episodios, próximos y relacionados con un mismo tema -el de la fe- son, el eco fiel de cuanto ha sucedido en los corazones de los apóstoles tras la muerte de Jesús.
- En el primero de ellos (vv. 19-22), el Resucitado se aparece a los once, que, a pesar del anuncio de María Magdalena (v. 18), están encerrados todavía en el cenáculo por miedo a los judíos. Jesús supera las barreras que se le interponen: pasa a través de las puertas, manifestando que su condición es completamente nueva, aunque no ha desaparecido nada de los sufrimientos que padeció en la carne. La insistente referencia al costado traspasado de Jesús es propia de Juan, que, de este modo, quiere indicar el cumplimiento de las profecías en Jesús (Ez 47, 1; Zac 12, 10. 14). El tradicional saludo de paz asume también en sus labios un sentido nuevo: de augurio -«la paz esté con vosotros»- se convierte en presencia -«la paz está con vosotros». La paz, don mesiánico por excelencia, que incluye todo bien, es, por tanto, una persona: es el Señor crucificado y resucitado en medio de los suyos («se presentó»: vv. 19b. 26b y, antes, v. 14). Al verlo, los discípulos quedan colmados de alegría y confirmados en la fe. El Espíritu que Jesús sopla sobre ellos, principio de una creación nueva (Gn 2, 7), confiere a los apóstoles una misión que prolonga la suya en el tiempo y en el espacio y les concede el poder divino de liberar del pecado.
- El segundo cuadro (vv. 24-29) personaliza en Tomás las dudas y el escepticismo que atribuyen los sinópticos, de manera genérica, a «algunos» de los Doce, y que pueden surgir en cualquiera. Tomás ha visto la agonía de su Maestro y se niega a creer ahora en una realidad que no sea concreta, tangible, en cuanto al sufrimiento del que ha sido testigo (v. 25). Jesús condesciende a la obstinada pretensión del discípulo (v. 27), pues es necesario que el grupo de los apóstoles se muestre firme y fuerte en la fe para poder anunciar la resurrección al mundo. Precisamente a Tomás se le atribuye la confesión de fe más elevada y completa: «¡Señor mío y Dios mío!» (v. 28). Aplica al Resucitado los nombres bíblicos de Dios, Yahvé y Elohím, y el posesivo «mío» indica su plena adhesión de amor, más que de fe, a Jesús. La visión conduce a Tomás a la fe, pero el Señor declara, de manera abierta, para todos los tiempos: bienaventurados aquellos que crean por la palabra de los testigos, sin pretender ver. Éstos experimentarán la gracia de una fe pura y desnuda que, sin embargo, es confirmada por el corazón y lo hace exultar con una alegría inefable y radiante (1 Pe 1, 8).
- Los vv. 30s constituyen la primera conclusión del evangelio de Juan: se trata de un testimonio escrito que no pretende ser exhaustivo, sino sólo suscitar y corroborar la fe en que «Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios» (Mc 1, 1).

CLAVES para la VIDA
- El proceso de fe de los primeros seguidores de Jesús tampoco fue nada fácil; todas las evidencias hablaban de “otra cosa”. De ahí que ese estar en una casa con las puertas bien cerradas (v. 19) es toda una muestra de cuanto estaban viviendo y experimentando en su interior. Sólo la NUEVA presencia del Resucitado y el don de la PAZ es capaz de iluminar y transformar aquella situación confusa, hasta el punto de llenarse de alegría por el encuentro, nuevo y diferente, con el Señor resucitado. Sólo así es posible el cambio, la nueva visión.
- Ahí tendrá que llegar, en su proceso de búsqueda, Tomás y cuantos en él se encuentren simbolizados. El sufrimiento vivido por los amigos de Jesús, les ha embotado los ojos y el corazón, y son incapaces de descubrir la NOVEDAD que tienen delante. Sólo el don mesiánico de la paz es capaz de recrear el corazón de aquel grupo, hasta el punto de convertirlos en testigos del mismo Señor, prolongando su misma misión de liberar a los hombres de todo tipo de esclavitud y de pecado, causa de todos los males. Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros (v. 21): ésa es la TAREA y la MISIÓN.
- Se me invita a vivir el proceso de búsqueda y de encuentro con el Resucitado, y de ese modo recibir el encargo-misión que Él ha iniciado y que desea compartir con todos sus seguidores. El encuentro y la fe lleva al compromiso compartido; no es suficiente quedarse en el “tocar” sus heridas y señales. El Señor mío y Dios mío es la transformación más radical de todas las raíces de la vida de una persona. Asumir, pues, esta misión y compartirla con el mismo Señor resucitado es la consecuencia de la Pascua. ¡Estamos EN CAMINO, hermano/a! ¡Ojalá lo deseemos, lo obtengamos y nos sintamos transformados!


LUNES, día 16


Hechos de los Apóstoles 4, 23-31
“... Puestos en libertad, Pedro y Juan volvieron al grupo de los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los senadores. Al oírlo, todos juntos invocaron a Dios en voz alta: Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen... Ahora, Señor, mira cómo nos amenazan y da a tus siervos valentía para anunciar tu Palabra... Al terminar la oración tembló el lugar donde estaban reunidos, los llenó a todos el Espíritu Santo, y anunciaban con valentía la Palabra de Dios...”

CLAVES para la LECTURA
- La pequeña comunidad donde se refugiaron Pedro y Juan no reaccionó a la primera persecución de la que fue objeto preparando estrategias humanas, sino con la oración. Esa oración -la más detallada del Nuevo Testamento- tiene una clara impronta veterotestamentaria. Como en muchas oraciones de los profetas, aparece, primero, la invocación a Dios creador; a continuación, el recuerdo de las maravillas y de los beneficios, y por último, la petición.
- Interesa señalar, en primer lugar, que lo que se pide es poder anunciar la Palabra con toda libertad, es decir, sin estar condicionados por las amenazas. No es que les falte valor -no tienen miedo a la persecución-; lo que piden es poder difundir la Palabra sin impedimentos. Hemos de señalar también, en segundo lugar, que la oración gira en torno al Sal 2, donde se habla de la conspiración de los poderosos de la tierra -paganos, como es natural- contra el rey ungido. Una persecución que tuvo lugar, en principio, contra Cristo, el Mesías; Dios se ríe de estas persecuciones con su trepidante victoria en la resurrección. Los perseguidores son los poderosos, y entre ellos hay “gente de Israel” que se ha vuelto aliada de los paganos.
- La oración agrada a Dios, que la acoge con un signo visible, con un envío renovado del Espíritu y con la audacia del anuncio.

CLAVES para la VIDA
- ¡Es realmente hermoso descubrir cómo reacciona aquella primera y pequeña comunidad ante las situaciones complicadas! No les coge el miedo, no; al contrario, se abren plenamente al Dios de la vida y desean y quieren tener la “libertad para anunciar la Palabra, la que han descubierto que es portadora de vida desde que han acogido a Jesús. Una vez más, es necesario que constatemos que “algo” impresionante ha ocurrido en aquellos primeros tiempos de la comunidad cristiana que los ha transformado y... ¡cómo!
- Seguir profundizando, descubriendo “lo que ocurrió”: debe ser una tarea para cada Comunidad cristiana de todos los tiempos, porque está claro que ahí está el secreto de algo que realmente merece la pena. Sólo desde esa misma experiencia, será posible seguir anunciando la Buena Noticia del Evangelio, aquella que nos aporta Cristo Jesús, el “Ungido”. Y que, hoy, sigue siendo el quehacer de su Iglesia.
- Para mí, para nosotros, ésa misma es la propuesta que se nos hace en la Pascua: desear vivir y poner de nuestra parte para que el ENCUENTRO con el Señor Resucitado sea posible; es algo NECESARIO; es VITAL. Desde ahí, seré invadido del gozo, a pesar de las “persecuciones”, de las dificultades. Sólo así podré ser el Evangelizador que nuestro mundo, nuestra cultura necesita; acaso hoy más que nunca. Y... ¡es urgente!

Evangelio: Juan 3, 1-8
“... Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios. Nicodemo le pregunta: ¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo?... Jesús le contestó: Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios...”

CLAVES para la LECTURA
- El encuentro de Jesús con Nicodemo contiene el primer discurso del ministerio público de Jesús y tiene una gran importancia en Juan. El tema fundamental es el camino de la fe. El evangelista lo presenta a través de un personaje, representante del judaísmo, que, en realidad, por ser un verdadero israelita, cree sólo en los signos-milagros y, en virtud de esta débil fe, le resulta difícil elevarse para acoger la revelación del amor que propone Jesús (v. 11). Estamos frente a la doctrina de Jesús sobre el misterio del nuevo nacimiento, sobre la fe en el Hijo unigénito de Dios y sobre la salvación o la condena del hombre que recibe o rechaza la Palabra de Jesús.
- La composición del fragmento se fija primero en la ambientación del coloquio (vv. 1s) y, a continuación, presenta el diálogo sobre el misterio de nuevo nacimiento (vv 3-8). El itinerario de fe de Nicodemo empieza en su disponibilidad, que llega incluso a captar algunas consecuencias a partir de los signos realizados por Jesús. Con todo, anda todavía muy lejos de captar su significado interior y el misterio de la persona de Cristo.
- Jesús, con una primera y una segunda revelación, desbarata la lógica humana del fariseo y lo introduce en el misterio del Reino de Dios, que está presente y obra en su persona: El que no nazca de lo alto... si no nace del agua y del Espíritu...” (vv. 3. 5). Se trata de un nacimiento del Espíritu que sólo Dios puede poner en marcha en el corazón del hombre con la fe en la persona de Jesús (Jn 1, 12; Ez 36, 25-27; Is 32, 15; Jl 3, 1s). Para entrar en el Reino hacen falta dos cosas: el agua, esto es, el bautismo, y el Espíritu que permite hacer brotar la fe en el creyente. Nicodemo, para pasar de la fe endeble a la fe adulta, debe aprender antes a ser humilde ante el misterio, a hacerse pequeño ante el único Maestro, que es Jesús.

CLAVES para la VIDA
- Nos encontramos ante una hermosa catequesis que el “discípulo amado” realiza partiendo de un hecho ocurrido. Y a partir del malentendido de Nicodemo del nacer de nuevo, el evangelista nos ofrece toda la reflexión posterior. Nos encontramos, pues, con que un doctor de la ley, que sabe del tema, es invitado a vivir un proceso de fe; ya no es cuestión de ser un versado en leyes, sino en la fe que pasa por aceptar la persona de Jesús. Ni siquiera basta con “admirar” sus signos milagrosos, es necesario llegar a la PERSONA en todo lo que nos ofrece y nos sugiere. ¡Todo un desafío para un judío de bien, anclado en su fe en otros fundamentos!...
- Nacer de nuevo es recibir la vida de Dios; no es, pues, un cambiar de vestido o lavarse la cara. Afecta a todo el ser, con su forma de ver y mirar, entender y orientar la vida entera. Nicodemo (y, en él, todos nosotros) es invitado a fundamentar su vida y su fe, no en el Dios de la ley y del Sinaí; ahora es necesario fundamentar toda la existencia en Jesús de Nazaret, en su planteamiento, en su estilo. Por eso, es tarea del mismo Espíritu de Jesús.
- Aquí nos encontramos, hoy, nosotros. Hemos renovado nuestro Bautismo en la noche de Pascua; esto es, hemos vuelto a OPTAR por la vida de Dios en nosotros, que se nos da “por Jesús”. ¿Estoy intentando que esa vida se fortalezca y tome fuerza en mí? ¿Estoy abriéndome para que el Espíritu de Jesús me pueda seguir trabajando hasta llevar a plenitud su obra?


MARTES, día 17


Hechos de los Apóstoles 4, 32-37
“... En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio, nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor...”

CLAVES para la LECTURA
- Éste es el segundo «compendio», o cuadro recopilador, donde Lucas presenta el nuevo estilo de vida de la Iglesia, fruto del Espíritu. Se subraya aquí la comunión de bienes, descrita de un modo más bien detallado.
- Aparecen dos prácticas de comunión: la primera consiste en poner en común los propios bienes o comunión de uso. Cada uno es propietario de sus bienes, pero se considera sólo administrador de los mismos, poniendo el fruto de los mismos a disposición de todos. La segunda práctica consiste en la venta de los bienes, seguida de la distribución de lo recaudado. Esta distribución la hacen los apóstoles después de que se deposita a sus pies el importe de la venta. Estas dos prácticas de comunión no son las únicas: los Hechos de los Apóstoles presentan otras. Pablo habla del trabajo de sus propias manos para proveer a las necesidades de los suyos y de «los débiles» (20, 34s).
- Lo que le importa a Lucas, sobre todo, es mostrar que las distintas prácticas de comunión de bienes están arraigadas en una profunda comunión de espíritus y de corazones. Del conjunto se desprende que estamos en presencia de la comunidad mesiánica, heredera de las promesas hechas a los padres: «No habrá ningún pobre entre los tuyos, porque Yahvé te bendecirá abundantemente en la tierra que Yahvé tu Dios te da en herencia para que la poseas, pero sólo si escuchas de verdad la voz de Yahvé tu Dios» (Dt 15, 4s).

CLAVES para la VIDA
- ¡Está claro que la acción que el Espíritu está llevando a cabo en aquella primera Comunidad es fulminante y transformante! De hecho, aquellas personas quedan renovadas desde dentro y lo expresan en la vida de una manera espectacular: su comunión de espíritus y de corazones, tiene clara manifestación en las diversas formas de comunión de bienes. Así se realizan los “sueños” de la comunidad mesiánica, la definitiva.
- La imagen de Comunidad y de Iglesia que aquí se nos propone es, posiblemente, la ideal, porque está “apuntándonos hacia algo...”, y que tantas veces anhelamos. Iglesia-comunidad que es fruto del mismo Espíritu de Jesús, y que, en más de una ocasión, quedará “atada” por otras acciones diferentes a las del Espíritu. ¡Lo vemos en su historia y lo sufrimos también hoy en día!
- Esto mismo se nos propone también a los seguidores de Jesús, reunidos en torno a Él, para ser y constituir su Comunidad; y el “ideal” sigue siendo el mismo. ¡Cuántas veces nuestras obras, nuestros estilos de vida están traicionando ese ideal. ¿Será suficiente escuchar “con nostalgia” estos relatos bíblicos y quedarnos como antes...? Tú, ¿qué dices, hermano/a?

Evangelio: Juan 3, 5a. 7b-15
“... Dijo Jesús a Nicodemo: Te lo aseguro, tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu. Nicodemo le preguntó: ¿Cómo puede suceder eso? Le contestó Jesús: Y tú, el maestro de Israel ¿no lo entiendes?...”

CLAVES para la LECTURA
- El diálogo de Jesús con Nicodemo se transforma aquí en un monólogo ininterrumpido que el evangelista pone en los labios de Jesús. Nos encontramos frente a palabras auténticas de Jesús y a testimonios pospascuales fundidos por el autor en un solo discurso. Se trata de una profesión de fe usada en el interior de la vida litúrgica de la Iglesia joanea. En ella se contiene, en síntesis, la historia de la salvación.
- El tema desarrolla lo que vimos en el fragmento de ayer, centrado en el testimonio de Cristo, Hijo del hombre bajado del cielo, el único que está en condiciones de revelar el amor de Dios por los hombres a través de su propia muerte y resurrección (vv. 11-15). El evange-lista insiste ahora en la importancia de la fe. Si ésta no crece con la revelación hecha por Jesús sobre su destino, ¿cómo podrá ser acogida la gran revelación relacionada con su éxodo pascual? Los hombres deben dar crédito a Cristo, aunque ninguno de ellos haya subido al cielo para captar los misterios celestiales, ya que sólo él, que ha bajado del cielo (v. 13), está en condiciones de anunciar la realidad del Espíritu, y es el verdadero puente entre el hombre y Dios. Sólo Jesús es el lugar ideal de la presencia de Dios. Y esta revelación tendrá su cumplimiento en la cruz, cuando Jesús sea ensalzado a la gloria, para que «todo el que crea en él tenga la vida eterna» (v. 15).
- La humanidad podrá comprender el escandaloso y desconcertante acontecimiento de la salvación por medio de la cruz y curar de su mal, como los judíos curaron en el desierto de las picaduras de las serpientes mirando la serpiente de bronce (Nm 21, 4-9). El simbolismo de la serpiente de Moisés afirma la verdad de que la salvación consiste en someternos a Dios y dirigir nuestra mirada al Crucificado, verdadero acto de fe que comunica la vida eterna (Jn 19, 37).

CLAVES para la VIDA
- Aquel que ha entendido de manera tan singular el meollo del mensaje de Jesús, el “discípulo amado”, sigue ofreciéndonos diversos matices de ese “nacer de nuevo”, de esa vida de Dios que desde sus mismas raíces, cambia todo en nosotros, y fundamenta la vida y la fe de cada uno de nosotros en la persona de Jesús; ni en la Ley, ni en el Sinaí. Es la nueva clave de interpretación.
- Por eso, el “maestro de Israel” no le entiende, porque su clave de lectura y de vida es diferente: está todavía anclado en la Ley y en el Sinaí. Nicodemo tendrá que descubrir en la Cruz de Jesús el nuevo estandarte de la salvación. Ahí nacerá la nueva fe y la vida eterna, la que ofrece el que es “elevado”, y el que, desde ahí, “atrae”. ¡Algo totalmente nuevo y, por eso mismo, desconcertante para el maestro de Israel!
- Sin duda, la figura de Nicodemo es todo un símbolo, también para mí, para nosotros. Abrirme a esta nueva realidad que es Jesús y su oferta; dejarme transformar por su luz y por su fuerza; vivir desde la VIDA que Él me ofrece... ¡una inmensa e ininterrumpida tarea para todo seguidor y creyente! En este tiempo pascual... ¡una constante invitación!




MIÉRCOLES, día 18


Hechos de los Apóstoles 5, 17-26
      “... El sumo sacerdote y los de su partido -la secta de los saduceos- llenos de coraje, mandaron prender a los apóstoles y meterlos en la cárcel común. Pero por la noche el ángel del Señor les abrió las puertas y los sacó fuera, diciéndoles: Id al templo y explicadle allí al pueblo este modo de vida...”

CLAVES para la LECTURA
- La Palabra de Dios no puede estar aprisionada (2 Tim 2, 9): este episodio constituye una demostración de la verdad de esta afirmación. La casta sacerdotal anda preocupada: no sólo está el furor teológico que produce a los saduceos ver anunciada la resurrección, en la que no creen, sino que a esto se añade también la envidia que sienten, es decir, el temor a perder la influencia sobre el pueblo.
- Los apóstoles, encarcelados, experimentan que el ángel del Señor acampa en torno a los que le temen y los salva (Sal 34, 8). Los salva para que puedan ir al templo y ponerse a predicar todo lo referente a este estilo de vida”.
- Dios protege a los anunciadores del Evangelio. Cuando Dios quiere una cosa, toda oposición humana resulta inútil y ridícula. En efecto, el resto del relato está repleto de humor. Dios se ríe de sus adversarios, según el Sal 2, citado en la plegaria comunitaria de los creyentes. El gran despliegue de autoridad, dado que el Sanedrín está presente esta vez al completo, sólo sirve para verificar la mofa divina: los apóstoles no están en la cárcel, aunque en la cárcel todo se encuentra en orden. Sin embargo, llega alguien a decir que están de nuevo enseñando al pueblo. La mofa es completa, y el engorro crece de manera desmesu-rada. En efecto, ¿quién puede resistir a Dios?

CLAVES para la VIDA
- Está claro que la obra de Dios sigue adelante y, en ocasiones, se sirve de medios extraordinarios para ello. Esto es lo que refleja el relato de hoy acerca de la primera Comunidad cristiana y su andadura. Y lo que llevan adelante no es algo propio suyo, sino “ese modo de vida” (como le llama el ángel); esto es, es la causa de Dios que se ha hecho realidad en Jesús de Nazaret. Ellos dan testimonio con su palabra y su vida, y están poseídos de tal fuerza, que obran auténticas maravillas.
- Merece la pena detenernos, en nuestra reflexión, en esa expresión: “todo lo referente a ese estilo de vida”, porque aquí hay alguna CLAVE que a primera vista se puede escapar, pero que puede ser el secreto de todo. Está claro que no se trata de un “conocimiento” sobre algo externo, aunque sea grande y espectacular. Más bien, es algo vital, un “estilo de vida” que se diferencia de otros planteamientos y otros estilos. Siento que es el ENCUENTRO con el Resucitado lo que hace que todo sea diferente y ahí “nace” ese “estilo de vida”.
- Siento que a aquella comunidad le resultó difícil decir con palabras lo que le había ocurrido, pero es su forma de ser y de vivir, su estilo, lo que mejor refleja y lo que “apunta” hacia dónde es necesario mirar para ver. Encontrarse personalmente con el Señor es la condición indispensable; sin eso, no hay nada que hacer. Los testimonios de los demás y sus experiencias pueden ayudar, pero es cada uno el que necesita ENCONTRARSE. ¡Ya...!

Evangelio: Juan 3, 16-21
“... Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna... La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas... En cambio, el que realiza la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios...”

CLAVES para la LECTURA
- La revelación puesta en marcha antes continúa subiendo en este fragmento y llega hasta la fuente de la vida: es el amor del Padre el que entrega al Hijo para destruir el pecado y la muerte. Entrevemos aquí concadenadas dos categorías joáneas clásicas: el amor y el juicio. Los vv. 16s expresan una idea muy entrañable para Juan: el carácter universal de la obra salvífica de Cristo, que tiene su origen en la iniciativa misteriosa del amor de Dios por los hombres. El envío y la misión del Hijo, fruto del amor del Padre por el mundo, son la manifestación más elevada de un Dios que “es amor” (1 Jn 4, 8-10). Ésta es la elección fundamental del hombre: aceptar o rechazar el amor de un Padre que se ha revelado en Cristo. Sin embargo, este amor no juzga al mundo; es más, lo ilumina (v. 17).
- Con todo, el amor que se revela entre los hombres, los juzga. Los hombres, situados frente a la propuesta de salvación, deben tomar posición manifestando sus libres opciones. Quien cree en la persona de Jesús no es condenado, pero quien lo rechaza y no cree en el nombre del Hijo de Dios hecho hombre ya está condenado (v. 18). Y la causa de la condena es una sola, a saber: la incredulidad, mantener el corazón cerrado y sordo a la Palabra de Jesús.
- Al final de esta revelación, a la que Jesús ha llevado a Nicodemo -y, con él, a todos los hombres-, al discípulo no le queda otra cosa que hacer suya la invitación a la conversión y al cambio radical de vida. La luz de Jesús es tan penetrante que derriba toda seguridad humana y todo orgullo, hasta el más escondido. Quien acepta a la persona de Jesús y deja sitio a un amor que lo trasciende, encuentra lo que nadie puede conseguir por sí mismo: poseer la verdadera vida.

CLAVES para la VIDA
- Con esta reflexión del evangelista, llegamos al núcleo de la fe cristiana y de la revelación: la iniciativa es de Dios mismo y es una acción de salvación. Dios, pues, según el “discípulo amado” siempre actúa para bien, y nunca para condenar. Y, de hecho, la gran novedad de Jesús es ésta: realizar las obras que son portadoras de vida para así llevar a cabo el proyecto de Dios: Jesús cuando acoge, perdona, busca,... Dios mismo está actuando en Él. ¡Hermoso, muy hermoso el mensaje que se nos ofrece!
- Pero este proyecto de Dios, puede ser aceptado o puede ser rechazado: he aquí el dilema donde se encuentra todo ser humano. Según el evangelista, aceptarlo es aceptar la persona de Jesús; esto es, dejarse iluminar por su luz, y esto tiene consecuencias muy claras en la vida, porque ése que acoge la luz, obrará según Jesús. El que la rechaza, opta por la oscuridad; su vida será un camino en las tinieblas.
- De nuevo, es necesario recordarnos que todo esto no es cuestión de ideas o principios, sino algo mucho más vital: soy yo el que ha sido y sigue siendo amado por Dios; soy yo al que se me ofrecen los frutos de la entrega y de la resurrección de Jesús, el Señor. Personalizar mi fe, hacerla más vital, algo que afecta directamente a mi caminar de cada día, es el objetivo último de este tiempo Pascual.


JUEVES, día 19


Hechos de los Apóstoles 5, 27-33
“... ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre. Pedro y los apóstoles replicaron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Esta respuesta los exasperó y decidieron acabar con ellos...”


CLAVES para la LECTURA
- Es el cuarto discurso de Pedro, también delante del Sanedrín. En él responde a la doble acusación de haber desobedecido la prohibición terminante de enseñar en nombre de ése y haber hecho a los notables del pueblo responsables de la muerte de Jesús. Es preciso señalar la alergia que sienten los miembros del Sanedrín hacia el nombre ese, nombre en torno al cual se está llevando a cabo el giro decisivo.
- Las características de este breve discurso pueden ser resumidas de este modo: en primer lugar, Pedro reafirma el deber de someterse a Dios antes que a los hombres, porque, sólo a quien se somete a Dios, se le concede el Espíritu Santo (v. 32). En segundo lugar, a Jesús se le vuelve a llamar, una vez más, Príncipe (o autor o iniciador) y Salvador. Jesús es el nuevo Moisés que guía al pueblo hacia la liberación y la salvación. En tercer lugar, la obra propia y originaria de este Príncipe y Salvador consiste en dar a Israel la ocasión de arrepentirse y de alcanzar el perdón de los pecados. Se trata de una alusión a Jeremías: Pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo (31, 33). Gracias a Jesús, Príncipe y Salvador, han llegado los tiempos de este don sublime. Por último, el Espíritu Santo es el garante de autenticidad del testimonio tanto a favor de la vida nueva como de la certeza y el valor que infunde y de los prodigios que realiza.
- La reacción, de rabia, es preocupante: tras la eliminación física del Nazareno, se piensa también en la de los apóstoles.

CLAVES para la VIDA
- El autor sagrado (en este caso Lucas) nos sigue ofreciendo las peripecias de la primera Comunidad cristiana, centrada, de manera específica, en los Apóstoles y más concretamente en Pedro, que se ha convertido en portavoz del grupo. Y, desde luego, impresiona la valentía de este Pedro, tan cobarde en otros momentos de su andadura en el seguimiento de Jesús. Pedro y el grupo se sienten forzados a obedecer a Dios antes que a los hombres, aunque sea el Sanedrín, y es que se sienten portadores de una Buena Noticia, la buena Noticia que parte de en nombre de ése, como le llaman sus enemigos despectivamente.
- Y es que Jesús ha dado un giro decisivo a toda la historia y, por supuesto, a toda la fe, a la comprensión de Dios, a la salvación. De hecho, en el testimonio de Pedro se le denomina Salvador, también para Israel, llamado a aceptar esta nueva situación. Pero que desde luego el Sanedrín, -representante de ese pueblo-, no está en actitud de acogida, ni mucho menos, de la aportación que se obra en Jesús.
- Y en esta labor de anuncio salvador, aquel grupo de Jesús se siente animado y empujado por el Espíritu que les hace ser testigos. ¡Inmejorable la síntesis que nos ofrece el apóstol! Aquí nos encontramos también los seguidores de Jesús: en ocasiones, como acomplejados o acomodados; en otras, encerrados en nuestras “trincheras”, con excesivas dosis de miedo para anunciar esa Buena Noticia, en medio de nuestra cultura y entorno, también hoy “hostiles” e indiferentes a este mensaje. ¿Cómo te encuentras tú, hermano/a?

Evangelio: Juan 3, 31-36
“... El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos... El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna...”


CLAVES para la LECTURA
- La perícopa con que concluye Jn 3 recoge en una síntesis la reflexión del evangelista, expresada con una sucesión de dichos de Jesús muy estimados por la Iglesia joanea. El tema central sigue siendo la figura de Jesús, único revelador del Padre y dador de vida eterna a través del Espíritu. El discípulo está invitado por la Palabra de Dios a comprobar su propia relación con Jesús. Esto se lleva a cabo a la luz del ejemplo del Bautista, que renunció a sí mismo y se abrió con alegría a Cristo. Cristo es el que viene de lo alto (v. 31a): pertenece al mundo divino y es superior a todos los hombres. El hombre, sin embargo, aun cuando sea un gran profeta como el Bautista, es terreno (v. 31b) y sigue siendo un ser terreno y limitado. En consecuencia, sólo Jesús puede hablar de Dios al hombre por experiencia directa. Ahora bien, incluso ante estas palabras de vida eterna que revela Jesús, se niegan los hombres a creer.
- Con todo, existe un “resto” que vive la fe: son los creyentes que confiesan que Dios dice la verdad (v. 33). Su fe es la que confirma que el obrar de Jesús forma unidad con el del Padre. Ahora bien, Cristo no es sólo la revelación de la Palabra de Dios: es la Palabra misma, es Espíritu y vida (Jn 6, 63). Esta realidad profunda del ser de Jesús hace que no sólo sea el que recibe todo del Padre, sino también el que transmite a su vez cuanto posee. Es el canal a través del cual se da el Espíritu.
- ¿Cómo comunica Jesús este don? A través de su Palabra, cuando se deja que ella penetre en el interior del hombre, es como se da el Espíritu de Dios de una manera sobreabundante. Las palabras de Jesús y el Espíritu de Dios están en perfecta correspondencia.




CLAVES para la VIDA
- Estas palabras, con las que concluye el diálogo de Jesús con Nicodemo, son el resumen de todo el evangelio de Juan, “el discípulo amado”: Jesús ha venido del cielo; es el enviado de Dios; nos trae sus palabras, que son verdadera sabiduría y las que dan sentido a la vida; son la mejor prueba del amor que Dios tiene a su Hijo y a nosotros. Y por otro lado, el que acoge a Jesús y su palabra es el que acierta: tendrá la vida eterna que Dios le está ofreciendo a través de su Hijo; el que no la quiera aceptar, él mismo se excluye de la vida.
- Y es que aceptar a Jesús es aceptar a Dios: inmensa confesión del evangelista y de la Comunidad joánea. Aquí radica toda la novedad y el culmen de toda la revelación que se ha ido dando a través de los tiempos; pero ahora se ha dado en plenitud total. De ahí, que acudir a la ESCUELA de JESÚS, dejarse iluminar por sus criterios (esto es, los del mismo Dios), hacer nuestra su escala de valores, mirar a las personas e interpretar los hechos de la historia desde su óptica y visión... ¡he ahí lo que significa “aceptar a Jesús”!
- Y ésta es la tarea que se nos propone en la Pascua a nosotros, sus seguidores. De ahí que es una inmensa tarea y que supone en nosotros un deseo y una actitud de renovación, de abandonar las actitudes anquilosadas de “Nicodemo” o del Sanedrín. Es la novedad de Jesús la que nos reclama constantemente a crecer, a superarnos, a acogerle a Él. ¡Ahí está el secreto, hermano/a!


VIERNES, día 20


Hechos de los Apóstoles 5, 34-42
“... No os metáis con esos hombres; soltadlos... Si es cosa de Dios no lograréis dispersarlos y os expondríais a luchar contra Dios. Le dieron la razón y llamaron a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús...”

CLAVES para la LECTURA
- Lucas presenta siempre a los fariseos bajo una luz favorable. De Gamaliel dice que es fariseo, es decir, uno de los que, además de llevar una vida observante, creen en la resurrección. La intervención del doctor de la Ley se muestra prudente y resulta decisiva. A partir de dos ejemplos de rebeliones, citados asimismo por el historiador Flavio Josefo, que acabaron al poco de empezar, enuncia un principio de no intervención, en nombre de la constante intervención de Dios a favor de su pueblo. No se puede ir contra el obrar divino mediante una intervención humana.
- Los apóstoles quedan en libertad después de -como Jesús- haber sido azotados. Es digna de señalar la alegría que sienten por haber merecido ese ultraje por amor al Nombre. Aparece aquí un eco de la realización de la bienaventuranza de los perseguidos: Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre (Lc 6, 22). Pero hemos de señalar también que aquí se habla del Nombre en absoluto para indicar a Jesús. En el judaísmo se empleaba la expresión “el Nombre” para decir “Dios”. Los Hechos de los Apóstoles llevan a cabo está atrevidísima sustitución para expresar que Dios obra en Jesús, que Dios se identifica con Él.
- Más aún: el hecho de que los apóstoles enseñen en el templo significa que, a pesar de las incomprensiones y los abusos de poder de las autoridades, la Iglesia de Jerusalén se consideraba aún en el ámbito del judaísmo. Ahora diríamos: era aún una “corriente”, una “secta” del judaísmo. Éste, en aquel período, se mostraba, teniendo en cuenta todos los elementos, más bien tolerante. Hasta que llegó el ciclón Esteban, que obligó a dar un decisivo y doloroso giro, aunque vital.

CLAVES para la VIDA
- Conocer esa primera historia, nos puede ayudar a entender que las cosas no fueron nada mágicas o... “por arte de” no se sabe quién. En medio de la histeria del Sanedrín, hay quienes, en su honradez, buscan un equilibrio y una visión más sosegada de la vida y de cuanto acontece. El relato de hoy es una buena muestra de ello y es que no se puede ir contra Dios, el Dios que siempre actúa a favor de su pueblo: éste es el argumento de Gamaliel, quien muestra una sensatez y un equilibrio extraño en medio de aquel barullo.
- Por otro lado, están los apóstoles con un talante valiente y que sorprende, impertérritos en su propósito de seguir anunciando a Cristo Jesús, a pesar de todas las prohibiciones, amenazas, y castigos que les propinen. Los que al pie de la Cruz huyeron, ahora siguen el ejemplo del Maestro, y saben que van a ser perseguidos e, incluso, ahora entienden la bienaventuranza que en otros momentos les pareció extraña: bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan... alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será...” (Mat 5, 11-12).
- Buscar, desear, trabajar esa EXPERIENCIA de ENCUENTRO que transforma toda la realidad... es la tarea que hoy tenemos delante y que necesitamos. Ésa es la experiencia Pascual. Suplicarla y escrutarla en los diversos signos de presencia del Resucitado es toda una necesidad y urgencia para nosotros, los nuevos testigos, y que nuestro mundo los necesita.

Evangelio: Juan 6, 1-15
“... Jesús entonces levantó los ojos y al ver que acudía mucha gente dice a Felipe: ¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?... Uno de sus discípulos, Andrés, le dice: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces. Jesús dijo: Decid a la gente que se siente... Se sentaron: sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes dijo la acción de gracias y los repartió...”

CLAVES para la LECTURA
- El milagro de la multiplicación de los panes introduce, de manera simbólica, en el magno “discurso del pan de vida” y está situado en el centro de la actividad pública de Jesús. Se trata de un signo querido por el Maestro para revelarse a sí mismo. Sin embargo, Juan presenta el signo como el nuevo milagro del maná (Ex 16), hecho por Jesús, nuevo Moisés, en un nuevo Éxodo, y como símbolo de la Eucaristía, cuya institución durante la última cena, a diferencia de los sinópticos, no cuenta el cuarto evangelio.
- El fragmento manifiesta un significado cristológico y sacramental preciso. Este sentido no es tanto saciar el hambre de la muchedumbre, como revelar la gloria de Dios en Jesús, Palabra hecha carne. El texto está dividido de este modo: a) introducción histórica (vv. 1-4); b) diálogo entre Jesús y los discípulos (vv. 5-10); c) descripción del signo-milagro (vv. 11-13); d) incomprensión de la muchedumbre y soledad de Jesús, que se retira a rezar en el monte (vv. 14s).
- Para Juan, Jesús es aquel en quien se cumple el pasado y se realizan todas las esperanzas de Israel. En efecto, el pan que el Maestro va a dar al pueblo, perfecciona (superándola) la pascua judía y pone el gran milagro bajo el signo del banquete eucarístico cristiano. Jesús habla, en primer lugar, a la gente que le sigue de la nueva alianza con Dios y de la vida eterna (a la que está destinada la humanidad). A continuación, toma la iniciativa y llama la atención del apóstol Felipe sobre la dificultad del momento. La solución humana no basta para saciar las necesidades del hombre (v. 7). Es Jesús quien va a satisfacer en plenitud todas las necesidades. El alimento se multiplica en sus manos. Todos quedan alimentados hasta tal punto que, por indicaciones de Jesús, se recoge lo que ha sobrado en doce cestos para que no se pierda nada (vv. 12s). Con el signo del pan, Jesús se presenta como el Mesías esperado que sacia el hambre de su pueblo, en base al proyecto que el Padre ha trazado.

CLAVES para la VIDA
- Con este relato de hoy, el de la multiplicación de los panes, la liturgia, y durante ocho días, nos va a ofrecer todo el capítulo 6 de Juan; es el discurso sobre el Pan de la Vida, algo que el “discípulo amado” destaca de manera muy singular y que pone en el centro mismo de toda actividad o ministerio de Jesús. No es, pues, casual ni el lugar ni la forma (la extensa catequesis) que nos hará y nos va a ofrecer, y es que para Juan este relato es importante para entender la persona de Jesús y, en concreto, el lugar que el binomio Fe y Eucaristía ocupan en la Comunidad cristiana.
- Y es que para Juan, Jesús es el que sacia el hambre más vital. Este signo no sólo es el nuevo milagro del maná que alimenta a su pueblo, perfeccionando la pascua judía, sino quien satisface en plenitud las necesidades de las personas. Y todo ello queda significado y recogido en la Eucaristía. Así se cumplen y se realizan todas las esperanzas de Israel. Dios, pues, en Jesús nos ofrece la respuesta definitiva.
- En este marco Pascual se nos invita a reflexionar y profundizar sobre la EUCARISTÍA, su significado más vital y experiencial, que presenta en Juan y en su comunidad. Y a partir de ahí, tomar conciencia y revisar nuestras actitudes y formas sobre este hecho de importancia central en nuestra vida cristiana y de seguidores de este Jesús. ¡Nos preparamos a vivirlo así!


SABADO, día 21



Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
“... No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos de la administración... Eligieron a Esteban hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Simón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando...”


CLAVES para la LECTURA
- Los problemas cotidianos de la joven comunidad obligan a tomar nuevas decisiones. Se trata de una murmuración, de un descontento: los apóstoles se lo toman en serio y lo resuelven; se sienten con capacidad para ello y, animados como se encuentran con el mismo Espíritu de Jesús, siguen abriendo NUEVOS caminos.
- Hay, en primer lugar, un problema económico: probablemente son las viudas de los hombres de la diáspora, que han venido a pasar los últimos años de su vida a Jerusalén y se han quedado ahora sin apoyo familiar. Se trata de una necesidad real, y tiene que ser afrontada con sano realismo. Pero debía de haber también un problema cultural: los helenistas hablan griego, leen la Biblia en la traducción griega de los Setenta, tienen una sensibilidad diferente. Es preciso disponer una estructura completa para ellos, dotada de asistencia espiritual y material.
- El pasaje tiene en cuenta estos dos aspectos: los «Siete», en realidad, son destinados tanto al servicio de la Palabra como al de las mesas. Aparecen como una organización eclesiástica «sectorial», como una especie de «clero indígena» para aquellos que tienen una lengua, una cultura y una situación económica diferentes de los judeocristianos de Palestina.


CLAVES para la VIDA
- Es realmente sugerente descubrir cómo la joven Iglesia se plantea los temas de conflicto y los resuelve desde las necesidades reales que están viviendo sus diversos miembros. Y es que la presencia del Espíritu del Señor resucitado sigue animando la vida de aquel grupo, y lo anima en todos los sentidos de la vida. Por eso, responder a una necesidad económica y cultural de un grupo más “débil” y marginado, lo siente como un deber, lo plantea y ofrece una solución.
- Y es a partir de ahí de donde afirma... la Palabra de Dios iba cundiendo... e iba en aumento el número de los discípulos” (v. 7): animados, pues, por el Espíritu, se resitúan los diversos aspectos de la vida y sigue un proceso de crecimiento el anuncio de la Buena Noticia, inaugurada en Cristo Jesús. Los testigos más directos, los apóstoles, seguirán en la tarea del “ministerio de la Palabra.
- Enormes “lecciones” las que nos sigue brindando aquella joven Comunidad. Por un lado, abierta y sensible a las necesidades concretas de sus miembros; y, por otra, con audacia para abrir nuevos caminos, COMPARTIENDO tareas y ministerios, que no son exclusiva, ni siquiera de los Doce. Es bueno que también hoy se nos recuerden estas cosas para que no nos dejemos vencer por la tentación del “exclusivismo”, o cosas parecidas.

Evangelio: Juan 6, 16-21
“... Era ya noche cerrada y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca caminando sobre el lago y se asustaron. Pero él les dijo: Soy yo no temáis...”

CLAVES para la LECTURA
- Si el milagro de los panes tiene la finalidad de revelar a Jesús como Mesías y profeta escatológico, el signo del Señor caminando sobre las aguas, destinado sólo a los discípulos, tiene como finalidad hacerles comprender la divinidad de Jesús, prevenirles ante el escándalo de la muchedumbre e impedir su defección.
- Los discípulos están en la barca, ya es de noche. Han remado fatigosamente y luchado contra las dificultades del momento, cuando ven a Jesús caminando sobre el lago, y les entra mucho miedo (v. 19). La confrontación con el Maestro constituye para ellos un examen de conciencia y una llamada a superar sus cortas miras y a confiar en el misterio del hombre-Jesús. Con las palabras «Soy yo. No tengáis miedo» (v. 20), Jesús los tranquiliza y se hace reconocer revelándose como el Señor en quien reside la presencia poderosa y salvífica de Dios; es decir, se autorrevela a sus discípulos no sólo como Mesías que sacia su hambre, sino como persona divina que, una vez más, va a su encuentro con amor.
- A continuación, en el momento en el que los discípulos acogen a Jesús y aceptan reconocer su identidad en un ámbito superior, llegan de inmediato a la orilla a la que se dirigían (v. 21). Jesús es el lugar de la presencia de Dios entre los hombres. Bajo el rostro humano de Jesús se ocultan su misterio y su identidad. Quien sabe leer en la persona del Nazareno la manifestación misma de un Dios que ama, se convierte en su discípulo y permanece unido al Profeta de Galilea, a pesar del halo inaccesible que envuelve a su persona.

CLAVES para la VIDA
- Una vez más se nos destaca ese proceso de descubrimiento, por parte del grupo, de la persona de Jesús y de cuanto él aporta. No fue un proceso fácil, sino intenso hasta el punto de provocar miedo en aquellos hombres, que “en el lago” se sentían seguros y “expertos en la materia”; no así respecto de Jesús que, sin duda alguna, les desborda. Ahí estamos.
- Es el mismo Jesús quien va a su encuentro, y no precisamente para “reñirles”, sino para ofrecerles su paz: “soy yo, no temáis” (v. 20). Y aquí todo cambia: con Jesús todo es diferente, hasta el punto de que sentir su presencia y su palabra, supone “alcanzar la orilla” a la que se dirigían. Ésta es la experiencia que vivieron aquellos primeros seguidores. Jesús les sobrepasa, pero con su presencia, todo cambia y es diferente.
- ¡Impresionante ser consciente de esta “experiencia” de aquellos primeros amigos de Jesús! Más allá de signos “mágicos” o milagrosos, lo que nos brindan es el camino que recorrieron y el descubrimiento de que “con Jesús” todo es diferente. Alcanzar, pues, esta experiencia en mi vida... es una NECESIDAD y la única manera de afrontar, con ciertas garantías, el trayecto a recorrer. ¡Casi nada...! ¡Que haya suerte y... ganas!